EL ENCUENTRO ESPECIAL DE STEFANIA

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“Siempre me miró a los ojos, nunca apartó la mirada, parecía escudriñarte en el profundo del alma”. Stefania, una joven mujer rescatada de la esclavitud de la calle así contó su encuentro con Papa Francisco, que el agosto pasado dejó el Vaticano para visitar un grupo de víctimas de la prostitución recibidas por la Comunidad Papa Juan XXIII (Apg23), fundada por don Oreste Benzi.

Stefania fue recibida en la estructura de pronta bienvenida de Apg23 hace ocho años. No querìa prostituirse, rechazó, pero sus verdugos le golpearon y torturaron al punto de mandarl en hospital donde permaneció más de un mes. Justo mientras estaba allí encontró don Aldo Buonaiuto, confió en él y ha elegido ser recibida en su casa. Una nueva vida de la cual habló con el Pontífice durante la visita de agosto en ocasión del viernes de la Misericordia.

Sabías que ibas a encontrar el Papa?
“Absolutamente no! Nos habían dicho que ibamos a encontrar una persona famosa. En realidad creía fuera un político, un cantante, esperaba fuera Alvaro Soler. Además esperaba ver una persona ‘normal’, nunca imaginarìa el Papa. Luego nos dijeron quedarnos en silencio porque el huéspede había llegado. Cuando vi su ‘sombrerito y el vestido’ blanco no podía creerlo!”.

Qué sentiste?
“Una emoción indescrivible. Dentro de mí siempre he deseado encontrarlo, aunque sólo para estrechar su mano, pero nunca pensé que fuera posible. Fue un regalo grandísimo. Para mí era impensable que Papa Francisco pudiera salir del Vaticano para venir en un gran palacio anónimo a nosotros, que a fin de cuentas siempre estamos marginadas por la sociedad”.

Y el Santo Padre? Habló con cada una de ustedes?
“Sí. Nos escuchó una por una, muy atentamente. En pasado hice varios testimonios, acompañé don Aldo en unas transmisiones por hablar de la prostitución, porque quería que mi historia fuera de ayuda por las otras chicas que están esclavizadas y obligadas a vender su cuerpo en la calle. Pero esta vez fue diferente”.

En que sentido esta vez fue diferente?
“Su mirada. Me miraba y me escuchaba de verdad, no sólo porque yo estaba allí a hablar. Me sentí comprendida, recibida, querida. Sus ojos parecen tocarte en el profundo del alma, sin juzgarte. Él está allí que te escucha pacientemente. También le he mostrado los signos que aún hoy tengo en mi cuerpo. Yo llegué en Comunidad, en la casa de don Aldo hace ocho años. Llegué en ambulancia porque la pareja que me trajo en Italia de Rumania me había golpeado. Yo no quería prostituirme. Deseaba un trabajo digno y honesto con que poder ayudar a mi familia, pero me torturaron. Me arrancaron el pelo, eran largos hasta la esquina. Con el tacón de los zapatos me golpearon las rodillas hieréndome gravemente y luego, con una grapa de mecánico, me arrancaron una parte de la oreja. Mostré estos signos de las torturas al Papa, le hice ver mis orejas mutiladas y él nunca apartó la mirada. Mientras le contaba mi historia tuve la impresión que compartiera conmigo todos los sufrimientos que sentí en aquella fase de mi vida”.

Qué se te quedó de aquel encuentro?
“Tdoo. Nunca olvidaré sus palabras y su humanidad. Se ha quedado más de una hora, parecía que nunca quisiera irse. Pero lo que más me afectó su cencillez. Habíamos preparado un pequeño refresco: papitas, maníes, unas varillas y unas bebidas. Pensé que no fuera adecuado para recibir el Papa, pero él a cierto punto se ha levantado tomando un poco de maníes, con naturaleza, como si fuera con nosotros desde siempre. Luego ha también servido una bebida a unas chicas”.

Qué dijo a ustedes el Pontífice?
“Fui muy afectada por sus palabras. Nos pidió perdón por todos aquellos hombres que nos hicen sufrir y por todos aquellos católicos y creyentes que nos explotaron, abusaron y nos violentaron. Y, con una sonrisa casi imperceptible, ha dicho que el encuentro con nosotras le servirá para ‘azotar’ quien corresponde. Al final, antes de irse, nos salutó una por una. Y nos abrazó también!”.

Y a ti, qué dijo?
“De vivir con esperanza y alegría el futúro que me espera. Luego me dijo que si alguna vez alguien me diga que Jesús está muerto y no resucitó, contestar que con seguridad que no es verdad. Me dijo que yo soy el testimonio de Cristo que ganó la muerte y volvió a la vida”.

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