LA MALEDICIÓN DE BADI

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En Badi están seguros: hay una “presencia demoníaca” que incita las personas a quitarse la vida. Hablamos de un pueblo indio de Madhya Pradesh, con 2.500 habitantes, llegado al primer plan de las noticias por la inusual cantidad de suicidios. Sólo en los primeros 90 días de 2016 se han matado 80 personas. Lo cuenta “Times of India”. “En los primeros tres meses de este año, 80 habitantes se han matado”, ha explicado Amit Singh, uno de los funcionarios locales. “Hay – ha continuado – 320 familias en nuestra aldea y al menos una persona de cada una se ha matado”. Rajendra Sisodiya, el “sarpanch” (es decir el alcalde), está seguro que es una “presencia diabólica” a producir estos suicidios. Él mismo ha tenido que tomar el incarico de su primo, Jeevan, que se ha ahorcado a un árbol delante de su casa. También la madre y el hermano del “sarpanch” se han quitado la vida.

A la pista demoníaca no creen las autoridades sanitarias. Srikanth Reddy, psiquiatra, explica que estos raros suicidios pueden depender de episodios de depresión y esquizofrénicos liados, probablemente, a la tasa alta de pesticidas utilizados en los campos y al estrés financiario. En particular, el médico ha señalado un estudio chino, que había identificado la causa de la depresión de algunos campesinos que se habían suicidado, en ciertos insecticidas con organofosfatos, que están a la base también de unos gases nerviosos. Según la Organización Mundial de la Salud, que ha publicado un informe en 2009, de hecho, existiría un vínculo entre exposición y pesticidas organofosfatos del tipo comúnmente utilizado en China, y pensamientos de suicidio.

“En Occidente, tomas un par de Valium, te llevan a la guardia, haces un lavado de estómago, y vuelves a casa. En China, tomas media taza de pesticida y estás muerto después de dos horas”, dice Michael Philips, director ejecutivo del Centro de Prevención Suicidios del Oms de Pekín. Philips es también el autor de un estudio de 2002 para el periódico británico de medicina “The Lancet” en que escribía que, desde 1995 a 1999, el suicidio había estado la primera causa de muerte para las personas entre 15 y 34 años. Aquel estudio evidenciaba como, en las zonas rurales, las tasas de suicidio fueran tres veces más altas que en las zonas urbanas y, sobretodo, que entre las mujeres la tasa fuera del 25% más alta que para los hombres. Un dato que hacía de China un caso particular, ya que en el mundo la tasa de intentos de suicidio femeninos sono, ciertamente, tres veces los de los hombre, pero estos alcanzan más frecuentemente su objetivo y por tanto tienen una tasa de muerte más alta. La particularidad de China se explica precisamente con el método particularmente eficaz utilizado por las mujeres del País: ingestión de pesticida.

Más allá de los “consuelos” sobre la causa “non demoníaca” de los suicidios, de todos modos hay que señalar como las sectas religiosas constituyen siempre más un verdadero modelo experimental para los suicidios colectivos. Como la tragedia de Jonestown, ocurrida en Guayana en 1978. El Reverendo Jones, fundador de la secta Templo del pueblo, ordenó el omicidio de algunos funcionarios gubernamentales y el omicidio-suicidio de más de 900 adeptos. Muchos otros acontecimientos han afectado sectas religiosas. En 1993 en Waco (Texas) 87 adeptos de la secta davidiana fueron encontrados muertos junto a su líder David Koresh, después de un largo asedio de la policía.A partir de 1994 repetidos suicidios colectivos han afectado la secta del Orden del Templo Solar, con 74 muertos en Suicia, en Cánada y en Francia.

El 20 de Marzo de 1995 se esparce sarin, un gas nervioso, en cinco trenes de Tokio desde Aum Shinrikyo con una matanza:12 muertos y más de 5000 intoxicados. En Marzo de 1997, en el Rancho Santa Fe, en San Diego, en California, hay el suicidio colectivo de la secta Heaven’s Gate (Higher Source) del fundador Marshall Herff Applewhite (“Do”) y 38 adeptos. Después de unos meses, otros dos miembros adeptos según un “copycat suicide”. En el Marzo de 2000, en Uganda, cerca 800 adeptos de una secta apocalíptica, llamada “los diez mandamientos de Dios”, se prendieron fuego después de cantar y sonar por muchas horas en su iglesia, al sur este de Kampala.

De qualquier modo en que se quiera ver, el suicidio colectivo no es ciertamente natural, ni facilmente conectable sólo a una patología depresiva. Es una bofetada a la vida, a la creación, a la custodia del cuerpo humano o, en el caso de los pesticidas, de nuestro planeta. De la creación, en una única palabra. Hay pues algo más, y distorsionado, cuando se llega a hacer estas acciones. Y no hay necesitad de pensar en el satanismo para sentir una presencia diabólica en la misma elegida del camino hacia la muerte.

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