BONZAI, VIDAS EN EL HUMO

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bonzai

Es difíl pensar en una situación tan degradada como la toxicomanía en términos “clasistas”, no obstante allí también existen las periferias de las periferias. El subidón para salir de una situación crónica de miseria, o de desesperación, que no cueste nada, en términos de dinero. Pero que desgraciadamente tiene un precio altísimo en vidas humanas.

Sucede en Turquía, donde hay una verdadera matanza de pobres y migrantes por culpa de una droga sintética que está ganando terreno en los sectores más bajos de la sociedad turca, dejando atrás vidas en pedazos. La sostancia ha empezado a extendirse en muchos barrios desgraciados de la clase obrera de Estambul, áreas que a menudo tienen una población de mayoría kurda y se caracterizan tradicionalmente por altos niveles de desempleo y pobreza.

Sin embargo también en Bulgaria, donde cada verano llegan miles de afganes pasando por tierra desde Turquía para quedar atrapados luego. Transcurren las tardes en le parque de la ciudad a la sombra de la mezquita, donde fuman una droga sintética que llaman bonzas (o bonzai), con graves consecuencias para su salud.

El efecto dura un cuarto de hora, pero es inmediato: a la segunda calada de sigarillo. Se trata generalmente de marijuana sintética, hierba cualquiera en que han sido rociadas sustancias estupefacientes. El bonzai se vende en los off-license shops por toda la ciudad, a la vista de todos. Parece hierba seca y técnicamente lo es: por esto cuesta poquísimo.

Una pequeña bolsa de plástico contiene de dos a cinco gramos y su precio asciende a 10 Lev búlgaros, 5 Euros. Cerca un cuarto de la marijuana natural. Pero, como veremos, se puede encontrar otras cosas con costes más bajos. Con riesgos altísimos para la salud.

“Los cannabinoides sintéticos de primera generación – ha explicado el profesor Fabrizio Schifano de la Universidad de Hertfordshire, especializado en psiquiatría y clínica farmacológica – tenían una potencia 5 – 10 veces superior a la del Thc de la cannabis. Ahora estos de última generación llegan hasta 10.000 veces la potencia. Entre otras cosas, la farmacología de los cannabinoides sintéticos es mucho más compleja frente a la cannabis normal. Porque la cannabis normal sólo actua sobre los receptores de los cannabinoides, mientras los diferentes cannabinoides sintéticos en realidad actuan también sobre otros receptores, entre los cuales la serotonina, la noradrenalina…”

En resumen, un subidón total casi sin coste alguno. Una manera para huir de la realidad, un estratagema que los señores de la droga utilizan para ganar dinero para echar también las últimas monedas de estos desesperados. Cuya vida, ya difícil, cae en el infierno.

Al inicio la gente creía que el bonzai era un estupefaciente vegetal inócuo, así también quien antes consumaba cannabis pasó a consumar esta sustancia. En 2012 las autoridades han comprendido la gravedad de esta nueva tendencia y han empezado a ejercer controles doganales duros, haciendo más difícil el contrabando del bonzai.

Por tanto, los narcotraficantes turcos empezaron a producir una imitación, trabajando no la original cannabis, sino otros vegetales cubiertos con un cierto número de sustancias químicas peligrosas, como insecticidas y, según unas fuentes, veneno para ratas, introduciendo el subrogado en el mercado a un décimo del coste del bonzai original. Presentado como tal pero mucho más peligroso que aquello.

Es una infernal incursión. Drogas siempre más sucias para un mercado siempre más pobre y desesperado. El eslabón más bajo de una cadena ya deformada; el utilizo de sustancia estupefacientes de hecho, también el el moderno Occidente, engorda la criminalidad y arruina las familias. Es increíbile sólo pensar en esto, pero también el el terrible mundo de la droga existen los últimos, los más pobres, los indefensos.

Quien toma el bonzai está mal, muy mal: arcadas, mareos, náusea, perdida de lucidez, alucinaciones y dificultades para hablar. A veces se muere. Y la cosa triste es que muchos prefieren recorrer este camino, incapaces de imaginar una solución al abandón en una pobreza que les apreta.

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