TRIÁNGULO DE LAS BERMUDAS, ENTRE MISTERIOS Y CIENCIA

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Según la Vulgata el primero que habló de esto fue Cristóbal Colón. En su cuaderno de bitácora el navegador genovés habría registrado repentinas alteraciones en la brújula y raros fenómenos meteorológicos mientras las tres carabelas estaban cruzando una particular parte del Atlántico. Aquella contenida en el hipotético triángulo formado por la costa del arcipélago de las Bermudas, del punto más a sur de la península de Florida y de la cumbre occidental de la isla de Puerto Rico.

Una figura a menudo vinculada con rituales esotéricos o relacionados con el mundo de la magia y que por tanto se prestaba bien al nacimiento de una verdadera leyenda. La del “Triángulo maldito“: una “sombra” en el océano capaz de tragar embaracione y aviones aventurados dentro de su área. Las primeras desapariciones fueron documentadas en 1950 por Edward Van Winkle Jones en un artículo escrito para Associated Press. Después de dos años la revista Fate publicó “Sea Mystery At Our Back Door”, breve artículo de George X. Sand que hablaba de la presumida desaparición de muchos aviones y naves, incluida la del Vuelo 19 y de un grupo de cinco acorazados de la marina americana.

En los años sucesivos se desarrolló un amplia bibliografía sobre el asunto y posibles explicaciones al fenómeno se buscaron en el paranormal, en teorías científicas todas que verificar rayando la ciencia ficción: de los alienígenas (que según los partidarios de esta tesis habían creado una verdadera No Fly zone en el Triángulo), al magnetismo, a la existencia de un portal dimensional, hasta el mito de Atlántida.

El primero que intentó desmantelar el “caso” fue Lawrence David Kusche en el libro “The Bermuda Triangle Mystery: Solved”. El informe llevaba a las siguientes conclusiones: el número de naves dispersas era comparable a lo de cualquiera otra parte del océano; en una zona de tormentas tropicales, muchas de las desapariciones eran facilmente explicables; estudios falseados exageraron artificialmente las perdidas de vidas humanas. En sustancia, según Kusche, la leyenda del Triángulo de las Bermudas tenía que considerarse “un misterio creado específicamente“, deliberadamente mantenido con vida por una bibliografía no basada en reales pruebas científicas. Y sin embargo estos estudios no arañaron minimamente el mito qu esigue siendo objeto de debates entre los pasionados.

En los últimos días el asunto ha vuelto a llenar las páginas de los periódicos. UNos científicos, de hecho, están convencidos haber resuelto finalmente el misterio. Y la causa de la presumida desaparición de unas naves y aviones en tránsito cerca del Triángulo, ha escrito el Daily Star, habría que buscarla en nubes de forma hexagonal presentes también en un trato del Mar del Norte cerca de Inglaterra. “No es fácil ver nubes dispuestas en orden”, ha explicado a Science Channel el meteorólogo satelitar Steve Miller de Colorado State University. Usando un radar satelitar para evaluar qué sucede bajo de estas nubes particulares, los investigadores descubrieron que la velocidad del viento en el mar puede llegar a más de 273km/h. Una fuerza tan poderosa que puede generar olas altas más de 13 metros, verdaderas “bombas de aire” lanzadas contra el océano.

Los estudiosos, sigue el Daily Star, notaron también la presencia de nubes masivas a oeste de las Islas, entre las 20 y las 50 millas de distancia. “Este tipo de nubes hexagonales sobre el océano son esencialmente bombas de aire” ha explicato todavía el meteorólogo Randy Cerveny. Estos cúmulos de vapores forman microexplotaciones, sustancialmente chorros de aire cuesta abajo de la parte inferior de la nube que luego golpean en océano creando olas que a veces pueden tener enormes dimensiones. Su velocidad es suficiente para volcar naves y aviones y empujarlos hacia abajo.

Esta teoria pero fue desmentida por otros científicos. Los de la Universidad ártica de Noruega, por ejemplo, hicen saber de manera aclarada que “los crátreres del Mar de Barents no están relacionados con el Triángulo de las Bermudas”. Mientras el National Oceanic and Atmospheric Administration (Noaa), retomando en parte la tesis de Kusche, observó que “no hay ninguna prueba que desapariciones misteriosas han ocurrido mayormente en el Triángulo de las Bermudas que en cualquiera otra gran área del océano”. Por tanto el misterio permanece, para quien quiere continuar a creer que existe de verdad un “Triángulo maldito”.

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