Cuba, pobre pero bella

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Leyendo los diversos artículos de prensa o viendo las noticias de la Televisión Internacional pareciera que con la reapertura de la Embajada de los Estados Unidos en Cuba, se hayan resuelto todos los problemas entre los dos Países, que en los últimos años fueron protagonistas de la llamada Guerra Fría. La realidad es muy diferente. Y para darse cuenta es suficiente hacer un viaje, aunque sea breve, en la isla caribeña.

La estadía tiene que iniciar desde una de las más bellas islas circundantes en Cuba: Cayo Largo. El aeropuerto es similar a aquellos que son reservados en italia a los súper ligeros. Apenas aterrizado, les esperan en la Aduana, los controles de los policías bien corpulentos y como perros, tipo cocker, que más que interesados a las drogas su interés radica en las atenciones de los turistas.

El impacto es agradable: los lugares son paradisíacos y los habitantes, gentiles y acogedores, haciendo que su estancia sea única y encantadora. En este período no le faltará el sol, algún aguacero y, sobre todo el viento, pero, en cualquier momento del día, usted estará deleitado por la apasionante música caribeña: la salsa.

Todo pareciera perfecto en apariencia. La “discreción” de los residentes, por otra parte, no deja mucho espacio para la curiosidad de los visitantes y la respuesta más común es “con Raúl estamos mejor.” A continuación, un camarero o un skipper, tal vez influenciado por un buen vaso de ron, que allí es más utilizado que el agua, se deja llevar a cierta apreciación sobre el escaso salario que les permite vivir con dignidad en una isla del mar azul y de playas muy blancas.

Un himno a la vida y también predecible el agradecimiento al buen Dios, que ha sido especialmente generoso con esta tierra en la que, sin embargo, no tiene patria. El idioma hablado normalmente es el español, pero el italiano pareciera ser el segundo idioma: de hecho, son muchos los turistas que, huyen de la crisis económica en el Belpaese (?!), no les resulta difícil adaptarse en los hoteles que no son de cuatro estrellas.

Existe un racionamiento de electricidad, luces bajas que crean aún más un ambiente de vacaciones en una isla, aún sin estar contaminada por el progreso y por el consumismo. Los chicos, en cambio, se aprovechan de las casas ‘privadas’ alquiladas con autorizaciones del Gobierno, sin duda mucho  más económicas de los Hoteles de los tour operator.

Quizás si Cuba cambie cuando termine el embargo y “los estadounidenses” podrán llevar su moneda pesada, así como también el consumismo que lleva con él … Quien sabe si el Che, que amó tanto a esta tierra, hubiera preferido mantenerla así:  más “pobre” pero quizás más hermosa, porque se respeta la naturaleza del lugar y la dignidad de las personas, que hoy en día, a pesar de su escaso salario, viven sonriendo y no niegan un “Hola” a nadie …

El viento  acaricia las palmeras, el sol baja a descansar y la música se expande en el aire caliente: Hola, Cayo Largo. Me pregunto si voy a tener la oportunidad de verte de nuevo  y sobre todo, quién sabe si dentro de unos años, continuarás a ser la isla del Che … o te convertiras en una “Rimini” del Caribe.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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