El año de las cuatro hambrunas Largos conflictos civiles provocan crisis alimentarias en Sudán del Sur, Somalia, Nigeria y Yemen

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La mayor parte de las fotografías que se usan en los medios para ilustrar las hambrunas son de niños, los que más las sufren. Casi siempre son de archivo, de semanas o meses atrás. De crisis alimentarias anteriores, localizadas en esos mismos lugares. El Cuerno de África, el Sahel, Sudán del Sur… Vuelven las hambrunas que nunca se fueron.

Sus protagonistas son menores con nombres y apellidos que a veces sobreviven y a veces mueren ese mismo día. O días después. Como el hambre vuelve cada cierto tiempo, el pequeño se somete a otra prueba de supervivencia cada dos o tres años. Zakia, la pequeña de la foto que ilustra este artículo, tenía dos años cuando este periodista le tomó la instantánea en un centro de desnutridos de Save The Children en Zinder, cerca de la frontera entre Níger y Nigeria. Corría el año 2012 y los refugiados ya llegaban en masa desde el sur huyendo de los terroristas de Boko Haram. Hoy toda la zona está llena de campos de desplazados.

Nadie puede sentirse sorprendido ahora de que haya hambruna en esta región del Sahel. Ni en Sudán del Sur, en medio de un conflicto civil desde 2013, ni en Yemen, con una guerra sangrienta desde hace dos años. Ni por supuesto en Somalia, una de las zonas más golpeadas desde los años 90. Que coincidan cuatro grandes crisis alimentarias en el planeta es algo intolerable en un mundo donde se tiran al día miles de toneladas de alimentos en perfecto estado, pero también era algo predecible desde hace años.

Estas hambrunas no son maldiciones bíblicas, ni plagas, ni sequías, ni inundaciones. Lo que las relaciona a todas y las provoca es la mano del ser humano. Y esa característica las convierte en algo mucho más difícil de erradicar. Cerca de 1,4 millones de niños están en riesgo inminente de morir por malnutrición severa. Nunca antes en los últimos 20 años ha habido tanta gente en peligro. Un auténtico fracaso como especie.

James Elder, director de comunicación de Unicef para África del Sur y del Este, asegura que “Somalia, Nigeria, Sudán del Sur y Yemen sufren el conflicto persistente de una u otra forma, además de sequías muy severas y niveles endémicos de desnutrición infantil e inseguridad alimentaria. Otro factor en común es la ausencia de programas humanitarios de largo recorrido en todos ellos”.

En todas estas zonas, la ayuda de las ONG y las organizaciones internacionales pueden contribuir a paliar en algo la crisis, pero nunca solucionarla del todo. Chiara Saccardi, jefa del equipo de emergencias de Acción Contra el Hambre, cree que “las herramientas humanitarias no bastan para acabar con estas hambrunas. La responsabilidad es sobre todo política y la tienen otros. La soberanía de estos países tan inestables no se resuelve de la noche a la mañana”.

El mejor ejemplo es Sudán del Sur, un país fértil donde 100.000 niños pueden morir de hambre en las próximas semanas. La razón es que tanto el Gobierno como los rebeldes impiden el reparto de comida en las zonas que ambos controlan, provocando así hambrunas inducidas, un método ya usado por Stalin en Ucrania en los años 30. Desde al menos hace un año los datos de mortalidad infantil ya eran lo suficientemente preocupantes como para que Naciones Unidas hubiera decretado el estado de hambruna. En cambio, por una decisión política, esto se ha demorado para no liberar los fondos necesarios por estar empleados en Siria e Irak. Muchas ONG han congelado sus programas por culpa de la violencia y la limpieza étnica que gobierno y rebeldes practican en el país. No hace falta sólo comida, hace falta que permitan que se reparta. El Programa Mundial de Alimentos realiza enormes esfuerzos para lanzar sacos de grano desde sus aviones a áreas aisladas.

La tragedia está anunciada desde hace años y se está cumpliendo según el guión. En Nigeria, Boko Haram quema aldeas, saquea graneros, mata a los hombre y secuestra a niños y mujeres. “Estamos ante el peor año de El Niño, el fenómeno climático, en 35 años. Eso provoca una gran sequía en estos países, pero la mano del ser humano no puede ser más mortífera”, dice Elder. La violencia yihadista en el norte del país provocará 450.000 casos de desnutrición severa a una población que huye.

Somalia ya vivió la primera hambruna del siglo, en 2011, y puede vivir otra este mismo año. Pero lo que ya sufre se acerca bastante. Se trata de un estado fallido golpeado por más de 20 años de guerra civil, yihadismo y desertización. La ONU calcula que unos 185.000 niños padecerán desnutrición severa. Por último, en Yemen, 462.000 niños sufren este problema, casi un 200% más que en 2014, debido a un conflicto que dura ya dos años.

Hace unos meses este periodista intentó ponerse en contacto de nuevo con los miembros de la ONG para visitar de nuevo a la niña nigerina de la fotografía cuando cumpliera cinco años. Recibió un correo de Awa Ngom, miembro de organización: “Hemos hecho nuestras comprobaciones sobre el terreno. La pequeña Zakia murió hace dos años“. Esta misma semana Unicef también usó una imagen de una niña de Sudán del Sur en las redes sociales. Un día después, una trabajadora comunicó su muerte.

Sacado de “El Mundo”

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