EL ENIGMA DE LAS RELIGIONES AFRICANAS

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El actual viaje de Papa Francisco en África se ha convertido en el centro de atención en el aspecto espiritual de ese continente. En el se encuentra presente principalmente la religión islámica con 250/280 millones de practicantes, especialmente en las regiones del norte y del este; después la de tipo animista que cuenta con 200 millones; y, finalmente, la religión cristiana que se divide en católicos y protestantes, contando con unos 120 millones de creyentes.

Es un continente particular, en el cual las diferentes religiones étnicas se han encontrado de frente a la modernización y al crecimiento en la vida social, así como en aquella teológica, ya que se buscan símbolos religiosos de resonancia universal. Por lo tanto, era inevitable, con el tiempo, el que los sistemas religiosos más amplios de la misión  – cristianismo e Islam – influyeran en este desarrollo.

El Pontífice, por lo tanto, se encuentra hoy en día, en un contexto donde los musulmanes están aumentando, y en toda la zona resisten religiones tradicionales, con ideas inadecuadas acerca de Dios o de algunos objetos y cultos, supersticiones, temor a los espíritus (que a menudo creen que se encuentran dentro de muchos objetos de la vida diaria, de ahí el término “animista” respecto a la creencia religiosa), las prácticas morales cuestionables, rituales degradantes, uso de la magia (el más conocido es el ritual vudú), la discriminación contra las mujeres, los sacrificios humanos (ocasionales).

¿Un viaje inútil, entonces? No, para nada. Ya Juan Pablo II, en su exhortación apostólica “Ecclesia in Africa”, dijo que las religiones africanas deben ser tratadas con respeto, ya que son una expresión del alma de un pueblo. Y a pesar de todas las distinciones del caso, diversificadas como lo son en muchos grupos étnicos diferentes, estas religiones tienen rasgos comunes: la fe en un Ser Supremo que se puede llamar de diferentes maneras – “Espíritu Poderoso” en lugar de “Aquel que vive allá arriba” – Así que, esencialmente de sustancia monoteísta; tienen confianza en los espíritus, de los cuales, un lugar importante pertenece a los antepasados, tanto para repeler el mal como para obtener favores.

Principios con los cuales es posible la comparación. Por otra parte, incluso Pablo VI, en el lejano 1967, habló del “diálogo sereno y prudente” (Africae Terrarum) con respecto a las religiones tradicionales. Que sin embargo, están cerradas en sí mismas; siendo de origen étnico, de hecho, no sienten un llamado a extenderse a otras naciones. Se basan generalmente en la familia y no tienen una organización central a nivel nacional, y mucho menos a nivel internacional.

¿Como se puede llamar “prudencia” aquella invocada por Montini y el “respeto” solicitado en cambio por Wojtyla? En primer lugar, al eliminar algunas injusticias cargadas de prejuicios que han acompañado a la visión de la África Negra durante años. A pesar de mantener las distancias correctas de algunas tendencias tribales que caen en el sectarismo, en los rituales de magia y en el ocultismo, algunos términos en relación con las religiones africanas han sido distorsionados en los últimos años, a menudo confundiendo los dos contextos.

A veces se ha hablado de “paganismo”, y sin embargo, el enfoque de aquellos pueblos es hacia un Dios único, incomparable y creador. Otra acusación ha sido la de “fetichismo”, en particular para los africanos de la Costa Oeste, que llevaban consigo objetos de valor religioso como talismanes y amuletos;muy a menudo, comparados con nuestros rosarios, medallas y hasta con los crucifijos. No se observan grandes diferencias, en referencia a los objetos que dan testimonio de la devoción hacia un Creador único y eterno. Por lo tanto el describir el amuleto como un “fetiche”, era más un significado negativo, que obviamente impidía cualquier diálogo, así como, por la misma razón, la acusación de “idolatría”.

En la religión tradicional africana están presentes algunos principios básicos que promuevan los valores humanos y de buena vida. Principios en los que el Creador ha construido las cosas de una manera que los africanos podrían sobrevivir. Concepto que les ha ayudado mucho durante la esclavitud, y que, en retrospectiva, tiene muchas similitudes con el período de la persecución cristiana.

Es por esto que los africanos están abiertos al Evangelio. Por un lado su creencia en los orixas, las diferentes declinaciones de los dioses africanos, por otra parte la enseñanza de los Santos de la Iglesia Católica. Para los esclavos no había oposición. Con respecto a la vida cotidiana, especialmente para las enfermedades o la brujería, era prudente permanecer anclado a las viejas creencias, pero para la salvación y la vida eterna, era el catolicismo romano, el que indicaba el camino correcto.

Hay mucho espacio entonces para la evangelización, existe una gran necesidad de espiritualidad. Es por esto que el Santo Padre insistió para que el viaje se llevara a cabo, a pesar de los riesgos que implica. Una nueva misión: hacer regresar a la Iglesia como protagonista del Tercer Milenio, en el nombre de Jesús.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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