PAKISTÁN DICE ADIÓS AL CRIMEN DE HONOR

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El drama de las mujeres pakistaníes víctimas de violencia por los familiares. El trabajo de una directora galardonada y su contribución a la pronunciación del Asamblea Nacional. Mujeres de una cultura completamente diferente por la nuestra, pero unidas a nosotros en la lucha contra cada forma de violencia, una lucha que ha encontrado su celebración en el 25 de noviembre pasado, gracias al Día internacional para la eliminación de la violencia contra las mujeres. Ella, Sharmeen Obaid-Chinoy ha ganado dos Oscar para el mejor cortometraje documentario, uno en 2012 con “Saving face” y otro en 2016 con “A girl in the river: the price of forgiveness”.

Sharmeen, 38 años, direcotra y periodista pakistaní, ha ganado dos importantes estatuillas y pisado el alfombre rojo del Kodak Theatre de Hollywood. Junto a otras activistas, ha inspirado su País para el aprobación de la ley contra los crímenes de honor, ocurrida el mes pasado. Es una disposición histórica que conlleva una pena de 25 años de detención hasta la cadena perpetua y suprime el llamado “perdón” por parte de las familias de las víctimas. Según los datos ofrecidos por la comisión para los derechos humanos de Pakistán, en 2015 los asesinatos de mujeres por un familiar fueron 1.096 (aunque la cifra real parece mayor) cumplidas porque, casi todas las veces, se desaprobó la conducta femenina. Justo por normas introducidas cerca hace treinta años, en Pakistán era posible evitar la cárcel si el asesino era personado por la familia de la víctima.

En el julio pasado, ha suscitado gran escándalo el asesinato de la bloguera de 26 años Qandeel Baloch, seguida por miles de followers en los sitios sociales y criticada por los conservadores de su País porque intentó derribar los tabúes de que está impregnada la sociedad islámica. El hermano de Qandeel se sintió avergonzado por sus declaraciones social y, después de drogarla, la estranguló y, posteriormente, obtuvo la libertad gracias a un abocado que hizo valer justo el crimen de honor.

Hoy, con la nueva ley, el “perdón” puede salvar los asesinos sólo de la uò salvare de la condena a muerte, pero no se podrá más evitar la cárcel. “En unas ciudades o pueblos de Pakistán – ha afirmado Sharmeen presentando el documentario “A girl in the river: the price of forgiveness” – aún hay gente que piensa que los crímenes de honor no representan un crimen, porque nadie va a la cárcel. Así, con mi trabajo quise denunciar esta situación. La gente tiene que darse cuenta que son crímenes gravísimos que no están relacionados ni con la religión ni con la cultura. Se trata de asesinatos premeditados que hay que castigar con la prisión. Los crímenes de honor son como una epidemia y creo que ninguna mujer pueda sentirse segura hasta que no se encierren en la cárcel todos los responsables de estos crímenes”.

En “Saving face”, la directora sacudió el mundo sacando a la luz el drama de las mujeres pakistaníes desfiguradas por el ácido a manos de maridos o familiares. El reportaje ha seguido el trabajo de un cirujano plástico que ha intentado salvar la cara de estas mujeres con una serie de dolorosas intervenciones quirúrgicas.

En el último trabajo cuenta la verdadera historia de Saba, una chica de 19 años huida de casa después de enamorarse de un chico de un barrio muy pobre Islamabad. Golpeada brutalmente por el padre y por el tío porque se atrevió a elegir un chico que no está en los cánones establecidos por la familia, los dos hombres han llegado a apuntarle una pistola en la cabeza y pegarle un balazo, en la orilla de un río. El disparo, milagrosamente, no resulta mortal: le atraviesa un ojo y la boca pero no hace daño a los órganos vitales. Padre y tío, pero, la creen muerta: la envolven en un saco de arpillera y la echan en el río, seguros de haber restablecido el honor de la famila. Saba alcanza a sobrevivir: ella a diferencia de muchas otras mujeres pakistaníes salió viva de la crueldad del crimen de honor.

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