LOS ÁNGELES DEL SOCORRO

1404
  • Italiano
  • English
angeli

Son horas de dolor. Más de 280 muertos, en el terremoto que ha sacudido el Centro de Italia, hace tres días, destrozando pueblecitos que tenían menos que un cientos de habitantes, y el número de las víctimas aumenta cada minuto, mientras más de 2400 se han quedado sin hogar. Son horas de tristeza, de angustia, de miedo. Y es el tiempo , para alguien, de remordimientos y de arrepientimientos, por lo que se se hubiera tenido que hacer. Si el terremoto no era evitable, los daños hasta perder la vida, aquellos sí, hubieran estado evitables con el control y la sujeción de los edificios y técnicas eficientes de construcción de los nuevos fabricados.

Sin embargo son también horas de amor y coraje, que brillan de abrazos humanitarios, de solidaridad fraternal, de ayuda auténtica, en que a los demonios malos de la ineficacia, de la corrupción y de la codicia, que son los verdaderos culpables del reciente desastre en Lacio, en las marcas y en Umbría, sólo aparentemente natural, se oponen los ángeles del socorro y del bien, las miles de personas involucradas con extraordinario y al mismo tiempo ordinario heroismo en las operaciones de búsqueda y rescate de los hermanos y de las hermanas quedados enterrados, vivos o sin más respiro, bajo los escombros del terremoto, que en la noche de miércoles 24 de agosto ha llegado de improviso a sacudir Amatrice, Accumuli y Pescara del Tronto, toda Italia.

Son los bomberos, los militares de Ejército y de Aeronáutica, los operatores de la Protección civil, los voluntarios de la Cruz Roja y del Esquí, y no sólo. Más de 5400 personas, entre las cuales ciudadanos comunes, familiares, también “extranjeros, que nunca vivieron los efectos de un terremoto”, llegados para donarse totalmente, con heroismo de corazón y de esfuerzo, al límite del martirio de amor. Entre ellos también seis bomberos del Estado más pequeño del mundo, Ciudad del Vaticano, enviados por Papa Francisco para hacer sentir el abrazo de la Iglesia a los habitamtes de Amatrice, los más afectados.

En la red pasa un vídeo en estas horas, con el título “Los ángeles del socorro . En sólo n sole 16 ore ha ottenuto oltre 3 horas ha obtenido 50 mil visualizaciones y más de 11000 “me gusta”. Es un justo agradecimiento a quien camina “en la cima de montones de escombros” para llevar la luz de la esperanza, la fuerza de la comunión fraternal, el alegría de no estar solos y abandonados en la oscuridad de los edificios derrumbados y de vidas heridas. “Bajan de un helicóptero”, “escalan edificios rotos”, “mueven ruinas en búsqueda de personas aún vivas”, “excavan a mano”, dice el texto. Sus manos son las manos de Dios que se unen a las de quien está afectado por las catástrofes naturales o por eventos traumáticos existenciales y está tentado por la desesperación o incluso airarse contra un Cielo que aparece demasiado lejos e indiferente. Gracias a ellos, a estos ángeles humanos, humanísimos, se comprende el significado autntico de la expresión bíblica: “Dios creó el hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó”. Su cara es la cara de Dios, su sonrisa es la sonrisa de Dios, su fuerza es la fuerza de Dios, su respiración dificultosa es el aliento de amor del Padre, su sombra en los escombros es el toque delicado del Cielo en la Tierra sacudido por el dolor.

Son, estos héroes de la vida diária, el orgullo y el honor de una humanidad demasiado a menudo humiliada por hombrecillos y cuacuaracuá que actuan sólo para satisfacer intereses personales, despilfarrando el patrimonio espiritual que cientos de miles de siglos de vida terrena tuvieran que hacer rico y sólido. A los dilapidadores de humanidad con estilos de vida egoísticos, individualistas y materiales, se oponen pacificamente, con la energía ecxepcional del testigo, los ángeles del socorro, los que obran en el silencio para donar la respuesta de Dios, concreta, a las quejas dolorosas de los seres humanos.

Su servicio de amor es una bofetada poderosa al entumecimiento perezoso de quien vive el apatía existencial, a menudo enmascarada de frentico dinamismo, dejándose consumar en el alma por el transcurrir inútil del tiempo en los asuntos más vacíos del mundo. El sudor doliente y amoroso de estos ángeles que tiene olor de esencia de humanidad fluye hasta el alma de nosotros todos, infiltrándose en los pliegues  entre el egoísmo de nuestras existencias para lograr el punto profundo, polvoriento y cubiertos por los detritos de las malas comodidades y de los oportunismos de la voida diária. Las imagenes de un breve vídeo, pocas entre millones de imágenes que invaden cada segundo nuestra conciencia confundindola, se fijan con fuerza en el corazón, mientras la música agradable de la película da el acompañamiento al ruido estruendoso de una silenciosa pregunta: “Qué hago yo, para los demás?”. Así, en un milagro de amor, el gruto ancestral que se repite desde el inicio de la historia humana allí donde se actua el mal: “Dónde está Dios?”, se transforma en la pregunta, más justa y suave: “Y yo, dónde estoy?”. Ángeles o demonios somos nosotros, seres humanos, en la Tierra. Depende de nosotros elegir un lado, excavando con manos limpias en nuestra conciencia

Avviso: le pubblicità che appaiono in pagina sono gestite automaticamente da Google. Pur avendo messo tutti i filtri necessari, potrebbe capitare di trovare qualche banner che desta perplessità. Nel caso, anche se non dipende dalla nostra volontà, ce ne scusiamo con i lettori.

No hay comentarios

Dejar respuesta