La misión de la Palabra

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misericordia

Todos hemos experimentado belleza del diálogo abierto y sincero con un amigo, y ciertamente podemos distinguirlo de otros tipos de comunicación, como el banal intercambio de informaciones o el solitario monólogo. Ser capaces de comunicar, significa poder decir y dar algo a los demás y, al mismo tiempo, poder recibir lo mismo. Cuando comunicamos mostramos estados de ánimo, idéas, conceptos, en otras palabras expresamos nuestra particular manera de estar en el mundo. Se podrìan distinguir las diferentes culturas del mundo justo por el diferente significado que ellas atribuyen a la realidad, a la vida y por tanto también a la facultad comunicativa de los hombres. Si vamos al extranjero por una larga temporada o si estudiamos otro idioma no podemos dar cuenta que la diferencia va más allá de la simple diferencia de palabras, elle se presenta más como una diferente mentalidad, manera de conectar las palabras, de expresar los sentimientos y la misma vida.

La Biblia ofrece un preciso significado de comunicación. Dios crea el mundo y todos los seres vivientes pero sólo el hombre y la mujer son “a su imagne y semejanza”. Dios habla sólo con ellos, los dos son iguales por dignidad y están libres de contestar, aceptar o rechazar su palabra. En la Biblia la comunicación por eso tiene el significado de caracterizar el hombre y la mujer como creaturas diferentes de las otras, de revelar su dignidad y su ser a imagen y semejanza del creador. Podemos decir que el ser humano a través del don de la comunicación participa al acción creadora de Dios: es invitado a dar un nombre a las cosas estableciendo con ellas una relación de dominio. Dar un nombre significa de cualquier modo llamar a la existencia, crear desde de la nada. Adán dando un nombre a todos los animales creados penetra el ser de cada animal y lo hace comprensible. La palabra por tanto no es un simple medio de comunicación, ella media la misma acción creadora de Dios. La semántica del término hebreo “dabar” que significa “palabra” pero también “acontecimiento”, nos ayuda a comprender que en la Biblia la palabra tiene esta función creadora y ordenadora de la realidad (cf. Gn 1,3) y en definitiva permite a los hombres de reconocerse iguales por dignidad y comprenderse a pesar de las diferencias.

Hoy tenemos técnicas de comunicación poderosas y refinadas, no obstante asistimos a una especie de devaluación de la comunicación y de la palabra, esta parece que ha perdido su fuerza, siempre más a menudo inventamos palabras sólo para atraer el atención y subrayamos la distancia entre el mundo “falso” de las palabras y lo “verdadero” de los hechos (decimos de hecho “queremos hechos… no palabras”). Es importante por tanto devolver a las palabras su función creadora y ordenadora de la realidad, esta perspectiva podrìa hoy ayudarnos también para realizar una convivencia constructora y pacífica en nuestros países, sin desconocer los valores de las diferentes culturas y evitando adoptar los unos con los otros actitudes hostiles y de cierre.

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