OLIMPIADAS, SEÑAL DE ESPERANZA

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olimpiadi

Ciudad de Olimpia, en la llanura de Altis, Peloponeso (Élide). Al centro está el gran Templo de Júpiter. Alrededor se erigían otros lugares de culto en honor de varios dioses y edificios para las competiciones: el Estadio, el Hipódromo, el Teatro, el Gimnasio. Es en este escenario que en 776 a.C. nacieron oficialmente los juegos olímpicos. Como hoy, estaban cada cuatro años.

Un viaje en el tiempo que testimonia que el Hombre de aquel período, considerado menos emancipado que hoy, había pero la capacidad de parar el Odio para dar respiro a la humanidad. Las guerras, que en aquel tiempo estaban muy frecuentes entre las diferentes ciudades griegas, se suspendían para que todos los ciudadanos sin distinciones pudieran estar presentes. Cuánto está lejana la llamada “civildad moderna” de un pensamiento como esto… Una bofetada a la capaciddad del ser humano de controlar los instintos más salvajes en nombre del diálogo.

La ciudad que tenía que organizar los juegos, Olimpia, preparaba todo, de la verifica de las instalaciones a la designación de magistrados encargados de recibir, aceptar y descartar las inscripciones de los competidores. A las competiciones podían participar adultos y jovencitos de origen griega, no culpables de crímenes y que podìan demonstrar aser aliados convenientemente. Los juegos duraban siete días entre el final de junio y los primeros quince días de julio: el primero y el último día eran consacrados a rituales religiosossacramentales. Luego se hacía una gran procesión a Júpiter, que era el dios en honor del cual se hacía la fiesta.

Se hicieron 294 ediciones, y ni las derrotas y los sucesivos logros por los Macedonios antes y los Romanos después, pudieron eliminarlas. Sólo en 396 d.C., es decir después 1172 años de su empiezo, el emperador de Oriente Teodosio I ordenó el abolición de los Juegos Olímpicos y cinco años después el sucesor Teodosio II incluso hizo destruir Olimpia. Así desaparició uno de los lugares más sugestivos y más interesantes del mundo antiguo, donde por primera vez el deporte, aunque bajo un punto de vista prevalentemente étnico y religioso, había triunfado.

Sólo en 1892, y precisamente el 25 de noviembre, en París, en el anfiteatro de la Sorbona, el barón Pierre De Coubertin, en ocasione del quinto aniversario del “Unión Francés de los Deportes Atléticos” ‘, afirmó que había que restablecere los Juegos Olímpicos. La propuesta, aunque sin encontrar un acogida entusiasmante, continuó también por la tenacidad y la pasión de De Coubertin. De hecho después de dos reuniones preliminares, la primera en Nueva York en 1893 y la segunda en Londres en 1894, el 16 de junio 1894 en París, un Congreso internacional formado por 79 delegados deliberó el restablecimiento de los Juegos olímpicos y designó como primera planta por la gran manifestación Atenas, en honor y recuerdo de los juegos antiguos.

Se formó un Comité Olímpico Internacional (nombre aún utilizado con el acrónimo C.I.O.) a la presidencia del cual fue elegido por unanimidad el mismo De Coubertin (papel que tuvo hasta la muerte en 1925). Desde el 1896 las Olimpiadas se disputan regularmente cada cuatro años, interrumpidas sólo tres veces a causa de acontecimientos blicos, en 1916, en 1940 y en 1944.

Por primera vez en la historia de las Olimpiadas – testimoniando el pasaje epocal que el mundo está viviendo – estará una nacional sin bandera: es la de los atletas refugiados: competirán bajo la bandera olímpica. En total se trata de diez personas: cinco atletas procedentes de Sudán del Sur, dos de Siria, dos de Congo y uno de Etiopia. Una manera para intentar recuperar los antiguos valores. Un primer paso, para ganar en el futúro otra medalla, la más importante: la de la paz.

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