La marginación de la fe

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Aunque si el carácter confesional de la enseñanza de la religión católica en las escuelas (IRC) puede inducir al engaño, no se trata de una hora de catecismo o de “práctica” religiosa, sino de una profundización de los temas que ahora con frecuencia, en la sociedad actual, se dejan al margen de la formación cultural e intelectual de las nuevas generaciones. Una formación que, debemos admitirlo, permanece cada vez más inclinada a la adquisición de conocimientos técnicos y científicos, ciertamente indispensables, pero demasiado a menudo ajenos al “sentido último” de las cosas y por lo tanto, destinados al triste repliegue sobre sí mismos. Papa Francisco escribió en la Evangelii Gaudium: “El cientificismo y el positivismo se niegan a   “admitir como válidas, las formas de conocimiento, distintas de aquellas propias de las ciencias positivas “.

La Iglesia propone otro camino, que requiere una síntesis de un uso responsable de las metodologías propio de las ciencias empíricas y las otras disciplinas como la filosofía, la teología y la misma fe, que elevan al ser humano hasta el misterio que trasciende la naturaleza y la inteligencia humana. (…) El conjunto de la sociedad puede ser enriquecida gracias a este diálogo que abre nuevos horizontes al pensamiento y aumenta la posibilidad de la razón. Este también es un camino de la armonía y de la paz “.

Los efectos de esta marginación cultural de la fe, sin embargo, están bajo los ojos de todos: los recientes ataques terroristas de matrix  islámica, han conmocionado los pensamientos del mundo occidental, que se encuentra sin preparación para enfrentar el dato de hecho, por los que algunos de sus propios hijos deciden de suprimir su propia racionalidad, abrazando una ideología que cruelmente abusa del hecho religioso para cubrir sus fechorías. Ya en el 2006, un profético Benedicto XVI, en este sentido, se expresaba de está manera: «la teología (…) como interrogación sobre la racionalidad de la fe, debe tener su lugar en la universidad y en el amplio diálogo de las ciencias.

Sólo así tendremos un verdadero diálogo de las culturas y de las religiones – un diálogo del que tenemos una necesidad urgente. En el mundo occidental se sostiene ampliamente la opinión, que sólo la razón positivista y las formas de filosofía de las mismas derivadas son universales. Pero las culturas profundamente religiosas del mundo, ven en esta exclusión de lo divino de la universalidad de la razón, un ataque a sus más profundas convicciones. Una razón, que de frente al divino es sorda y relega la religión en el ámbito de las subculturas, siendo  incapaz de entrar en el diálogo de las culturas. (…) El Occidente durante mucho tiempo, está siendo amenazado por esta aversión contra los interrogativos fundamentales de su razón (…) »

Cuán necesario es entonces hoy en día, de la enseñanza de la religión católica, como lo demuestran los hechos y las noticias actuales, y podrán dar fe aquellos estudiantes que en toda Italia, han optado por no “perder” una hora de clases, simplemente apuntando hacia abajo, pero invirtiendo el tiempo enfrentandose libremente con una sana enseñanza cultural de los valores de paz, igualdad, verdadera libertad, apertura a la vida y caridad experimentada, que la historia cristiana – y aquella Europa en particular – han podido ver realizada a través de las generaciones.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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