Adultos…Fallecidos?

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mosti

Por qué hoy es tan difícil para un adulto tomar conciencia de su propia edad? Por qué, frente al pasado, superada una cierta edad, una prioridad parece ser la de sentirse jóvenes, aparecer eternamente jóvenes, comunicar con un lenguaje que esconde la madurez, en nombre de una complicidad con edades que no nos pertenecen?

Cuál sentido y significado dar a los continuos bombardeos sobre el estética y búsqueda del “retocarse” aquel cuerpo que en cambio quiere contar una historia, una vida que está corriendo en lo bueno y en las dificultades que pertenecen a él?

Estamos en la búsqueda continua natural, compramos productos biológicos, vamos detrás de tendencias que tienen como peligroso objetivo lo de llegar a controlar energías naturales, físicas, psicológicas, espirituales, aquellas llamadas de rebote (esotéricas!), pero luego caímos en la contradicción casi ridícula del “retocar” lo que madre naturaleza transforma con inexorable puntualidad, modificando aquel carácter natural tan perseguida en las cosas pero no en el ser.

Superficialidad, inmadurez, miedo de la muerte? No, simplemente negación de una realidad que pretendemos modificar porque queremos sentirnos dueños de una existencia que reclamamos como totalmente nuestra. Cuando el hombre del segundo milenio ha desviado el conocimiento, el saber, el progreso hacia objetivos antinaturales pasándolo por conquistas hacia la felicidad, la libertad o como respuestas a falsas necesitades, ha decretado el camino hacia su propia autodestrucción.

Sin embargo todo esto no recae sólo sobre la propia búsqueda de bienestar, el querer negar su propio ser adulto por la eterna juventud está pagando un precio demasiado alto en términos sociales. Una de las consecuencias inmediatas de esta ausencia de los adultos en la sociedad de hoy, se puede encontrar en la falta de modelos de valores necesarios para el sano y equilibrado crecimiento de nuestros jóvenes. Muchos padres, por ejemplo, se pueden definir como eternos Peter Pan, completamente ausentes en su papel de padres y en los casos más complejos, también competitivos con relación a sus hijos. La misma edad para procrear ha subido y no sólo por motivos de situación; la elegida de una “familia” extendida o alternativa detrás de la fachada de la incompatibilidad está debilitando el valor mismo de proyecto de la vida y muchos chicos no conocen la palabra futúro, para ellos sólo resuenan palabras como precariedad, resignación, ausencia del mañana.

Pero dónde podemos buscar la causa de esto fracaso existencial? En la pura exaltación del placer personal, hasta manifestar un delirio de omnipotencia que excluye todo lo que lleva a la existencia de Dios. El adulto del tercer milenio lueho ha presentado, en sus pretensiones, también la ilusión de poder subvertir cada equilibrio natural, incluso nuestra identidad de macho y hembra, reclamando el poder que el “sentirse” hombre o mujer que hay que devolver al individuo, no más persona, el cuale tiene que liberarse de cada imposición simplemente de carácter cultural.

Ocure por tanto tomar conciencia de la gravedad de estos tiempos y sólo volver a educar a la belleza del Creato, incluyendo en esta el sentido y el valor de la vida en todas sus etapas, podrá volver a dar significado. Si los adultos no restituirán a los jóvenes la debida pertenencia temporal como tapa evolutiva que se construye gracias también a figuras significatívas simplemente concientes de del natural proceso de la vida, vanamente, hipócrita e inmoral será seguir maravillándose delante de eventos como suicidios, violencia, libertinaje de cada tipo de nuestro jóvenes. De 2010 a 2020 el mundo católico ha organizado el decenio del reto educativo, donde cada agencía tenía que constituirse en “parte civil” para la reconstrucción de valores de nuestro País contra esta creciente emergencia.

Sigo sosteniendo, sin embargo, que la familia, la escuela, el territorio está hecho de adultos hoy como poco “distraidos” y que para un verdadero saneamiento antropológico hay que volver al valor de la Persona, Única e Irrepetible, reconquistándone su primado y belleza contra una diabólica negación del valor de la vida. Rieducar por tanto el Corazón y el Espíritu del hombre, así más conciente en su vocación como padre, madre, profesor, educator, joven o adulto.

En el caso del proyecto pastoral faltan sólo unos años a la expiración y esperamos llegar a la conclusión del camino con resultados positívos, al menos en el volver a encontrar aquel carácter de adulto aún demasiado ausente. Papa Francisco en su Encíclica Alabado Seas afirma: “El auténtico desarrollo humano tiene un carácter moral y presupone el lleno respecto de la persona humana, pero tiene que prestar atención también al mundo natural y «considerar el carácter de cada ser y de su mutua conexión en un sistema ordenado ». Por lo tanto, la capacidad del ser humano de transformar la realidad tiene que desarrollarse en la base de la primera originaria donación de las cosas por parte de Dios… La educación será ineficaz y sus esfuerzos serán estériles si no se preocupa también de difundir un nuevo modelo frente al ser humano, a la vida, a la sociedad y a la relación con la naturaleza. De lo contrario seguirá ir adelante el modelo consumista transmitido por los medios de comunicación y a través de los eficaces mecanismos del mercado.”

La humanidad así herida y aún quizás inconciente de estar enferma, tiene que encontrar el justo especialista en la figura del Constructor que conoce cada parte y cada tiempo de esta criatura especial que es el hombre. Encontramos entonces esto ser adultos que significa justo vivir el tiempo de la conciencia que todo pasa y hay que pasar, y que sólo Dios permanece, hallando en Él ek sentido de nuestra existencia. Bien espiritual, natural interlocutor porque somos hechos a Su imagen, majestuoso elixisir por la verdadera Eterna juventud.

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