“No tengan miedo de escuchar el Espíritu que le sugiere elegidas audaces” Texto integral de la carta escrita por Papa Francisco a los jóvenes en ocasión de la presentación del documento preparatorio del próximo Sínodo de los Obispos

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A continuación ofrecemos la carta escrita por Papa Francisco y dirigida a los jóvenes en ocasión de la presentación del documento preparatorio de la XV Asamblea General y Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en programa en octubre de 2018 en Vaticano.

“Queridísimos jóvenes, estoy contento de anunciarles que en octubre de 2018 se celebrará el Sínodo de los Obispos sobre el tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional». Quise que fueran ustedes en el centro del atención porque los tengo en mi corazón. Justo hoy se presenta el Documento Preparatorio, que recomiendo a ustedes como “brújula” en este camino.

Me vienen a la mente las palabras que Dios dirigió a Abraham: «Vete de tu tierra, de tu parentesco y de la casa de tu padre, hacia la tierra que yo te indicaré» (Gen 12,1). Estas palabras están dirigidas hoy a ustedes también: son palabras de un Padre que le invita a “salir” para lanzarlos hacia un futuro no conocido sino llevador de seguras realizaciones, hacia el que Él mismo le acompaña. Le invito a escuchar la voz de Dios que suena en sus cortazones a través del aliento del Espíritu Santo.

Cuando Dios dijo a Abraham «Vete», qué quería decirle? No ciertamente huir de sus queridos o del mundo. El suyo fue una fuerte invitación, una vocación, para que dejara todo y fuera hacia una nueva tierra. Cuál es para nosotros hoy esta nueva tierra, si no una sociedad más justa y fraternal que ustedes desean profundamente y que quieren construir hasta las periferias del mundo?

Pero hoy, desgraciadamente, el «Vete» asume también un significado diferente. Lo de la prevaricación, de la injusticia y de la guerra. Muchos jóvenes están sumidos al chantaje de la violencia y obligados a huir de su país de nacimiento. Su grito sube hasta Dios, como lo de Israel esclavo de la opresión del Faraón (cfr Es 2,23).

Deseo también recordar a ustedes las palabras que Jesús dijo un día a los discípulos que le preguntaban: «Rabbì […], dónde vives?». Él contestó: «Vengan y vean» (Gv 1,38-39). También a ustedes Jesús dirige su mirada y le invita a ir hacia Él. Queridísimos jóvenes, encontraron esta mirada? Oyeron esta voz? Sintieron este impulso a ponerse en camino? Estoy seguro que, a pesar del ruido y el aturdimiento parecen reinar en el mundo, esta llamada sigue suenando en su ánimo para abrirlo al alegría llena. Esto será posible en la medida en que, a través del acompañamiento de guías expertas, sabrán emprender un itinerario di discernimiento para descubrir el proyecto de Dios en su vida. Aunque cuando su camino está marcado por la precariedad y la caída, Dios rico de misericordia tende su mano para levantar a ustedes.

En Cracovia, en el abertura del último Día Mundial de la Juventud, le pedí más veces: «Las cosas se pueden cambiar?». Y ustedes gritaron juntos un fuerte «Sí». Aquel grito nace de su corazón que no soporta la injusticia y y no puede agacharse a la cultura del descarte, ni ceder a la globalización de la indiferencia. Escuchen aquel grito que sube de su intimidad! También cuando sienten, como el profeta Jeremía, la inesperiencia de su joven edad, Dios le anima a ir donde Él le envía: «No tengas miedo […] porque yo estoy contigo para protegerte» (Ger 1,8).

Un mundo mejor se construye también gracias a ustedes, a su gana de cambio y a su generosidad. No tengan miedo de escuchar el Espíritu que le sugiere elegidas audaces, no se demoren cuando la conciencia le pide de correr el riesgo para seguir el Maestro. También la Iglesia desea ponerse a la escucha de la voz de ustedes, de su sensibilidad, de su fe; hasta de sus dudas y de su críticas. Hagan sentir su grito, dejen que suene en las comunidades y qué llegue a los pastores. San Benedicto recomendaba a los abades de consultar también los jóvenes antes de cada elegida importante, porque «a menudo es precisamente al más joven que el Señor revela la solución mejor» (Regla de San Benedicto III, 3).

Así, también a través del camino de este Sínodo, mis hermanos Obispos y yo queremos convertirnos aún más en «colaboradores de su alegría» (2 Cor 1,24). Le recomendo a María de Nazaret, una joven como ustedes a que Dios dirigió Su mirada de amor, porque les tome la mano y le lleve al alegría de un «Aquí estoy» lleno y generoso (cfr Lc 1,38).

Con cariño paterno, Francisco”

Desde el Vaticano, 13 de enero de 2017

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