HUYENDO DE LA GUERRA… EN SILLA DE RUEDA

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Imaginen qué significa vivir en un País destrozado, rasgado por divisiones interiores, en que el futúro no será escrito por sus ciudadanos, sino por hombres de traje oscuro, cómodamente sentados en su sitio discutiendo sobre cual sea la solución mejor para satisfacer los intereses de todos. Y ahora pienses qué significa ser discapacitado cuando la guerra te cae encima. La imposibilidad de correr, de moverse como los demás para huir de las bombas, de las artillerías. La total incapacidad de socorrer tu querido quedado en tierra. Una impotencia desarmante, capaz de enloquecerte.

Alan Mohamed y su hermana Gyan han vivido estos sentimientos cuando las milicias negras del Califato han golpeado las puertas de Al-Hasakah, situada en el noreste de Siria. Ambos con distrofia muscular desde el nacimiento, ambos condenados. Pero es justo en las situaciones de mayor necesitad, cuando casa esperanza parece acabar que el hombre descubre tener una fuerza hasta aquel momento inimaginable.

Los dos no se han quedado ahogados por los eventos. Han planificado su huida, se han sentado en la silla de rueda y han empezado un viaje extraordinario. Desde Siria han llegado en Grecia, atrevesando desiertos, montanas y mar. Y todo sin poder moverse libremente, como cualquier otra persona haría en condiciones normales. Una bofetada a quien subestima las potencialidades de los más débiles.

“Para las personas normales es muy difícil, pero para discapacitados motorios como nosotros es un verdadero milagro” cuenta a Askanews Alan que ahora está en el campo de refugiados de Ritsona. “Cuando ha empezado el bombardeo con mi familia hemos intentado alcanzar la frontera turca – recuerda – Hemos intentado tres veces y tres veces nos dispararon”.

Alan, Gyan y parte de la familia pasaron entonces de Iraq. Y desde allí han subido en las montanas para alcanzar Turquía. “Cuando hemos llegado encima hemos tomado dos caballos” añade el joven. Fueron cargados en bolsas atadas a las espaldas de los caballos y así atraviesaron la frontera junto a la madre, un hermano y una hermana que han arrastrado las sillas. Luego un viaje en un bote lleno de migrantes hasta la isla griega de Chios. Y aquí sorpresa: “En Internet se decìa que las fronteras estaban abiertas para las mujeres embarazadas, viejos y para los discapacitados – explica – pero cuando lleguemos, comprendimos que estaríamos atascados aquí, en Grecia”.

El viaje de Alan y de su hermana se ha quedado en el campo de refugiados de Ritsona, cerca de Atenas. Se trata de un campamento que hospeda cerca 500 personas aunque es difícil calcular el número preciso. La mayoría de los refugiados procede de Siria pero no faltan otras etnías. Todos están esperando conocer su propio destino. Todos tiene que ser registrados para poder solicitar asilo, pedir la reunificación familiar. En las 155 carpas presentes muchos son los niños. A ellos Alan ha decidido dedicar sus atenciones. Día tras día enseña a ellos el inglés, ayudándoles así a comunicar y crearse un futúro en Occidente, lejos de los horrores de los que proceden.

Fotos sacadas del vídeo de Askanews

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