EN MANOS DE LOS ADIVINOS

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DIVINAZIONE

Una delusión sentimental, un concurso público desde el cual depende nuestro futúro de trabajo, la posibile diagnosis de una enfermedad grave. Momentos en que la emotividad supera la racionalidad poniéndonos frágiles, impotentes delante de eventos que no podemos controlar, sino sólo aceptar por lo que son. Mil preguntas se abren paso en nuestra cabeza: “Qué pasará?”, “Sufriré?”, “Alcanzaré realizar mis sueños?”. En aquellos instantes el futúro se convierte en una obsesión de la que no estamos capaces de liberarnos. Daríamos qualquier cosa para saber cómo irán las cosas, para encontrar una respuesta a nuestras preguntas. Aunque el camino marcado delante de nosotros se queda apenas visible, podemos imaginar, esperar, sin, pero, saber qué y adónde estaremos mañana. Y en la debilidad de unos días se abre paso la tentación de tener contestaciones fáciles, de encontrar alguien que haga luz sobre lo que nos espera, de tranquilizarnos o incitarnos a resignarnos. Un mecanísmo diabólico que nos lleva hacia estafadores y fanáticos del oculto. Y nuestra alma hunde en la obscuridad.

Son muchas las prácticas adivinatorias con quien, en los siglos, presupuestos adivinadores han construido su propia suerte. A partir de cartomancia, es decir la lectura de Tarot. Es una práctica actuada con una baraja de 78 cartas (llamadas también “filos”), nacidas con finalidades instructivas y utilizadas para predecir el futúro sólo a partir de siglo XVIII, dividido en dos subgrupos. El primero, los “Arcanos mayores”, está compuesto por dos figuras simbólicas (“El Papa”, “la Papisa”, “la Muerte”, “el Colgado” etcétera), el segundo, lo de los “Arcanos menores”, representa en cambio sotas, caballos, reyes y 10 cartas numeradas. Según los esoteristas los primeros darían oráculos sobre las esperiencias de vida de quien se dirige al cartomante, mientras los segundos serían una especie de puntuación. Las respuestas pueden ser de vario tipo: a veces son predictos eventos felices, en otros casos verdaderos desastres. En unas situaciones, pues, está presentada la presencia de una persona negativa en nuestra vida. Alguien listo en obstacularnos en qualquier manera. Las predicciones nunca están limpias, siempre hay un margen de misterio, así que no sea el adivino, sino la “víctima”, a darse la respuesta que prefiere. Así la divinación siempre estará exacta y quien ha disfrutado de esa está incentivado a volver al adivinador, creando un peligroso círculo vicioso.

Mucho más común es Astrología, que parte de la creencia que estrellas, planetas y satélites, en determinadas fases del año puedan condicionar la vida humana. Ciertamente la Luna influye sobre unos fenómenos naturales, como las mareas, y unas situaciones meteorológicas pueden grabar sobre nuestro humor. Pero, aparte de eso, no existe alguna prueba, ni scientífica ni religiosa, de cuanto substenido por los astrólogos. La costola más comercial de esta práctica es el Horóscopo. No hay periódico, radio, tv o sitio internet de información que no tenga una sección dedicada a los signos zodiacales. Para muchos, afortunadamente, sólo se trata de un juego pero no falta quien hace depender sus propias elecciones de vida en base a la posición de Venere o Saturno. Una verdadera manía que, especialmente en esta fase del año, incita a miles de personas ir a edículo para comprar almanaques y revistas especializadas. Acerca del Astrología S. Agostino escribe: “Los astrólogos pretenden que haya en el cielo la causa inevitable del pecado: son Venere o Saturno o Marte que nos hacen cumplir esta o aquella acción, queriendo que el hombre sea sin culpa, él que es carne y sangre y verminosa superbia, y que la culpa recada sobre él que ha creado y substiene el cielo y las estrellas”. En fin, en la visión de uno de los Doctores de la Iglesia, la lectura del cielo es una práctica anticristiana con quien el hombre pretende conocer el proyecto de Dios.

Otra práctica, de la cual se habla menos, es la interpretación de los sueños. Acerca de esto hay que decir que frecuentemente, en los Libros Sagrados, el Omnipotente se revela durante el sueño. baste pensar en San José que mientras duerme recibe el mensaje angélico en que Dios le ordena no repudiar a María, o en José el profeta, que se convierte en la mano derecha del faraón egipcio después de haber interpretado un sueño suyo. Estas capacidades, pero, no están concedidas a todos. Es la Providencia, en la misma manera en que elige profetas y santos, a individuar quien, entre los hombres, podrá interpretar su voluntad. Y la Iglesia, representante de Cristo en la Tierra, es la única que puede averiguar la efectiva inspiración del actividad onírica. El resto sólo es mistificación. San Tomás de Aquino afirmaba que los sueños pueden estar influenciados en primer lugar por las condiciones físicas y psicológicas del sueñador. Respecto a la influencia sobrenatural, ella es a veces demoníaca y “otras veces referible a Dios, que revelas estas cosas a los hombres en sueno por medio de los ángeles”. Se trata, en fin, de casos limitados.

Tarot, Astrología e interpretación de los sueños no son las únicas secciones del Adivinación. Baste pensar en Actutomancia (efetuada a través de los alfileres ), la Cafeomancia (lectura de los fondos de café), la Numerología (cuando las predicciones se hacen a través de números), la Cybermancia (es decir la confianza en oráculos electrónicos), sin olvidar todas aquella derivaciones pagánas, liadas al observación del comportamiento animal y vegetal. Prácticas a veces explicitamente obscuras, a veces aparentemente extravagantes que pero se basan sobre el mismo principio anticristiano: el futúro existe y se puede predecir, por lo tanto la libertad de ser nosostros los artífices de nuestro destino (el regalo más grande de Dios) sólo es una ilusión. Una bofetada a la fe sobre la cual el Catequismo de la Iglesia Católica habla muy claro: “hay que rechazar todas las formas de adivinación: ricurso a Satán o a los demónios, evocación de los muertos u oras prácticas que, injustamente, se supone que ‘revelen’ el futúro. La consultación de horóscopos, el astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de las suertes, los fenómenos de clarividencia, el recurso a medium manifiestan una voluntad de dominio sobre el tiempo, sobre la historia y sobre los hombres y junto a un deseo de hacerse propicias las potencias escondidas. Están en contradicción con el honor y el respeto, unido a temor amante, que sólo tenemos que dar a Dios”.

Traducciòn a cargo de Emanuela Piluso

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