EL NEGOCIO HIPÓCRITA

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BUSINESS

Somos gente con una moral de doble criterio. Hablamos de civildad y de paz y prácticamos la guerra fomentando conflictos, militares y sociales. Mientras altos representantes del Estado y de la nación, de nuestro País y de Europa, piden la paz y apelan la bienvenida y la solidaridad, hay empresas, europeas y también italianas, que ganan dinero con las armas.

Esta esquizofrenia moral está sacada a lo claro por el Informe “Border Wars: The Arms Dealers profiting from Europe’s Refugee Tragedy” (“Fronteras de guerra: los beneficios de los productores de armamentos de la tragedia de los refugiados en Europa”), a cargo de la organización no gobernativa neerlandesa “Stop Wapenhandel”, publicado por Transnational Institute y en Italia transmitido por la Red Italiana para el Desarme.

En este contexto, de oscuras connivencias y ambigüedades, el dolor de muchas personas representa por algunos un negocio rentable. No sòlo para los privados, en unos caso desconocidos. Son las grandes empresas del sector militar y de la seguridad, con la participación del Estado, que ganan dinero gracias al doble criterio del suministro de armamentos y equipos militares y de vigilancia. Y el tren de la moral y de la presunta civildad corre hacia un abismo insondable de contradicción y de diferentes responsabilidades – denuncia el Informe – que dan sistemas y equipos a las guardias de frontera, tecnologías de vigilancia para controlar los límites e infraestructuras informáticas para monitorizar los movimientos de las poblaciones». Las mismas empresas, y esto es el “aspecto más perverso del asunto entero”, producen y venden armas a los Países de Oriente Medio que “alimentan los conflictos de los que huyen los refugiados”, y luego construyen y controlan las barreras que impiden a quien intenta alcanzar Europa para encontrar un lugar de paz donde poder volver a vivir.

Son dos mercados paralelos, muy rentables. Las exportaciones globales de armamentos e instrumentos para la seguridad hacia Oriente Medio y Norte de África han aumentado de más de 60% en los últimos cinco años, entre 2011 y 2015. En particular, se ha concedido a empresas de Unión Europea, entre 2005 y 2014, licencias para la venta al extranjero de sistemas militares del valor de más de 82 mil millones de euros, mientras el mercado de la seguridad de las fronteras ha generado utilidades por 15 mil millones de euros sólo en 2015, y se prevee que superarán los 29 mil millones de euros anuales en 2022.

“La emergencia de los refugiados que Europa tiene que fronteggiare – se lee en la Introducción al Informe – ha provocado costernación en los pasillos institucionales y ha iluminado el debate en las plazas. Sin embargo sobretodo, revela las falle del entero proyecto europeo, con los Gobiernos que no logran acordarse tampoco sobre las contribuciones de acogida de los que piden asílo y se pasan responsabilidades y faltas. Mientras tanto, los partidos de extrema derecha registran un repunte de popularidad aprovechando de los sentimientos de las comunidades obligadas a sufrir medidas de austeridad, donde la culpa de la crisis económica está atribuida a un cómodo chivo expiatorio, los refugiados, mientras las élites bancarias se quedan casi siempre protegidas e intocables. Quien efectivamente sufre mayormente de esta situación son justo los refugiados y los migrantes que huyen de violencias y adversidades, lo cuales se quedan atrapados a las fronteras o a los límites entre los Países y están obligados a elegir rutas siempre más peligrosas”.

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