EL AMOR NO DEJA MORETONES

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“Pensé que era amor. Un amor inmoderado, único, absoluto, como la violencia que utilizaba, cuando me agarraba por los cabellos, me tiraba en la cama y me golpeaba, gritandome los insultos más humillante para una mujer. “Anna tiene 60 años, y los ojos de una chica. Tiene la edad de su corazón cuando se detuvo, aunque si continuó a batir, asesinado por el dolor y la decepción de un amor amargo como la sangre que le hizo derramar, siempre más amargo cada vez que la vida continuaba, la violencia de su marido, en cambio, no cambió. Durante más de treinta años.

“Durante los primeros tiempos, tenía los ojos negros e hinchados y algunos rasguños fácilmente enmascarados, con un” poco de polvo y una sonrisa falsa”, comenta. Luego, con el pasar de los años, los daños se convirtieron en más evidentes, no sólo aquellos físicos. Una muñeca rota, un esguince del tobillo, la fatiga crónica, repentinas lágrimas y el miedo de tomar decisiones, incluso las más pequeñas, y aquellas más grandes, más justas, como la elección de separarse. “Le pedía sólo de bajar la voz, mientras me golpeaba, para que nuestro hijo no escuchará. Esperaba que algo cambiara “. Ella esperó más de tres décadas, 31, y un hijo que se convirtió en adulto. Esperó a tener la edad suficiente para no sentirse plena y frágilmente mujer.”Mi deber lo hice, ahora puedo pensar en mi serenidad. Yo quería que mi hijo no sufrierá, que tuviera una familia normal, con los padres en el hogar”, comenta. No era normal, sin embargo, esa familia.

No es un caso aislado, Anna, por desgracia. “Para la mayoría de las mujeres que acuden a nuestro centro, se trata de violencias durantes años y continuas. Algunos tienen el coraje de liberarse enseguida, muchas otras, en cambio, esperan un largo tiempo, incluso décadas. Existen mujeres que admiten haber sido víctimas de la violencia doméstica solamente en la vejez, cuando en realidad no soportan más”, comentó a In Terris la socióloga Francesca De Masi, Presidente de la Cooperativa” Be Free”, que dirige el Centro contra la violencia de Roma Capital.

Lazio, junto a Emilia Romagna, registra el récord nacional de violencia y abuso en las mujeres: se refiere a más del 38 por ciento de la población femenina. En Italia, según las últimas cifras del Istat, un poco menos de 7 millones de ciudadanas, una de cada tres mujeres, con edades comprendidas entre los 16 y 70 años, sufre de maltratos, nueve de cada diez veces por parte del esposo o pareja, más de una mujer de cada tres, en la familia. Incluso las madres que sufren abusos o acoso por parte de los hijos. Los casos denunciados son sólo un tercio, hasta del 7% para las víctimas en el hogar.

“El maltrato es un crimen – continúa De Masi – que incluye diversas formas de violencia: física, psicológica, verbal, sexual, económica, cultural.” Para la socióloga, la causa principal es “una cultura machista, posesiva y depredadora, que considera a la mujer como un objeto de propiedad.” Frases como: “Eres mía y hago lo que quiero”, “Conmigo o con ninguno”, son un signo de una manera de entender la relación entre los sexos. No hay que subestimar que más del 60 por ciento de las violaciones son cometidas por los partners actuales o anteriores.

Es un fenómeno transversal a las clases sociales, a la edad, al nivel de educación y a la situación económica. La forma más sutil es la violencia psicológica, que se expresa como el control mental, manipulación y  humillación de la dignidad femenina, el control de las otras relaciones afectivas, celos obsesivos. Los violentos son a menudo “impredecibles”: “hombres de éxito, de clase alta, con posiciones sociales de prestigio, estimados en público, ricos, que se convierten en orcos después de cerrar la puerta de su casa del resto del mundo”, dice De Masi.

Según la Organización Mundial de la Salud, la violencia en el hogar es una cuestión de “salud pública”, y no sólo jurídica. Se trata- dice la Oms – “de un tipo de violencia silenciosa e invisible, que los mismos sistemas judiciales tienden a tratar no como un delito, sino como” asuntos privados “.

Es el considerar la violencia doméstica un “asunto privado” la razón principal para disuadir la denuncia y la liberación. A menudo, las mujeres no son ayudadas por una red de social y afectiva de apoyo. Del informe “Rosa Shocking”, presentado la semana pasada en Roma, en el Senado de la República por la asociación “We World Onlus” demuestra que el 35 por ciento de los italianos cree que es una “cuestión de privacy”, que debe permanecer “dentro de las paredes de la casa “. Lo más “indulgentes” son los jóvenes menores de 35 años. El 45 por ciento de los encuestados están a favor de las mujeres víctimas, mientras que el 20 por ciento mostró comprensión por el hombre violento, dando a la mujer la culpa de la “provocación”.

Se necesita poco, para provocar la violencia. Una frase, una mirada, un movimiento, el silencio, la quietud. “Cuando era más joven, a veces era un lápiz labial demasiado rojo o un vestido demasiado corto, la mirada de admiración de un transeúnte, el tono cansado para responder al saludo cuando llegaba a casa del trabajo, una media sonrisa que le parecía irónica, la casa desordenada o mi supuesta manía higiénica, si estaba cansada o si parecía muy feliz “, comenta Anna.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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