Discriminadas en la enfermedad

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Nadie habla de ello, pero hay un serio handicap en la sanidad, y la falta de atención médica adecuada para la salud de la mujer. En Italia, el interés por esta nueva concepción de la medicina, está creciendo en los últimos años y muchas han sido las propuestas y los proyectos llevados a cabo en el ámbito científico e institucional en esta dirección. Incluso el Decreto Legislativo 81/08, en materia de salud y seguridad en el lugar del trabajo, ha proporcionado nuevas formas de elaboración de la evaluación de los riesgos, prestando una mayor atención a las diferencias basadas precisamente acerca del sexo.

Recientemente, también, como parte del evento Expo2015, se presentó para los años 2016-2018, por iniciativa de Onda, Observatorio Nacional de la Salud de la Mujer, regulado por los médicos e investigadores del Observatorio, de las instituciones, de las sociedades científicas y de las asociaciones sociales interesadas, con el objetivo de proteger la salud de las mujeres a través de la mejoría en los servicios.

En Italia, todavía el 10% de los partos se llevan a cabo en lugares inseguros, la sexualidad de las chicas no se aborda con las garantías necesarias, la mortalidad femenina por enfermedades cardiovasculares, por ejemplo, es más alta que aquella del cáncer, la depresión es una enfermedad que afecta a dos millones y medio de mujeres, el doble en comparación con los hombres, especialmente las mujeres en edad avanzada, a menudo solas, viudas y con hijos.

La promoción y la difusión generalizada de la óptica para diferenciar a los hombres y mujeres en el diagnóstico y en los tratamientos médicos, por lo tanto, en línea con “los consejos” del FDA (Food and Drug Administration) y por la ONU – para favorecer el desarrollo de nuevas estrategias de prevención, diagnósticos y terapéuticos, que tengan en cuenta las características de los hombres y mujeres, los cuales son fundamentales para garantizar que todos los cuidados respectivos y tratamientos sean mejores, más funcionales, más personalizados y por lo tanto, más eficaces – incluso en términos de mayor seguridad farmacológica, ya que precisamente las mujeres registraron reacciones adversas de 1,7 veces superiores a la de los hombres – y al mismo tiempo, un mayor ahorro de los costos para el sistema sanitario, especialmente en este período de rápida racionalización de los recursos.

Para ello es necesario, en primis, por supuesto, una interveción de tipo formativo y cultural para el personal médico de manera que el mismo se pueda alinear a los pacientes sobre la base de sus diferencias fisiológicas, biológicas, psicológicas y sociales.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

 

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