QUIEN ES EL NUEVO LÍDER TALIBANES

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Matado un líder se hace otro. Los segadores de Obama, los terribles drones armados de misiles Hellfire, han matado el sucesor de Mullah Omar, líder incuestionable de los talibanes. Akhtar Mansour ha de facto mandado las milicias del pañuelo negro poco menos de un año. Pero los estudiantes del Corán han llenado el vacío inmediatamente. Así apenas 48 horas después de la noticia de la muerte la Shura ha coronado un nuevo jefe. Es el mullah Haibatullah Akhundzada, un importante juez de asuntos religiosos que había estado elegido como vice por Akhtar Mansour, el líder talibán matado  juesto el 21 de mayo por un dron estadounidense en Pakistán. La elegida del líder fue el fruto de una serie de encuentros entre los dirigentes del grupo en Quetta, en Pakistán. La decisión fue rápida, probablemente para prevenir nuevas divisiones dentro del movimiento.

Haibatullah Akhundzada, religioso respetado e influyente, ya hombre de confianza del Mullah Omar, puede mostrar óptimas habilidades como mediador y la procedencia de Kandahar, el área de origen de la “vieja guardia” talibana. Su liderazgo tendrá un primer examen sobre el sunto de los negociaciones con Kabul que la muerte de Mansour ha puesto en discusión. Entre otras cosas la nueva guía tendrá que intentar fortalecer su poder encontrando un acuerdo con otro jefe talibán que tiene un fuerte seguimiento. Es de hecho Sirajuddin Haqqani, que desde 2005 ha sustituido el padre Jalaluddin a la guía de la red Haqqani, el canal de islamistas que obra principalmente en las provincias de frontera entre Afganistán y Pakistán, a reclamar un papel protagonista.

Il vástago de la familia Haqqani está al mando de un verdadero imperio financiero, cruel en el campo de batalla y negociador duro puede mostrar relaciones consolidados con la inteligencia paquistaní, que ciertamente no renunciarán a “apoyarlo”. Hasta aquí el escenario de la sucesión pero el asesinato de Mansour parece ser el enésimo autogol de la estrategia de Washington en el tablero afgano-medioriental. De hecho la muerte del sucesor del Mullah Omar podría introducir Isis en Afganistán ofreciendo así un nuevo refugio al Califa Al Baghdadi en dificultad en Iraq y Siria. Por lo demás el grupo ya ha penetrado en unos ambientes yihadistas de la región. En noviembre hubo la designación de Abdul Rahim Muslim Dost, un ex detenido de Guantánamo, como emir provisional de Khorasan, mientras en verano un grupo de militantes qaedistas cercanos a Gulbuddin Hekmatyar, líder de Hizb-e-Islami (una de las primeras milicias nacidas en Afganistán para combatir la ocupación soviética en los años ’70) ha cambiado bandera y jurado fidelidad a Isis.

Luego hay otra razón, de natura teológica, que explica un posible “golpe” hacia los talibanes. Hasta el día del anuncio de su muerte el Mullah Omar era efectivamente el único “Amir al-Mumineen” (“Comandante de los Fieles”) yihadista que podía retar a las credenciales del neo-califa de Mosul, mientras el mismo al Zawahiri, en cambio, nunca tuvo títulos o reconocimientos, renovando cada vez su apoyo justo al Emirato afgano. Fue él mismo de hecho a escribir hace unos tiempos una carta a al Baghdadi instándole no entrar en Afganistán. “Yihad contra los americanos y sus aliados tendría que estar conducido bajo una única bandera”, le dijo. La de ellos y del Mullah Omar, obviamente. Un amenaza que además llegaba en los mismos días en que las milicias talibanas chocaban con la contraparte de Isis a este de la región afgana. Mansour ha desplegado más de mil hombres entre los más preparados para combatir las milicias de Daesh en Afganistán.

Sustancialmente la diferencia entre los dos grupos en Afganistán se artícula en una rivalidad unidireccional: Al Qaeda y los talibanes en pasado siempre se han mostrado dispuestos a compromisos con sus proprios enemigos interiores, a pesar de las diferencias ideológicas y religiosas. Un ejemplo sobre todos fueron las divergencias ahorradas con la escuela Deobandi. Pero Isis razona en otras palabras: el yihad global es un discurso estrechamente relacionado con el proceso de reforzamiento querido por al Baghdadi, y por tanto especular al objetivo imperialista. Los talibanes quieren volver al poder en Kabul sin ambiciones expansionisticas.

Una bofetada a la política americana. La elegida de los Estados Unidos sólo creará aún más caos en la situación afgana donde excepto algunas grandes ciudades el gobierno no tiene el control del País. Los talibanes han demonstrado una gran capacidad militar con la conquista de Kunduz en el otoño pasado. Fuertes de los sucesos justo Mansour había abierto un pequeña puerta para los negociados con el gobierno de Kabul. Ahora todo se pone de nuevo en línea. Eliminado Mansour, jefe de los talibanes, y también mayor enemigo de Isis en el área, con la strategia de salida iniciada por Nato en Afganistán y las indecisiones sobre Libia y Siria, pueden favorecer la expansión de Isis en una región donde después de 15 años y la gran intervención internacional no se ha logrado el objetivo de eliminar el terrorismo.

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