NAVIDAD DE UMAR

172
  • Italiano
  • English

“Cuando veo aquellas imágenes en tv, adonde miles de chicos mis contemporáneos marchan por semanas, desafiando el frío y las aguas del Mediterráneo para tratar de llegar a Europa, vuelvo a ver a mí mismo”. Tiene las lágrimas en los ojos Umar, un pakistaní poco más que veinteañero, mientras repasa la larga odisea que le hice dejar el País en que vivía para huir de los bombardeos de la guerra. “No tienes otra elección. Quitas tu tierra para salvar a ti y a tu familia”.

Vivía en Libia, junto a sus padres y su dos hermanos. Una familia normal, como muchas. La suya era una linda casa; el padre trabajaba mientras la madre cuidaba a los hijos. Un día, de pronto, todo cambió: “A los primeros de Mayo de 2011 – recuerda el joven – mi madre se había ido en Pakistan para saludar a sus familiares; mi padre se fue a recogerla. Mis hermanos y yo nos quedemos en casa. Una noche fuimos levantados por un rumor ensordecedor y por el fuego que, dentro de pocos minutos, hubiera devorado nuestra casa. Fuimos bombardeados”.

Los tres hermanos huyen de su habitación vistiendo pijamas. Alrededor de ellos el infierno: el suelo estaba caliente, el aire irrespirable. “Desde lejos mirábamos nuestra casa que quemaba. Nos soprendían  los colores de aquel fuego. Desde poco tiempo nos miramos en los ojos y comprendimos que desde aquel momento nada habría estado más el mismo”. Gracias al ayuda de un amico suyo, Umar y sus hermanos de 12 y 17 anos consiguen a huir.

“Estábamos solos, sin documentos. Vimos que mucha gente scapaba de Libia a bordo de buques y así decidimos hacerlo nosotros también. Conseguimos a subir en un barco. Después de dos días de viaje, el barco toca las costas italianas. “Hicimos escala en Lampedusa. Pero no sabíamos adonde estábamos; alguien decía que era Tunisía, otros Libia. Estábamos confundidos y asustados. Sin embargo contentos de estar juntos”.

Su odisea continua. En la pequeña isla se quedan sólo por unos días porque todos los tres son menores de edad. Antes son transferidos en una comunidad de Pian del Lago, un suburbio de Caltanissetta. Desde allí, otra transferencia. La destinación es en Termini Imerese, en la provincia de Palermo. Pasan los años y Umar, junto a sus hermanos aprende el idioma italiano. Una bofetada a quien describe a los inmigrantes sólo como criminales.

Consiguen a retomar el contacto con sus padres. Pero ellos se han quedado en Libia, incapacidados a dejar aquel País desgarrado por la guerra. Para los tres hermanos empieza un nuevo largo viaje, esta vez en la burocracia italiana, para obtener el permiso de residencia. “Era un problema gravísimo – dice Umar -. No podìa dejar Termini Imerese sin documentos. Para tener el permiso de residencia tenía que ir a la Embajada de Pakistán en Roma”. Pero para alcanzar la capital, necesita el permiso de residencia, si no se arriesga la expulsión. Una bofetada a quien tiene todos los requisitos para obtener el ius soli pero no puede pedirlo a causa del procedimiento burocrático.

Gracias a la insistencia de una tutora que los asiste, después de tantos tráficos de la Comisaría de Palermo, se consigue a encontrar una solución a corto plazo: un permiso de residencia de 24 horas “para permetirme de alcanzar la embajada en Roma”. Las cosas parecen al final ir bien, pero los líos no se han terminado. En la Embajada fallan el apellido de Umar. Es el empiezo de otra odisea burocrática.

Todo se sale bien y los tres hermanos obtienen el permiso de residencia. Hoy Umar está en el último año del Instituto técnico Stenio de Termini Imerese; el hermano mayor ejerce la función de mediador cultural en Caltanissetta, mientras el menor va a la escuela. Para él esta es una Navidad de paz después de tantas dificultades. “Queremos ayudar a todos aquellos refugiados que hoy están en dificultad, la misma ayuda que nosostros tuvimos”. Después del bachillerato le gustaría ir a estudiar a Inglaterra. “Veremos que me depara el futúro – dice con una sonrisa -. Mientras tanto me quedo en Sicilia ayudando los demás. Cuando veo aquellos muros construidos para impedir a los refugiados de pasar me enfado. Los muros tienen que ser derribados y no construidos”.

Avviso: le pubblicità che appaiono in pagina sono gestite automaticamente da Google. Pur avendo messo tutti i filtri necessari, potrebbe capitare di trovare qualche banner che desta perplessità. Nel caso, anche se non dipende dalla nostra volontà, ce ne scusiamo con i lettori.

No hay comentarios

Dejar respuesta