Hipocresía y solidaridad

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Telediarios e internet nos inundan diariamente de noticias terribles sobre guerras, bombas, éxodos bíblicos; y aún atentados, civiles masacrados, niños echados por el horror de la violencia. Nos indignamos, nos ponemos tristes, pero luego – concientes de nuestra total impotencia frente a lo que sucede – volvemos a nuestros asuntos diários. No consideramos la ídea de hacer algo para el próximo, porque ya consideramos como “próximo” sólo quien está lejos. Una contradicción sociológica, por la cuale mayor es la distancia donde ocurre el hecho y mayor es el impacto emotivo; exactamente lo contrario de las reglas que los viejos periodistas enseñaban a los jóvenes reporteros, explicando que mayor es la cercanía del episodio y más alta es la respuesta del público. Hoy no es más así, y la única excepción está constituida por hechos extremamente locales.

Facebook, con sus banderas en los perfiles, ha globalizado hasta la pietad, que no está más cerca de nosotros. Además la excusa es que no sabríamos qué hacer… Sin querer llegar a pedir de abrir su propia casa a los pobres y a los últimos, gesto muy noble pero objetivamente de difícil partido, bastaría dedicar un poco de tiempo al voluntariado, o donar algo de si mismos a los demás.

Como la sangre, el mismo que está derramado diariamente por miles de desafortunados nacidos en los teatros de guerra. En este sentido la última iniciativa – pero hay en todos los lugares cerca de nosotros – es del hospital Niño Jesús de Roma, que ha organizado justo en el centro del verano, cuando todos están sumergidos por idéas de juegos y vacaciones, una donación de sangre en la sede de Janículo.

Es una manera para acercarse a muchos pequenos pacientes que luchan para supervivir, es una manera para ser protagonistas en positivo de nuestro tiempo, no sólo porque se ayuda alguien sino porqué se contribuye a formar una conciencia colectiva de solidaridad. Y para quitarse la hipocresía de “no puedo hacer nada”.

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