El fin de la era dorada del exilio cubano

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En su última semana en el cargo, Barack Obama ha puesto a los cubanos que escapan de la dictadura al mismo nivel que a los salvadoreños, hondureños o guatemaltecos que huyen de la violencia del narcotráfico en sus países. En otras palabras: todo cubano que aparezca en Estados Unidos y no pruebe que es objeto de persecución política en su país de origen será devuelto a la isla.

Hasta ayer, los cubanos que llegaban a EEUU recibían automáticamente un visado. Al cabo de 366 días, podían solicitar el permiso de trabajo y residencia en el país. Eso solo se aplicaba si los exiliados estaban en tierra firme de estadounidense. Si los descubrían en el mar, eran devueltos a Cuba. De ahí viene la expresión ‘pies secos, pies mojados’, con la que se conoce a ese sistema. EEUU mantiene, no obstante los 20.000 cupos legales para cubanos, que sortea cada año, lo que en La Habana denominan “el bombo”.

Los cubanos temían que algo parecido iba a pasar desde que EEUU y Cuba iniciaron su deshielo en diciembre de 2014. Las cifras así lo demuestran. En 2014, 24.278 personas huyeron de la isla a EEUU; en 2015, 43.159; en los ocho primeros meses de 2016, 46.635. Los ciudadanos de Cuba que quieran escapar sabían que la ventana se iba a cerrar rápidamente. Y así ha sido.

La mayor parte de los exiliados–o emigrantes, que eso va por barrios–pasan a Centroamérica y, de allí, a EEUU. Desde ahora deberán cruzar la frontera como ilegales y, una vez en territorio estadounidense, solicitar estatuto de refugiado político. Es una tarea complicada, porque la Administración estadounidense está sobrecargada de peticiones en ese sentido de personas de todo el mundo, y los casos se suelen demorar meses o incluso más de un año.

Encima, a partir de este año se encontrarán con el muro que Donald Trump quiere construir en la frontera con México, y con las drásticas medidas contra la inmigración ilegal que el nuevo presidente planea poner en práctica. Trump, que contó con el apoyo del voto exiliado de Miami, podría ser el presidente que acabe con el privilegio en inmigración de esos exiliados.

Es una norma que se basa en la Ley de Ajuste Cubano de 1966, pero que fue creada por Bill Clinton a mediados de la década de los noventa. Era la época de más poder del exilio cubano, cuando el presidente de EEUU tuvo que aprobar la Ley Helms-Burton, que establecía sanciones a empresas de terceros países que invirtieran en Cuba para poder ganar la reelección. Hoy, el poder del exilio cubano se está desvaneciendo. EEUU ha decidido que sus relaciones inmigratorias con Cuba deben ser como las de cualquier otro país. El Partido Republicano ha dado la callada por respuesta.

Es, literalmente, el fin de una era. Así lo dijo Obama el jueves: “Al tomar esta medida tratamos a los migrantes cubanos de la misma manera que tratamos a los migrantes de otros países”.

Cuba no sólo ha aceptado el trato, también lo ha celebrado. “Un importante paso en el avance de las relaciones bilaterales” con el que se garantiza una “migración regular, segura y ordenada”. Así resumió el gobierno de La Habana el acuerdo histórico alcanzado el jueves, publicado ayer por el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC). Sin duda, el momento más álgido del deshielo entre los dos países.

Fidel Castro utilizó durante su medio siglo de mandato la emigración como válvula de escape para los problemas sociales de la isla. Primero fueron las salidas masivas de finales de los 50 y primeros años de la década siguiente. Pasó el tiempo hasta la siguiente oportunidad, en 1980, cuando el Líder Histórico de la revolución se vio obligado a abrir la espita de su olla a presión social para dar salida por el Puerto de Mariel a 125.000 cubanos, los más disconformes.

“El Caballo” repitió la operación en 1994, con la famosa crisis de los balseros, cuando el país vivía una de sus peores crisis durante el Periodo Especial. En aquella ocasión fueron entre 30.000 y 40.000 los cubanos que llegaron a Estados Unidos. Sin duda, los más desesperados. Pocos meses después Clinton implantó la política de los “pies secos, pies mojados”.

Raúl Castro, pese a la utilidad que le ha dado su régimen a la válvula de escape, pese a las remesas millonarias que llegan desde el vecino del Norte, tiene ahora otros problemas más acuciosos. Dos principales: una población envejecida incapaz de enfrentarse a los retos económicos para reformar la economía revolucionaria y la fuga de los talentos, destinados en el catecismo castrista a echarse el país a sus espaldas.

También, y de un solo plumazo, Obama da por finalizado al programa refugio para los médicos cubanos enviados al exterior, “una virtual operación internacional de robo de cerebros promovida por Estados Unidos desde 2006 y un atentado contra las misiones médicas humanitarias y solidarias”, destacó el gobierno de La Habana.

Entre la disidencia cubana, mientras tanto, división de opiniones. “La lucha por nuestros derechos y el bienestar aquí dentro es la única salida”, concluyó José Daniel Ferrer, líder de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu). El ex prisionero político santiaguero vaticina que el gobierno va a mantener la represión contra las voces disidentes, pese a que ya en 2016 se rompieron records históricos con casi 10.000 detenciones.

Manuel Cuesta Morúa, líder del Arco Progresista, apoya la medida tomada por Obama y adelanta que de esta forma subirá la presión y la temperatura, otra vez, de la olla exprés cubana.

Sacado de “El Mundo”

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