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solitudine

La sociedad de consumo es pobre en afectos y relaciones. Todo tiene un precio, los sentimientos son comercializables, productos de cambio con el dinero. No es retórica, sino dramática realidad. Y si es verdad que “quien tiene un amigo tiene un un tesoro”, también es verdad qie hoy, desgraciadamente, un amigo puede tener un precio, e incluso alto. Un amigo de pago. Es la nueva moda de los “solteros” ricos de última generación, es decir, unas personas solas, sin tampoco amigos o frecuentadores asiduos, que se dirigen a agencías de amistades  “de alquiler”, en un mercado que se encuentra sobretodo en línea y que está aumentando su negocio de manera exponencial. En Occidente y en Oriente, sin distinción, en la globalización de la solitud contemporánea.

En Londres, la City de los grandes negocios, la ciudad más populosa del continente europeo – no más de la Unión Europea, después de la elegida de BrExit – está haciendo estragos el sitio “rentafriend.com” (“alquila un amigo”), que ofrece la posibilidad de “alquilar” la compañía de alquien con quien simplemente pasar tiempo como se hiciera justo con un amigo o al menos con un buen conocido: para dar una vuelta, ir junto al cine o al teatro o a una muestra, a beber algo o para comer, o simplemente charlar, compartir opiniones o contándose espisodios de vida intima. En la desilusión de tener un interlocutor, ser escuchados, y que haya alguien a quien interesa nuestra existencia.

Inscribiéndose al sitio web, se accede a una base de datos de potenciales “amigos de alquiler”, con un costo medio de 50 esterlinas (cerca 70 euros) la hora. Este servicio comercial – explica el “Times”, presentando el éxito del sitio inglés dedicado – fue creado en los Estados Unidos y pronto tuvo éxito en todo el mundo, alcanzando en poco tiempo más de 500000 usuarios en el mundo. Con Londres, de hecho, también Nueva York y Chicago son los lugares donde este servicio se está difundiendo más rapidamente. No es un caso. Es indicativo que justo las ciudades con mayor densidad de alojamiento y mayor intensidad comercial son las que registran el más elevado nivel de solitud existencial. Las grandes metrópolis de los negocios, de la vida con ritmos intensos, donde hay una idéa de libertad como poder adquisitivo y de consumo, la solitud de masas de individuos fisicamente muy cerca, pero lejanos años luz, alcanza grados inimaginables aún en unas pequenas comunidades de periferia.

Los viejos son los principales “clientes”, pero no sólo ellos. También jóvenes estudiantes fuera, empresarios. En definitiva, el target es diferente y amplio, con la garantía de ingresos elevados.

También en Japón, este nuevo método de “socialización comercial” ha aumentado aún más, en los últimos años, en los costumbres japoneses, gracias a numerosas agencías especializadas en este negocio seguro y en crecimiento. El facturado ha doblado en ocho años. Al coste de 1000 yen (cerca 10 dólares) la hora se “compra” la gentil compañía de un hombre o una mujer, sobretodo de edad media.

aquí, de hecho, en el “País del sol”, este “servicio” fue iniciado, como primeros, por los llamados “ossan”, hombres entre los 45 y lo 55 anos. Takanobu Nishimoto, empresario de amistades, cuenta haber empezado hace cuatro años esta actividad para “amejorar la imagen de los hombres de edad media, que no están más en la flor de la vida y la sociedad no los consideran en serio, así buscan alguien con quien pasar unas horas sin sentirse juzgados, sino escuchados”.

Estamos en la temporada de la revolución informática, en que la tecnología ha tomado el control llenando de nada nuestras vidas. Nos contentamos con unos “I like” en nuestras publicaciones en Facebook, llamamos “contactos” simples click en el ordenador y “instrumentos de socialidad” los cuartos telemáticos de los juegos secretos, en que  nos alejamos de los problemas reales diários. En este contexto cultural y colectivo de despersonalización, hemos perdido las relaciones auténticas, a partire de la originaria, fundamenta, con nosostros mismos, con nuestra identitad, con nuestra verdad profunda, con el sentido y el fin de nuestra vida. No sólo el virtual es real, sino no hay tiempo y espacio para otra realidad que no sea virtual, falsa, engañadora.

Esta manera “virtual” de relación está ganando popularidad también entre los adolescentes. El fundador estadounidense de “Rent a friend”, Scott Rosenbaum, tiene 30 años. En Usa, sobretodo, las tarifas son de media más bajas y, por tanto, acessibles a clientes más jóvenes y menos ricos. Se paga una cuenta de ingrso al agencía, una especie de gasto de abono, y cerca 10 dólares (poco más de 8 euros), el equivalente de un Babysitter o un Dogsitter. Se inscribe al sitio, se rellena una tarjeta con sus datos sensibles, indicando sexo, edad, gustos y carácter, se teclea un código y se reserva un “amigo”, eligiendo en un catálogo. Se dan descuentos para “paquetes a tiempo”, con frecuencia asidua, bi o tri semanal. Todo parece tan fácil, si no fuera de verdad muy, muy triste. En la sociedad del negocio, también las relaciones humanas son mercancías, tiene un precio, y son tan más falsas como más caras.

Esta actividad empresarial para-social ha llegado también en Italia, por una periodista portuguesa, para el mercado romano y milanés. Es una bofetada a la humanidad de nuestro tiempo, y a la Iglesia también. Tendría que ser un bofetón, que sacuda las autoridades eclesiásticas por una pastorla ciudadana más eficaz. Así es, entonces, que encuentra más valor la importante petición misionera de Papa Francisco a salir por las calles del mundo, ir por los hogares y encontrar los hijos de Dios, llevando la palabra y el alivio del amigo perfecto, el verdadero amigo, siempre fiel y paciente, Jesús.

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