DON GIANNI: EL CORAZÓN DE LA RED

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Una historia de generosidad, de solidaridad, de simple comprehensión humana delante de una difícil situación vivida por el próximo. Podríamos llamarlo en muchas maneras pero lo que queda de verdad del buenísimo gesto de don Gianni Vettorello, capellán de la Policía de Estado, es la espontánea humanidad que exuda, más allá de cualquier vestido o misión. Protagonista de esta historia, una pareja del pueblecito veneto de San Bortolo, obligada a vender sus anillos de boda para paliar a las muchas, demasiadas dificultades ecinómicas. Un drama que ha afectado profundamente el sacerdote, y que fue para él un motivo suficiente para decidir salir al campo y ayudar en persona, dentro de lo posible, aquel matrimonio así afligidos por un malestar demasiado grande para enfrentarlos solos, a recuperare el emblema de su amor. Desde aquí, la construcción (de la nada) de una verdadera red de solidaridad, entrelazada mediante una plataforma hoy más nunca contestada por sus efectos negativos, como el social network. Una red que ha recibido dentro de ella no sólo la generosidad de don Gianni, sino aquella de muchas otras personas, unidas en querer devolver a la pareja  un rayo de esperanza, más del símbolo más grande de su unión matrimonial.

Dignidad que devolver

“En realidad – ha explicado a In Terris el mismo padre Vettorello – aprendí yo también la noticia por los periódicos y me quedé muy sorprendido cuando leí de la venta de los anillos. Inmediatamente comprendí que, para llegar a este gesto, lo que estaba pasando era la desesperación de una familia. Por esto he intentado contactarla, haciéndome explicar la situación que estaban viviendo. Antes intenté ayudarlos dándoles dinero, para hacer frente a su emergencia. En el mismo tiempo, sin embargo, he pedido cuál era la medida de sus anillos”. Sì, porque a lado de la simple asistencia, lo que era importante en aquel momento era la restitución de la dignidad misma de la pareja, el restablecimiento afectivo y material de aquello que, para cada esposo, representa la unión por la vida reciprocamente prometida delante del Señor: “Junto a otros amigos, que se han unido a mí en esta iniciativa, en un primer momento hemos pedido los anillos pero desgraciadamente ya le habían fusionado.Entonces, a través de Facebook, hemos pedido ayuda a otros amigos, los cuales han hecho cuanto esté. Alguien incluso ha ofrecido sus anillos, pero la medida era demasiado grande. Al final, mediante donaciones de oro, conseguimos contactar un joyero que inmediatamente se ha hecho disponible para crear los nuevos anillos”.

Entre llanto y estupor

Un camino no demasiado largo, terminado con la restitución de los anillos a los dos desafortunados cónyuges que, de alguna manera, han visto en este gesto no sólo la importancia de recíprocos actos de solidaridad humana, sino también una nueva posible esperanza de renacimiento: “Cuando he dado los anillos a la pareja, inmediatamente se han dejado a un llanto liberatorio mezclado al estupor, para recuperar el signo tangible de su unión que ya creían haber perdido”.

La Italia escondida

Por una vez, el instrumento “social” se ha convertido en un medio para vehicular un intento positivo, demonstrando cómo, si bien utilizado, pueda realmente desempeñar una importante función para llevar el atención del pueblo (de la red y no) sobre historias de vida que, de otra manera, permanecerían a los límites de la sociedad, en las periferias: “La que se creó fue una red de solidaridad: después de leer mis post, muchos me paraban por la calle donándome algo para ellos o simplemente dicéndome cómo fuera bonito que un sacerdote se empeñara así para devolver los anillos de boda a una pareja. Y, en esta circumstancia, he constatado que el social fue muy útil y que se puede traer el bien también de este instrumento”. Obviamente, la libertad de expresión que está en las plataformas de comunicación web, no ha escatimado a don Gianni también unas críticas, avanzadas por alguien que, evidentemente, no había comprendido bien que la iniciativa del sacerdote fue dictada sólo por la simple solidaridad y nada: “También he recibido unas ofensas a nivel personal, sobretodo por mi papel de sacerdote. No obstante, yo hice todo de mi bolsillo: no soy un cura y tampoco tengo recursos ilimitados. Hice todo lo que podía hacer, pero por ahora tengo que pararme aquí, aunque muchas personas, después de este asunto, siguen pedirme ayuda. Lo que he constatado viviendo en primera persona esta historia, es que existe una Italia escondida, desesperada, que demasiado a menudo encuentra las puertas cerradas. Hay quien, por una parte, se esfuerza por el próximo, pero también quien aún trabaja a demonstrar generosidad en unas situaciones”.

El camino de Francisco

Poresto, nunca como en la época histórica que estamos viviendo, centrar el atención en la construcción de una red de colaboración solidal que de alguna manera, haya contribuido a aliviar los sufrimientos de alguien más (o al menos a encender los reflectores sobre un asunto de íntimo dolor) es más que necesario. Además, ha terminado don Gianni, “Papa Francisco nos ensena esto: tener una mirada sobre los últimos y llegar a ellos a través de simples obras de humanidad y generosidad”.

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