Un hombre no es su error

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pieri

El Jubileo de los detenidos es quizás la culminación del Año Santo extraordinario querido por el Papa. Decía don Oreste que el contrario de la Misericordia es la venganza. Nuestros penitenciarios, aunque siendo dirigidos por personas buenísimas, aún hoy son lugares de castigo. Delante del fallo, del error la respuesta que la sociedad ha elaborado hsta hoy es un sistema de revancha: la prisión.

Este Pontífice nos está proponiendo de cambiar perspectiva, de mirar al mundo y al creado con una mirada de misericordia. Y esto tenemos que empezar a hacerlo precisamente con los que comitieron crímenes y que, por esto, consideramos nuestros enemigos.
El Obispo de Rimini al final de un peregrinaje cumplido junto a los detenidos nos dijo que “una manera noble de amar los enemigos, es amar los detenidos”. Haciendo así empezaremos a conocer estas personas, a mirar más allá del crimen cometido. A centrarnos en sus vacíos interiores, en sus dramas vividos. La semilla del mal, de hecho, crece en las heridas del corazón del hombre.

Don Benzi explicaba también que “el contrario de la Misericordia es la indiferencia”. Nosotros los cristianos estamos llamados a cambiar nuestra mentalidad y a hacerla cambiar a esta humanidad atrapada en una indiferencia globalizada. La primera visita que el Papa hizo cuando acabó de instalarse fue a la cárcel juvenil. Si queremos reconstruir la iglesia y con ella una nueva sociedad tenemos que recomenzar de los últimos: los refugiados, las prostitutas, los vagabundos, los gitanos y los viejos abandonados.

Este Jubileo es la ocasión para darse cuenta que necesitamos de ellos y sobretodo que tenemos que construir caminos de Misericordia. La comunidad Papa Juan XXIII ha desarrollado un proyecto educativo estructurado que recibe el detenido para remover las causas delictivas a través de programas quisquillosos y exigentes.

Hoy, junto con el Santo Padre, celebramos el alegría que deriva del amor para el próximo. Apg 23 será en Plaza San Pedro junto a una representancia de los detenidos que asiste. “El hombre no es su error” repetía frecuentemente don Oreste. Todos merecen otra oportunidad. Recuerdo, en relación a esto, con gusto la historia de uno de los detenidos que hemos ayudado en el pasado. Después de 20 años de reclusión se ha dedicado a los demás y hoy es misionero en Iraq, entre las bombas.

“Acuérdate, no hay santo sin un pasado, no hay pecador sin un futuro!” nos dijo el Pontífice en el audiencia 24 de febrero. Palabras sobre que, hoy, sería oportuno reflejar.

 

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