UNA COMIDA AL DÍA

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pasto

Una despensa bien proporcionada, la nevera llena, sentarse a la mesa con la familia para comer. Son cosas que quien hace una vida normal – a pesar de las dificultades de todos los días – da por supuestas. Pero, desafortunadamente, aún hoy hay quien al mundo sufre el hambre: niños que por las guerras y las carestías no crecen como deberían y padre de familia que no teniendo un trabajo no consiguen asegurar el sustento a sus queridos.

Precisamente por esto el Asociación Comunidad Papa Juan XXIII, para el octavo año consecutivo, el 29 y el 30 de octubre regresa en las plazas italianas con la campaña “Una comida al día”, una recaudación de fondos con que podrá seguir garantizando un ayuda a más de 41.000 personas en dificultad que cada día pone en la mesa comida en más de 600 estructuras de recibida, presentes en 38 países del mundo. Todo gracias a la presencia de 4 mil voluntarios.

“La facilidad de ‘desechar’ es sinónimo de indiferencia e insensibilidad, las mismas actitudes que llevan a la emarginación de muchos nuestros conciudadanos, dejados solos enfrentándose a los problemas y dificultades de la vida – ha explicado el responsable de Apg23, Giovanni Paolo Ramonda -. Nuestro ‘paquete de pasta’, por tanto quiere ser el símbolo de un nuevo pacto social, que permite mejorar si mismos ayudando a los demás, tutelar el derecho a la comida: uno de los derechos humanos fundamentales”.

Ramonda ha afirmado que cuando este derecho no se respeta la dignidad humana es violada. Precisamente por este motivo, la iniciativa gira alrededor del eslogan “La dignidad vuelve a empezar desde aquí”, es decir desde una ofrenda libre a cambio de que los voluntarios consognarán a los benefactores un paquete de pasta de poco más de 100 gramos, una porción, es decir la comida de un día.

Las ofrendas que serán recopiladas sirven para dar continuidad a estructuras como la Cabaña de Belén de Bolonia, una casa que recibe personas sinhogares. Una empresa que fracasa, la dificultad a encontrar un trabajo, la vergüenza y la culpabilidad son las causas para que a veces un hombre se encuentra viviendo por la calle, llegando así a los límites de la sociedad hasta convertirse en casi invisible. Los voluntarios todas las noches van a la estación del tren, llevan comida y bebidas a los sin hogares que allí han encontrado un reparo por la noche y les invitan dentro de la estructura donde podrán pasar la noche. Dentro de la Cabaña las personas tienen la posibilidad de ducharse, sentarse a una mesa y comer juntos a los demás. Es precisamente esto el carisma que caracteriza el Asociación fundada por don Oreste Benzi de las otras realidades ocupadas en la misma causa: la compartición directa de vida. Abrir las puertas de su propia casa y de su propia vida para compartir la rutina diaria con los pobres, los emarginados.

El próximo fin de semana los voluntarios serán presentes en más de 1.000 plazas entre Italia, Inglaterra, Holanda, Alemania, Portugal, Suiza, Rusia, Bolivia y Chile. Este año, además, con la campaña “Una comida al día”, quiere sensibilizar la opinión pública contra la cultura del derroche. E intenta hacerlo a través de un pequeño recetario, que consignarán junto al paquete de pasta, con las instrucciones para preparar comidas cencillas e ingeniosos utilizando sobras del día anterior, o las partes de verdura que normalmente se tiran a la basura, como las cáscaras de manzana o de sandía.

El problema de los derroches, de hecho, afecta fuertemente a nuestra economía. Según Coldiretti, el valor monetario de los derroches alimentares es de 12,5 mil millones. De estos, el 54% procedentes justo del consumo, el 15% de la hostelería, el 8% del agricultura y el 2% de la transformación. Si consideramos que en 2015 los pobres en nuestro País han superado los 4 millones y medio (cifra récord frente a hace 10 años), se comprende como la mejoría de las condiciones de vida puede pasar también de una lucha a la cultura de los excedentes.

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