Aquel grito que sacude los cristianos

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misericordia

Nadie tiene un amor más grande de quien da la vida. El evangelista Juan presenta como culminación del amor de Dios (Padre) al hombre cruel del Hijo en la cruz, que es también la prueba más alta del amor de Dios para la humanidad. Esta es la fuente del amor cristiano! Justo de la cruz Jesús incita los discípulos a correr hacia el próximo, a descubrir su presencia misteriosa en el servicio a los últimos de la tierra: quien está perseguido, desnudo, enfermo, hambriento, en la cárcel, extranjero o esclavo.

Amar no con palaras sino con los hechos, esta es la calidad del amor que garantiza el autenticidad  cristiana y hace que el amor no rebaje a puro sentimentalismo. Porque una fe viva es también una fe operosa, elle se mide en el metro de la caridad e incita a empeñarse en lo concreto de las situaciones combatiendo la tentación de refugiarse en el privado y de taparse las orejas delante del grito de los pobres contra la injusticia.

Pero hay que ser pobres para comprender los pobres, porque la pobreza incluye todos. Sólo en Jesús Cristo se hace visible esta verdad, la humana pobreza, y qué significa la vida libre y llena de amor, justa y solidaria hacia los hombres. Con su sacrificio Jesús eleva la pobreza humana, caracterizada por el límite, por la fragilidad, por el pecado y la muerte, a la comunión con Dios: la encarnación tiene esta dimensión de la restauración de la verdadera imagen de Dios en el hombre. En cuanto imagen de Dios los hombres están asumidos en la filiación, como hermanos de Jesús, y el Padre de Jesús se convierte también en Padre de todos los hombres. Dios se involucra en la integralidad de su ser trinitario en esta relación, en esta oración, que se convierte por eso en constitutiva, interior, ontológica, se trata de una relación que es don del Espíritu Santo.

En el amor al próximo que se ve, el hombre vive también el amor a Dios que no se ve: es la realización de aquella unidad entre hermanos y con Dios, que se identifica con el próximo, que es la origen de todo el amor que circula entre los hombres. Cada vez que se habla de amor, de hecho, el reyente sabe que la fuente de este amor es Dios: Dios es amor. El amor de Diso fue donado a los seres humanos en el Hijo (Jesús), muerto y resuscitado, y es por medio del Espíritu Santo que los hombres son capaces de amar a razón del don recebido. El cristiano, a través de los sacramentos, puede vivir el amor en todo lo que hace, en la cotidianidad de sus elegidas. Puede participar de todos los pensamientos y sentimientos de Jesús, como hizo María, la llena de gracia y virtud, la designada entre todas las criaturas, en que se realizó la vocación de cada hombre, la de participar a la vida celestial.

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