EL YIHADISMO RESQUEBRAJA FRANCIA

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Eran más de 40.000 personas, allí, en el mismo lugar donde el jueves pasado tuvo lugar el atentado. Al principio en actitud de recogimiento, en señal de respeto y recuerdo por los 84 muertos del ataque de Niza. Respetando con solemnidad el minuto de silencio en honor de la víctimas. Cantando juntos con una sola voz La Marsellesa. Aplaudiendo largamente a los policías y a los bomberos. Pero cuando el primer ministro, Manuel Valls, que participaba en la ceremonia en honor de los muertos junto a dos de sus ministros, fue a depositar una corona de flores en el Monument du Centenaire, estalló la protesta. “Cambia de trabajo, cambia de trabajo”, empezaron a chillar algunos. “Dimisión”, siguieron a gritos otros. “Asesino”, corearon finalmente los más envalentonados.

“Ha sido la reacción de una minoría”, señalaba el primer ministro al rotativo Nice Matin, calificando de “indignos” los insultos y abucheos recibidos. Sin embargo, ese acceso de rabia refleja en el fondo una ruptura. La unión compacta que Francia mostró ante los otros atentados yihadistas ahora se resquebraja. No sólo la oposición francesa, que había hecho piña con el Ejecutivo en los otros atentados, pasa ahora al ataque, con la vista puesta seguramente en las elecciones presidenciales que el país celebrará en abril y mayo del año próximo y a las que seguirán en junio las elecciones generales. Es también una ruptura social.

Los gritos de ayer en el paseo marítimo de Niza mostraban eso: la cólera irreprimible de buena parte de los franceses contra sus dirigentes después de los más de 230 muertos que han dejado en los últimos 18 meses los atentados en enero de 2015 contra la revista Charlie Hebdo, los de la sala Bataclan y Saint-Denis en noviembre pasado y ahora el del paseo marítimo de Niza.

Una ira que también palpan las encuestas. Un 67% de los franceses desconfía de la política antiterrorista puesta en marcha por el presidente Hollande y el primer ministro, Manuel Valls, según un sondeo que ayer publicaba el diario Le Figaro. Tras los atentados de Charlie Hebdo y los de noviembre pasado en París era un 51% y un 50% respectivamente los franceses que decía confiar en François Hollande y en el Gobierno a la hora de combatir el yihadismo, un porcentaje que ahora se ha desplomado hasta el 33%.

“Su humanidad, su rápida reacción y su autoridad fueron elogiadas en enero y noviembre del año pasado. Ahora ya no tiene cartas que jugar”, sentencia Frederic Dabi, de Ifop, la compañía que ha realizado la encuesta de Le Figaro.

También la unidad política que imperó tras los dos graves atentados precedentes se ha hecho añicos. En enero de 2015, tras el ataque contra la revista satírica Charlie Hebdo, la práctica totalidad de la clase política francesa se sumó a la manifestación de solidaridad convocada por Hollande, ‘escoltando’ hombro con hombro al inquilino del palacio del Elíseo junto a una larga lista de líderes mundiales en la marcha. Pero un año después, ese espíritu se ha esfumado y Hollande y el Gobierno se encuentran en la más absoluta soledad.

Ya no es sólo Marine Le Pen la que se lanza a degüello a atacar al Gobierno. El ex presidente Nicolas Sarkozy, que aspira a ser candidato en a elecciones presidenciales del año próximo, tampoco ha tardado esta vez en ir derecho a la yugular. Ha acusado a François Hollande (malvadamente rebautizado por sus detractores como ‘Flamby’, el nombre de una marca de flanes, en alusión a su presunta inconsistencia y falta de fuerza) de ‘temblar’ ante la amenaza yihadista. “Todo lo que se debía haber hecho en los últimos 18 meses no se ha hecho”, ha asegurado Sarkozy con firmeza en una entrevista a la cadena de televisión TF1. Y más: “Francia no puede permitir que sus hijos sean asesinos”, ha clamado, invocando la expulsión del país de todos los sospechosos de yihadismo nacidos fuera. “Nosotros o ellos”, ha sentenciado.

Hasta el habitualmente más moderado Alain Juppe, el principal adversario de Sarkozy a ser candidato al Elíseo por las filas republicanas, no se (quitar) ha perdido tiempo en atacar al Gobierno y criticar su política de seguridad. El Gobierno se defiende como puede. El ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, (cuya cabeza pide insistentemente la oposición), rechaza de lleno las acusaciones contra los servicios de Inteligencia por no tener fichado al autor de los atentados de Niza, insistiendo en que se radicalizó a una velocidad tan rápida que era imposible detectarlo. Manuel Valls, por su parte, salía ayer asegurando que las fuerzas de seguridad francesas consiguieron frustrar un proyecto de atentado potencialmente “muy mortífero” justo antes de la reciente Eurocopa de fútbol. Sin embargo, el pasado día 5 una comisión parlamentaria de investigación sentenció que los atentados de 2015 representaron un sonoro “fracaso de los servicios de Inteligencia” franceses.

El fiscal François Molins, por su parte, describía ayer a Bouhlel (el autor del atentado de Niza) como alguien que no era un fiel practicante del Islam, que consumía cerdo y alcohol y llevaba “una vida sexual sin freno”. Pero indicaba que en su ordenador se han encontrado pruebas de su reciente interés por el yihadismo. A través de ese PC había buscado, siempre según Molins, por “vídeos violentos”, incluidos de decapitaciones, “cadáveres del Estado Islámico”, “Horrible incidente mortal”, “vídeo desaconsejado por sus imágenes cruentas” y demás.

Artículo tomado de www.elmundo.es

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