“TOTUS TUUS SUM MARIA”

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MARIA

Disparos hacen eco entre las columnas de Bernini. Es el 13 de mayo de 1981. Juan Pablo II ha sido impactado por dos balas, una de las cuales le hiere gravemente al vientre. A disparar contra el Papa es un terrorista turco, Mehmet Ali Agca, que detienen mientras intenta huir. Wojtyla, llevado al Policlínico Gemelli, está sometido a una intervención de más de cinco horas. Después de unos días, el 18 de mayo, el Pontífice perdona a su agresor y consagra sus sufrimientos a la Virgen María. Una invocación que adquiere inmediatamente un gran valor simbólico: el 13 de mayo es el mismo día de la primera aparición de la Virgen de Fátima, en 1917. Y llega a ser aún más significatívo si se piensa que a bloquear el terrorista, muy cerca de San Pedro, es una monja che se llama Lucía. Como la última pastorcilla a quien apareció a la Virgen en Cova da Iria.

“Totus tuus” era su lema. Wojtyla, desde siempre, ha vivido con fe y estupor su ser hijo de María. “Mientras rogaba – contó don Jarek Cielecki, sacerdote polaco nacido en la parroquia de Niegowic, donde Juan Pablo II fue párroco auxiliar después de consagrarse – sus ojos parecían mirar algo, no tenía la mirada perdida como nosotros cuando rezamos. Y luego me han dicho que cuando ocurría algo, él iba delante del altar o delante del cuadro del Asunción y hablaba… Igual que si estuviera hablando con una persona presente frente a él”.

Un prelado de la Curia, en una entrevista con algunos periodistas, dijo: “Sabemos muy bien que la Virgen habla al Papa aunque él no lo dice… él obedece sólo a la Virgen, sólo hace lo que Ella le dice”. El cardinal Deskur, amigo y compañero de seminario del Pontífice polaco, fue a Portugal y visitó a la hermana Lucía de Fátima en Portugal. Al final del encuentro le pidió si tenía que dar un mensaje al Santo Padre por parte de la Virgen. Lucía contestó: “No, no, se ocupará la Virgen misma”.

El secretario de Juan Pablo II, Stanislaw Dziwisz, escribió que cuando rezaba, el Papa “daba la impresión que estuviese hablando con el Invisible”. “Hablaba” con Jesús y la Virgen. La estrecha relación con la Virgen María signó todo el pontificado de San Juan Pablo II, tanto que hizo engastar la bala que le entró en el vientre en la corona de la estatua de la Virgen guardada en Fátima. Un invisible cable rojo parece liar Wojtyla a Bergoglio. Con estas palabras Papa Francisco concluyó su meditación sobre María, tomada en Plaza San Pedro delante de la estatua de la Virgen de Fátima: “El camino de la fe pasa a través de la Cruz y María lo ha comprendido desde el inicio, cuando Herodes quería matar a Jesús recién nacido. Esta Cruz ha llegado a ser más profunda cuando Jesús fue rechazado: entonces la fe de María ha afrontado la incomprensión y el desprecio; cuando llegó la hora de Jesús, la hora de la pasión: en aquel momento la fe de María ha sido la llama en la noche”.

Como Wojtyla, también el Papa actual, en su emblema episcopal y cardenalicio, tiene una referencia a la Madre de Dios: una estrella, símbolo de la madre de Cristo y de la Iglesia. Aunque muy devoto a los iconos “sudamericanos” de la Virgen, es en Augusta, en Alemania, que Bergoglio descubre la imagen que caracterizará su culto mariano: la Virgen que quita los nudos. El lienzo representa María que aplasta la cabeza a la serpiente mientras con las manos quita los nudos en una cinta (símbolo de matrimonio) sostenida por dos ángeles.

Decide introducir esta imagen en Argentina y en 1996 corona una riproducción en la iglesia de San José del Talar en Buenos Aires. Elegido Papa, Francisco encomenda inmediatamente el pontificado a la protección de la Virgen, a su “mirada materna”. El día después de su elección, va en la basílica de Santa María Mayor para ofrecer a la Salus Populi Romani, protectora de Roma, un homenaje floral. Desde aquel día, no hay viaje o evento sin su saludo y la oración de Francisco al cuadro de la Virgen ( atribuido por la tradición a San Luca) en la capilla Paolina de la basílica.

Como Juan Pablo II, también Bergoglio siente un profundo vínculo con la Virgen de Fátima, tanto que consagra el mundo al corazón inmaculado de la Virgen portugués. En abril de 2015, por los micrófonos de Radio Vaticana dijo: “Si Dios me dará vida y salud, quiero ir a la Cova da Iria dentro de dos años”, cuando todo Portugal celebrará el centenario de las apariciones. Papa Francisco sería el cuarto pontífice a visitar el santuario después de Pablo VI (1967), Juan Pablo II (1982, 1991 y 2000) y Benedicto XVI (2010).

Para Francisco, María es la madre de todos los cristianos y ellos no pueden prescindir de ella. Escuchando quien dice que no tiene necesidad de la Virgen, ha comentado: “Pobres huérfanos…”. En otra homilía, dijo: “Para hacer la prueba de una vocación cristiana justa hay que preguntarse: cómo es mi relación con las dos madres que tengo, la Madre Iglesia y la Madre María? Esto no es un pensamiento de piedad. No: es pura teología”.

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