Teresa, un nombre en el signo de Cristo

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A pocas semanas de la canonización de Madre Teresa de Calcuta, me gustaría abrazar a elle, con el hilo rojo de la pobreza, las otras dos grandes Teresas que recordamos en octubre: Teresa del Niño Jesús y Teresa de vila. Lo hajo reportando una pieza de la última carta de madre Teresa, fechada 5 de septiembre de 1997, día de su muerte y nacida al Cielo, en la cual ella leía el entonces próximo doctorado de Santa Teresa del Niño Jesús como la exaltación de los pequeños, de los que se sientan al último lugar: “Sólo porque hizo pequeñas cosas con gran amor la Iglesia la proclama Doctor de la Iglesia, al igual que San Augustín y de la gran santa Teresa! Exactamente como en el Evangelio cuando Jesús dijo a quien estaba sentado al último lugar: “Amigo, ven más adelante”.

Por eso permanecemos muy pequenas y seguimos el camino de santa Teresita, la de la confianza, del amor y del alegría, para cumplir la primisa de la Madre Maria”. Nuevi pasos en las trazas antiguas, las de Jesús Cristo, y hoy, de Papa Francisco y de Mons. Bertolone, que en su última carta pastoral, afirma que tenemos que dejarnos evangelizar justo por los pobres! Y en los pasos de la gran Teresa de Avila, profética en la opción para los pobres, con afirmaciones para su tiempo revolucionarias: “Unas personas que poseen lo de que necesitan y mucho dinero en el cofre, evitando hacer pecados graves, creen haber hecho todo. Disfrutan de sus haberes, hacen de vez en cuando una limosna, sin pensar que aquellos bienes no son de su propiedad. El Señor le concedió a ellos simplemente como a administradores suyos, para que les distribuyeran a los pobres: deberán rendir cuentas a Él del tiempo que tienen en el cofre el dinero avanzado, interrumpiendo y retardando la ofrenda a los pobres, los cuales quizás, en aquel momento, tienen necesitad”.

Grande de verdad Teresa de Avila: un genio femenino que ha innovado el Camelo a pesar de las duras oposiciones que encuentró, de que expresión emblemática es el juicio del nuncio pontificio: “Hembra inquieta, errante, desobediente y rebelde que, bajo el título de devoción, inventaba malas doctrinas, yendo fuera de la clausura contra el orden del concilio tridentino y de los prelados, ensenando como maestra contra lo que San Pablo recomendó a las mujeres de no enseñar”. (Vida II, XXXI)”. No obstante Teresa, hoy Doctor de la Iglesia, enseñó, y esto en el siglo XVI, lo de Lutero y del Concilio de Trento, de la Inquisición, de la Reforma y de la Controreforma. Enseñó con sus obras y con sus escritos, entre los cuales, paradigmático, el siguiente: “Señor del alma mía, Tú, cuando peregrinabas aquí abajo en la tierra no despreciaste las mujeres, sino más bien las favoreciste siempre con mucha benevolencia y encontraste en ellas mucho amor, incluso mayor fe que en los hombres. En el mundo las honorabas. Posible que no logramos hacer algo valioso para Ti publicamente, que no nos atrevemos decir abiertamente unas verdades? Pero veo surgir unos tiempos en que no hay más razón para subestimar ánimos virtuosos y fuertes, sólo porque pertenecen a unas mujeres”.

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