CLOWN HYSTERIA

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Decenas de avistajes en poco más de dos meses: de Estados Unidos a Australia pasando por la vieja Europa. Se esconden detrás de los setos, entre los árboles, en los garajes y luego aparecen, persiguiendo y terrorizando el desafortunado. A menudo son armados con un bate o un cuchillo pero ninguna de las víctimas fue atacada. Hasta ahora. Los medios ya la llaman “clown hysteria“, porque los autores de esta loca broma están vestidos de payazo. Una figura querida y temida en el mismo tiempo. Muchos, de hecho, sufren de coulrofobia, un miedo por los bromistas circenses, sobretodo por la presencia del maquillaje excesivo que parece esconder su verdadera identidad, o por traumas infantiles atados a la visión de películas de terror como “It“.

Y quizá es justo a la película de 1994 basada en el libro brillante de Stephen King (de que en 2017 está previsto el remake) que los inventores de este inquietante fenómeno podrían inspirarse. Tanto que el mismo escritor,en un tweet, se ha visto obligado a clarificar: “Oigan, es tiempo de limitar la histeria por los payasos. La mayoría de ellos son buenos, alegran a los niños y hacen reir la gente”.

Pero sólo son hipótesis. Nadie, de hecho, puede saber cual es el objetivo de la enésima bofetada a la moral y a la inteligencia humana transformado en fenómeno social. Las unicas certitudes son las que vienen de la crónica. El primer caso hubo lugar en Greenville, en South Carolina, el agosto pasado. Un niño de seis años volvió a casa aterrorizado y contó a sus padres haber visto dos hombres vestidos de payaso que le seguían intentando atraerlo en el bosque. Siguieron señalaciones en los Estados de Nueva York, Winsconsin, Florida y Kentucky y en Canadá. Tan que la Casa Blanca hizo saber que las autoridades considerarán seriamente el asunto, en particular así cerca de Halloween.

La publicación de los relativos vídeos en Youtube o en los medios sociales – generalmente el payaso está acompañado por un cameraman que reprende la broma – ha activado un malsano deseo de emulación. La manía así llegó en Reino Unido. En Eastbourne un ciclista huyó de un juglar salido de un arbusto con una hoja en la mano. La misma esperiencia vivida hace unos días por dos chicos de Durham. La policía ha intentado calmar la población. “Fueron inocuos – ha explicato el sergente Mel Sutherland – pensamos que lo que sucedió hace parte de una broma más grande y que actualmente el fenómeno se está difundiendo de los Estados Unidos al reino Unido”, aunque es preocupante que los actores “de esta puesta en escena tuvieran cuchillos”.

En Holanda los agentes han riferido que en la ciudad de Oss un payaso fue avistado en un parque con un puñal y un martillo. Otra persona fue vista en Almere, cerca de Amsterdam. “Querido payaso asesino de Oss, evidentemente te gusta o te parece divertido asustar a muerte la gente” escribió la policía de Oss en su página Facebook. “Probablemente no lo sabes, pero jugar al payaso de esta manera es punible” añadió. Los oficiales han añadido que “estas bromas parecen convertidos en una tendencia en Holanda”.

Frecuentemente, pero, la “broma” termina mal para los autores. En Galles Connor Jones, un chico de 18 años, fue detenido por asustar unos niños con una máscara de “bad clown” comprada en vista de Halloween. Llevado a la estación de policía se ha justificado: “Sólo era una broma”. Ha sido condenado a pagar una multa de 90 esterlinas por haber “molestado el orden público”. Una vez liberado ha reivindicado orgullosamente su gesto en su perfil social: “Me dieron una multa de 90 esterlinas por mis travesuras como payaso. Jajaja” y luego ha añadido “no me asusta hacerme enemigos, pagué mi multa”. Un vídeo grabado en Usa muestra un intento de agresión dentro de un garaje. Al abrir la puerta de ingreso a los aparques el payaso intenta asustar dos personas. Una se escapa, la otra lo golpea con puñetazo en la cara, obligando el cameraman a intervenir para evitar lo peor. El joven tuvo una fractura de nariz.

El riesgo es que episodios como estos puedan poner en riesgo el trabajo de miles de personas. El payaso, a pesar de unas figuras inquietantes procedentes sobretodo de la literatura y de la filmografía, permanece muy querido, y muy antiguo. Para defender su profesión, decenas de artistas han organizado una protesta bajo el eslogan “Clown Lives Matter”. “Los payasos no son ‘psychokiller’. Queremos que el público se sienta seguro, nosotros somos buenos” han dicho los participantes. También porque “Estadisticamente es más probable ganar la lotería que encontrar un payaso malvado”, como ha observado Benjamin Radford, investigador deleyendas urbanas y autor de un nuevo libro titulado “Bad Clowns”.

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