Ángeles entre nosotros

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El lunes después del domingo de Resurrección es llamado tradicionalmente “del Ángel“, porque nos recuerda el encuentro del ángel con las mujeres llegadas al sepulcro para buscar al cuerpo de Jesús. Mateo menciona el ángel que “removió la piedra y se sentó sobre ella” (28,2). Marcos habla de un “joven, sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca” (16,5). Luca escribe de “dos hombres… con vestiduras esplandecientes” que preguntan a las mujeres: “Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resuscitado” (Lc 24, 5-6). De “dos ángeles en vestiduras blancas” (20,12) habla Juan en el aparición a María de Mágdala.

En los cuentos evangélicos de la Resurrección, todos los que ven a los Ángeles, son impresionados fuertemente por su presencia y pos sus mensajes de esperanza y son enviados a los otros miembros de la comunidad para anunciar la realidad nueva de la victoria definitiva de Jesús sobre la muerte, para llevar hacia una total conversión y para extender los límites de la fe, de la esperanza y del amor. También nosotros los cristianos en base al bautismo y a la confirmación recibimos la misión de “ángeles”, mensajeros de la resurrección de Cristo, de su victoria sobre el mal y sobre la muerte, portadores de su amor divino.

También hoy en nuestro mundo secular impregnado de un tecnicismo nihilista, somos llamados a hacer percibir a nuestros contemporáneos lo que un sociologo ha llamado “El zumbido de los ángeles”. Los ángeles son los ministros y los mensajeros de un Dios fantasioso. Ellos colegan el mundo de Dios con lo de los hombres y están al servicio del proyecto del Señor. Los ángeles por la Biblia son nuestros guardianes porque nuestra vida sea constantemente acompañada por la presencia amorosa de Dios. Ellos nos introducen en la comunión de Jesús con el Padre. Son los ángeles del abandón confiante a Dios, de la disponibilidad a hacer siempre su voluntad: los que nos ensenan a no tener miedo, a dejar salir de nuestro corazón el alabanza al Padre por la belleza de todo lo que crea e nos dona.

Un antigua homilía llama la Pascua: “Festividad común de todos los seres, envío en el mundo de la voluntad del Padre, amanecer divino de Cristo en la tierra, solemnidad perenne de los Ángeles y de los Arcángeles, vida inmortal del mundo entero, nutrición incorruptible para los hombres, alma celeste de todas las cosas”.

El domo de Monreale, que con sus luminosos mosaicos de oro quiere anticipar la belleza de la Jerusalén celeste, está lleno de ángeles que en el culto eucarístico participan a la liturgía terrene como participación al culto que en la ciudad celeste está celebrado por los ángeles y los santos. Para alcanzar nuestro destino eterno Dios no nos dona sólo los ángeles guardianes, ni la Virgen y los santos, y tampoco unicamente Sí mismo, sino cada persona que encontramos en nuestro camino y que de una manera o de la otra nos acompaña. Todos somos, en cierto sentido, “ángeles guardianes” los unos para los otros, porque el Señor quiere que todas nuestras relaciones, en las formas más varias, nos acompañen, junto con los ángeles y los santos, a la plenitud de la felicidad completa y duratura con el Dios viviente en la Comunión Trinitaria.

mons. Michele Pennisi, arzobispo de Monreale

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