INNOBLE COMPRAVENTA

420
  • Italiano
  • English
ALDO BUONAIUTO

El comercio de esclavos es un mal del que la humanidad no puede, con culpabilidad, liberarse. Desde la antigüedad hasta nuestros días, se ha cambiado sólo el sistema para recoger los seres humanos convirtiéndolos en mercancías de cambio. El paso de estos desesperados en las manos de los criminales en el desierto y luego a los contrabandistas alimenta un negocio inimaginable. Prostitución, mano de obra, venta de órganos representan los beneficios de este nuevo negocio.

Sin embargo, en el inmediato post-guerra, cuando la destrucción y la pobreza regresaban a los Países vencidos, hubo un deseo de recuperación que expresa una energía combativa dirigida a la conquista de un renovado al bienestar y de una nueva civilización. Este empuje hacia delante determina no sólo la gran recuperación económica, sino también importantes  logros en términos del reconocimiento pleno de todos los derechos civiles y democráticos. Entre las transformaciones que caracterizaron los cambios en acto se coloca la revaluación de la dignidad de la mujer expresada por ejemplo en Italia, con la derogación de la ley Merlin y por lo tanto, con el cierre de los prostíbulos.

A continuación, la pobreza material parecía ser rescatado por una plena posesión de los valores que la miseria de la guerra no habían amortiguado. Hoy nuestra pobreza porque se está convirtiendo  en miseria acompañada de una pérdida de la conciencia. Entre las expresiones de vacío que se han verificado existen los proyectos de ley que buscan de regular la restauración de la prostitución considerandola una actividad “normal” de trabajo.

Siempre se ha dicho que “el trabajo dignifica al hombre,” pero esto sólo puede ocurrir si se trata de una expresión de libertad y no cuando se pisotea profundamente la dignidad de la persona. No se puede hacer negocios del cuerpo humano, como sucede por desgracia, en aquellas tratas que siembran la desesperación y la muerte cerca de nuestras costas. Ninguna forma de esclavitud puede por lo tanto ser regulada ni disciplinada; la ley es para proteger al hombre y a su dignidad.

La prostitución es siempre una conducta que entorpece tanto a los que venden como a los que compran; no es posible mercantilizar el cuerpo sin contaminar también sus almas. El cliente es la expresión de la fragilidad y debilidad humana, sino también de un egoísmo ciego y despiadado que con su propia solicitud alimenta el tráfico internacional de las nuevas esclavas. No es casualidad que en Europa, en línea con lo que siempre ha dicho Don Oreste Benzi, fundador de la Comunidad Papa Juan XXIII, que invitó varias veces a los Estados miembros a adoptar el modelo nórdico, que penaliza la demanda. El ejercicio de la prostitución siempre ha producido dramas y heridas que nunca se han curado. Los signos de los abusos continuos han acompañado la vida de tantas víctimas. Es impensable que un Estado moderno pueda legitimar las formas de violencia de manera sin precedentes es una vergüenza.

Entre las víctimas involuntarias de este mercado cobarde están los  jovenes que corren con el riesgo de crecer considerando como normal o incluso inofensivo la compra y venta de seres humanos con fines sexuales. Nuestra sociedad ha podido dejar a las nuevas generaciones modelos creíbles, ni les ha enseñado la importancia de tomar decisiones de valores; impulsar nuevas formas de violencia, con el agravante de ese malestar interno que les está causando estragos. La Iglesia de Papa Francisco, que abraza a los últimos y los más débiles constantemente insta a los gobiernos a luchar contra todas las formas de opresión y explotación, de acuerdo con las enseñanzas del Evangelio. Este llamado no debe simplemente ser respetado, sino que debe ser plenamente aceptado recordarnos un compromiso cristiano en confrontación a cada persona que sufre a causa de que es privada de su dignidad. Los hombres y las mujeres que promueven un mercado tan lento ocultan su incapacidad de amar en el sentido amplio de la palabra, porque el que ama siempre, en primer lugar, respeta al otro.

Un mensaje, este último, que esta noche será el hilo conductor del “Vía Crucis para las mujeres crucificados”. A partir de las 19.30 horas, desde la Iglesia de Santo Spirito in Sassia, en Roma, recordaremos el Calvario diario de las víctimas de la trata,de la prostitución forzada y de la violencia. Oportunidad para la reflexión y la oración, que desentrañará a través de siete estaciones, para combatir estos males y sensibilizar a quienes gobiernan y en no dejar solas las tantas, demasiadas chicas.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

Avviso: le pubblicità che appaiono in pagina sono gestite automaticamente da Google. Pur avendo messo tutti i filtri necessari, potrebbe capitare di trovare qualche banner che desta perplessità. Nel caso, anche se non dipende dalla nostra volontà, ce ne scusiamo con i lettori.

No hay comentarios