“HIJO MÍO, TE MATO”

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figlicidio

Tenía sólo dos meses, Farah, cuando su pequeño cuerpo sin aliento y sin alma se colocó en una maleta azul, en Londres. Las manos que la han desgarrado de este mundo eran las de aquella que se suponía que tenía que acompañarla durante la vida. El último viaje de una existencia aún no iniciada, que terminaría en la basura. La joven madre italiana, de unos treinta años, Federica Boscolo Gnoli, confesó con simplicidad, aparentemente sin emoción: “Sí, yo maté a mi bebé.” Fue al comienzo de este año. Era verano, en agosto, cuando, en el Nuevo Continente, Brittany Pilkington, de 23 años, llamó al servicio de emergencia porque su hijo Gavin, de cuatro años, no respiraba más. Los gemelos Noah y Niall, de tres meses, murieron de la misma forma, en julio. “Los sofoque con una manta”, dijo la madre. Siendo todavía una adolescente, tenía cuatro hijos. Los tres niños ya no están. Su marido los amaba demasiado y descuidó a la hija, es la razón declarada a los investigadores para explicar el terrible triple filicidio.

Dos casos, donde se esconden también muchos otros. De una investigación de la Universidad “La Sapienza” de Roma, este es el perfil de las madres asesinas: en la mayoría mujeres entre 18 y 32 años, con un nivel medio de instrucción escolar, y una relación problemática con su pareja. En la mayoría de los casos, los niños asesinados son menores de 7 años. El primer año de vida es el de mayor riesgo. El ahogamiento y la asfixia son las principales causas de muerte. El delito se lleva a cabo en la casa, en el baño o en el dormitorio, en los lugares de intimidad, donde el secreto de la conciencia revela su lado oscuro. El motivo es casi siempre es una patología mental, en los dos tercios de los casos detectados clínicamente. Sin embargo, no sólo trastornos de la persona. La enfermedad puede ser gracias al contexto familiar y sus dinámicas.

Un ambiente cada vez más inapropiado, el de la familia y la sociedad, si los números del crimen infame aumentan dramáticamente. Y rara vez – según los expertos – un acto tan despreciado por el sentido de la compasión humana viene cometido de repente. Y a menudo es el gesto extremo de la soledad existencial y social. Una bofetada al principio democrático del Estado social y el mito positivo del “focolar doméstico”.

Es propio en la familia, de hecho, que se consumen los abusos y las violencia más brutales, los asesinatos, no sólo físicos, sino también psicológicos y morales.

“Gracias a la madre también se puede morir”, fue el lema de la conferencia celebrada en Roma, el pasado mes de septiembre por la Asociación de Abogados especialistas en el Matrimonio. Pero, a pesar del mito de Medea ha elegido a las mujeres en el inmaginario público como protagonistas casi exclusivas del horror del infanticidio, sobre todo por razones de venganza en contra de la pareja y en contradicción con el mito de fábula de que “el amor de madre” es único e insuperable, en asesinar a los hijos no son en realidad, en su mayoría las madres, sino los padres, en el 61,5 por ciento de los casos. Por otra parte, incluso la mitología, que tiene sus raíces en los orígenes de la humanidad, no ignoraba tampoco la complejidad de la realidad cuando comentaba del dios Urano que encarcelaba las crías recién nacidas de Gea en las entrañas de la Tierra.

El mito lleva consigo una verdad que las estadísticas confirman: las madres matan especialmente por problemas psico-afectivos y por venganza, los hombres se convierten en asesinos de sus hijos, principalmente para las dificultades relacionadas a la falta de control de sus reacciones.

Las estadísticas de los padres asesinos son escalofriantes. Del Informe Eures 2015, indica el haber estado en constante aumento en Italia, en los últimos 15 años. Fueron 379 durante todo el período, con un pico en el 2014: uno de cada diez días, 39 episodios, el 77 por ciento más respecto al 2013. Y los mismos son datos subestimados. Algunas muertes de menores quedan en el silencio. Aumentan las víctimas – en el 60 por ciento de los casos, por manos de la madre – menores de 14 años. Son en su mayoría mayores de edad, entre 18 y 34 años, los hijos asesinados por sus padres.

El record de asesinato está en el Norte. En el primer lugar de la clasificación de la lista “negra”, está la Lombardía, con el 17,4 por ciento del total de los casos, seguida por la Emilia Romagna (10,4 por ciento) y Lazio (10 por ciento).

Si el trastorno psiquiátrico es la primera causa del gesto execrable (46,5 por ciento), la segunda causa principal del delito más monstruoso son las dificultades relacionales  (29,3 por ciento), la tercera es la negación de los padres (18,6 por ciento) , la cuarta consiste en la incapacidad de controlar las reacciones. Los datos que dan a que pensar respecto en la salud general de nuestra sociedad, sobre la soledad de las parejas y en las familias y en el deterioro del tejido afectivo que mantiene unidos relaciones naturales y civiles.

Los primeros estudios científicos se remontan a los años Setenta. El psiquiatra canadiense Philip Resnick ha desarrollado una clasificación de los cinco tipos en función del motivo, estudiando 155 casos que se produjeron entre el 1751 y 1967. El filicidio psicótico, cometido bajo la influencia de un psico-patología, como la depresión post partum, la esquizofrenia, el delirio, la alucinación para la adicción a los farmacos o sustancias psicoactivas; altruistas, cumplidas con la intención de aliviar al hijo  del sufrimiento, real o imaginario, presente o futuro; de rechazo, de un hijo no deseado o nunca aceptado y amado; por venganza de la traición o del abandono (síndrome de Medea, de hecho), para causar un dolor a la pareja, o como un reclamo a la atención; accidental, por negligencia, por falta de atención o por castigo excesivo.

El análisis, sin embargo, debe servir para evitar o al menos prevenir problemas y crímenes, y por lo tanto, intervenir a eliminar las causas sociales de la reaparición del fenómeno. La precariedad, existencial, económica, laboral y de afectos, y el factor de riesgo principal, puede convertirse en un peligro real en un contexto negativo multifactorial, cuando la inestabilidad se agrava, por las condiciones de pobreza, por separaciones, violencias domésticas o de traslado de residencia, embarazos no deseados, horarios de trabajo pesados, niños con dificultades de caracter o discapacidades.

Carece, sin embargo, una verdadera cultura de la personalidad libre y autónoma del hijo y, sobre todo, una red social de relaciones saludables. En todos estos casos aberrantes, la descendencia es considerada como un objeto de propiedad o como una extensión de su propio ser enfermo. Y el filicidio es el último acto.

Traducción a cargo de Adriana Montiel

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