UNA NUEVA POSIBILIDAD

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rp_donaldo-150x150.jpgPara un católico, este día debería tener un significado particular. El Miércoles de Cenizas marca el inicio de un momento propicio para la propia conversión llamado Cuaresma. La Iglesia indica este como un período “favorable” para el cambio, el crecimiento espiritual, el ayuno … Palabras y argumentos, cada vez más ridiculizados por una cierta sociedad. Parece ahora ser fuera de moda llamar al hombre a una búsqueda verdadera del sentido vivo y profunda del existencia.

Renovarse espiritualmente significa ir contra la corriente, donde la “corriente” es un estilo de vida superficial, incoherente e ilusorio, que a menudo nos arrastra, nos domina y nos hace esclavos del mal o por lo menos prisioneros de la mediocridad moral. El cristianismo no es una filosofía de vida, al igual que muchas que, a lo largo de la historia, han ilusionado a la humanidad, sino mucho más.

El mundo de hoy necesita encontrar misioneros del Evangelio, hombres de espíritu, personas que no se comprometen con la mediocridad de una civilización secularizada, discípulos sinceros que no renuncian más, y no pueden dejar de seguir y servir al Señor. Y entonces, estos cuarenta días antes de la Pascua se convierten no sólo en una oportunidad para educarse en la fe y llegar a la Resurrección conscientes del inmenso don de tener un Dios totalmente del lado del hombre.

Jesús con su cruz, quizás aún más odiado y menos comprendido por el mundo de hoy, es el único y verdadero testigo de la esperanza, incluso para aquellos que no creen. La Cuaresma debe ser una oportunidad para volver a enseñar en las familias, en las escuelas, en los lugares de trabajo y donde quiera se encuentre ese sentido de pertenencia que da lugar a la puesta en común y el servicio al prójimo. Estamos seguros de que los espacios áridos y desérticos de la indiferencia y el resentimiento que invaden cada día un mundo más necesitado de amor y de justicia puedan ser llenados. Una nueva humanidad puede regenerarse … basta darse cuenta y abrirse hacia el otro saliendo de la ilusión de la autosuficiencia, aquel estado profundo de clausura, que es el origen de la misma injusticia.

Si lograramos estos cuarenta días tratar de mejorar nuestros comportamientos dirigiéndolos a un bien mas verdadero y grande entonces habrá tenido sentido vivir este tiempo litúrgico. Fuera del ruido de este mundo, el Señor nos pide que demos más espacio a la meditación, la oración, la contemplación, nos invita a seguir un camino a lo más profundo de nosotros mismos, en la simplicidad de la relación con la vida y con el prójimo.

He aquí, pues el momento de salir al descubierto: abandonar la vergüenza, el ocio, las tentaciones del maligno para la complacencia de la fe en evolución. Jesús es el Salvador de todos, desde los rechazados por la sociedad, de los pobres más pobres a los que están enfermos de omnipotencia y que se alzan para manipular el destino de todos.

Para cualquiera, hay una esperanza incluso para nosotros creyentes tan a menudo dormidos, incapaces de vigilar y despertar el prójimo más aturdido por las fuerzas del mal. En este día desear la imposición de las cenizas será ya un primer paso para elegir de avanzar hacia Cristo, hacia el verdadero amor, en camino para liberarnos del egoísmo perverso.

Traducción a cargo de Renato Dávila

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