LA NUEVA FRONTERA DEL TERRORISMO

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Autobombas que chocan contra el objetivo, incursiones armadas en los locales de entretenimiento, yihadistas que rellenos de explosivo se inmolan en los mercados, redadas armadas con rifles de asalto en las playas de los centros turísticos.

La estrategia del terror pasa por la crueldad, por la sangre y el dolor, pero aún más por el miedo. El objetivo no es matar el mayor número de personas, que hace también parte del acción criminal, sino inculcar el veneno del terror en el resto de la población afectada.

Y esto se puede hacer de maneras diferentes, también menos sangrientos, al menos en aparencia. El alarma llega por Estados Unidos, lanzado durante un taller organizado por Food and drug administration (Fda) sobre la ciber seguridad de los dispositivos electromedicales. Los dispositivos médicos están siempre más conectados y aún no bastante protegidos. Nuevas generaciones de terroristas hacker podrían manipular “en remoto” aparatos que de salvavidas se transformarían en sistemas de muerte.

Marcapasos, bombas de insulina, robot para intervenciones en sala operatoria: hoy todo pasa por conexiones en red o wireless. Bastaría intervenir en los software para enviar informaciones erróneas y se matarían inmediatamente decenas de personas. Pero como estábamos diciendo, más que el número, sería destrozante el efecto sobre la percepción de seguridad y sobre el miedo de nuevas fronteras de ataques. Una bofetada a las defensas tradicionales.

No son sólo hipotesis. En el mes de abril del año pasado un experimento de Washington University de Seattle, publicado en Arxiv.org, ha demostrado la vulnerabilidad de los cirujanos-robot, posibles sujetos de ataques informáticos ilegales. “Con métodos relativamente cencillos – han explicado los investigadores – hemos podido disturbar las operaciones y tomar el control del robot cirujano. Y también hemos evitado el reseteo del robot, imposibilitando de facto cada tipo de intervención cirujana”.

Ya en 2011 Jay Radeliffe, experto informático con diabetes, envió un mando en línea a una bomba de insulina influenzando a distancia las dosis de sustancia concedidas por el dispositivo implantado. Un planteamiento de este tipo, evolucionado y generalizado, podría poner en crisis sistemas hospitalarios enteros de las grandes ciudades.

Pero cómo se podría hacer el ataque? Uno de los más conocidos es el phishing, es decir el envío a través de correos electrónicos de malware. Sin embargo los tecno-terroristas podrían hacer cosas peores: abandonar memorias usb que contienen virus informáticos que se instalan por sí mismos fuera de los organismos que se quiere afectar, en nuestra hipótesis un gran hospital. Las personas tenden a tomarlas e incluir en su computadora, liberando el virus mismo.

Ya hoy este tipo de ataque es real, pero está cumplido más para obtener un rescate y “liberar” la Organización prisonera que para matar. Los Países de los piratas son Corea, Taiwán, China; pero su ejemplo podría ser seguido por células durmientes yihadistas también en los Países más industrializados. Y sería un gran problema…

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