SIRIA, UNA CAMPANILLA CONTRA LA GUERRA

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Una campanilla suena, las puertas se abren, la sala se pobla de voces y sonrisas, los pupitres se llenan. gana de aprender, de conocer, de comprender cómo funciona el mundo. La normalidad para millones de niños, nacidos en la parte “justa” de la Tierra. Un acontecimiento extraordinario para quien, también en los primeros años de vida, no conoció otra cosa que guerra y muerte.

El milagro de una escuela abierta hubo lugar en Manbij, en Siria, una de las últimas ciudadeas arrancadas a Isis. Aquí, para intendernos, los milicianos del Califato se han escondido detrás de los civiles para huir y desalentar las redadas de la coalición internacional. El asedio, durado tres meses, se marcará por siempre en los recuerdos de estos niños, así como la temporada del ocupación, entre feroces ejecuciones, represión de cada libertad y todas las atrocidades a que el Daesh nos acostumbró desde cuando ha llegado a ser la principal sigla terroristica internacional.

Los hombres de Al Baghdadi cerraron cientos de escuelas en Manbij y sus alrededores, dejando acerca 78mil menores sin ensenanza. Como por cada regimen el adoctrinamiento es, de hecho, un elemento imprescindible. La educación de las nuevas generaciones debe realizarse dentro de límites controlados, para evitar desviaciones que puedan hacer daño a la dictadura. En el caso de Isis esto se ha traducido en el absoluta prohibición de las materias científicas, a partir de geografía y matemática, a favore de la religión islámica. Una bofetada al derecho a la educación.

Dos años y medio de terror hoy recordados sólo por las escritas de propaganda en blanco y negro que aún están en los muros del instituto Bayram. Durante el recreo decenas de niños, ocupados en jugar, parecen no notarlo más. Es la vida que triunfa sobre la cultura de la muerte. La esperanza que vuelve en una región aún tormentada por la guerra civil, pero libre por la opresión integralista.

“Por dos años y medios no hubo escuela – cuenta un profesor – como ustedes pueden ver unos estudiantes recuerdan apenas las letras de su propio nombre. Ahora que, gracias a Dios, las escuela han vuelto a ser abiertas estamos intentando recuperar qué han perdido los estudiantes”. Otro profesor recuerda el dolor sentido viendo “los niños que intentaban aprender un trabajo u otros pasar el rato en las calles lanzando balones porque no tenían nada que hacer. Naturalmente ahora estos alumnos faltan en la istrucción”.

La ciudad fue liberada en agosto. Finalmente para los más afortunados llegó un primer día de escuela, er i più fortunati è arrivato un primo giorno di scuola, nunca tan esperado como esta vez. “Estoy verdaderamente contenta. Estábamos esperando con excitación que volviera a empezar la escuela”, dice Ghefran. “He extranado mi clase – recuerda Rana – Cuando los chicos del Daesh llegaron, después dos o tres dìas dejé de estudiar”.

La esperanza es que el progresivo retroceso de Isis en Siria, Iraq y Libia permita a miles de niños, aún bajo el yugo del Califato, volver a la normalidad. En el área de Mosul, fortaleza iraquí yihadista, se ha abierto una verdadera escuela para los huérfanos de combatientes y foreign fighter. Una jugada que sirve a mostrar a los aspirantes a mártires la “cara buena”, casi social, del Daesh. Que pero esconde finalidades propagandísticas y de reclutamiento. A los estudiantes, entre un juego y el otro con armas de plástico, se ensenan estrategias militares.

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