LES CUENTO EL PAPA ENTRE MIS VÍCTIMAS DEL TERREMOTO

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Era miércoles 5 de octubre, la mañana después de la breve visita al campamento de Borgo d’Arquata, cuando fui en Vaticano para traer como regalos unos productos que las empresas locales, danadas o incluso destruidas por el sisma, habían preparado por el Papa. Queríamos darselos al final de su visita como prueba tangible de la voluntad de volver a tomar la vida sin ceder al desánimo, pero afortunadamente no fue posibile. Alguien se preguntará por qué y podría atribuir esto a una culpable falta o a una no eficiente organización. La verdad es otra y nos permite de tocar con las manos el estilo de Papa Francisco.

Vale la pena recorrer el proceso de esta visita que pasará a la historia porque es el primer Papa a volver a la zona de Ascoli desde 1859, cuando Pio IX fue y aparcó en Ascoli.  Miércoles 28 de septiembre, la diocesis de Ascoli ha cumplido el peregrinaje jubilar en Vaticano y se ha puesto en marcha con la seguridad que Papa Francisco hubiera venido a encontrar las víctimas del terremoto: segura por tanto su venida, pero no cierta la fecha hasta el último momento. Y así fue. Además todos saben que a los periodistas que estaban en el avión con él en el reciente viaje, dio como probable el primer domingo de adviento y añadió dos ulteriores posibilidades sin revelar otras cosas. Por qué? Por el elemento sorpresa? Me parece simplista.

La visita de un pontífice, aún más en una tierra destrozada por el terremoto, pide una preparación cuidadosa por razones conectadas a la complejidad de la situación humana y logística originada por el evento sismico. Organizar una visita suya prevista con suficiente antelación, permite prevenir al máximo las dificultades conectadas a ella, mientras no es lo mismo recibir la repentina llegada del Pontífice. El Papa, como en muchas otras ocasiones, ha elegido llegar sin avisar antes: partió solo, sólo con el conductor y unos hombres de la seguridad al seguimiento. También el abajo firmante, a pesar de lo que se pueda pensar, fue avisado en la proximidad de su llegada y, entre otras cosas, Papa Francisco ha llegado muy antes frente a lo que se podía imaginar. Nos surprendió todos.

Esto es su estilo y es bueno comprenderlo para acostumbrarnos y para asimilar el mensaje que nos comunica. Llegando solo, sin eclesiástico al seguimiento y avisando también el obispo de aquel lugar sólo cuando ya está de viaje, quiere decirnos que se mueve liberamente y ama la “normalidad” de las relaciones; quiere tener con todos un contacto directo e inmediato, de manera cencilla sin oficialidad ni protocolos, casi como un cura que desea estar con sus feligreses. Prefiere encontrar los que en aquel momento están en el lugar en la normalidad de su vida, más que llegar en un almacenaje de gente con la multitud de las autoridades que le esperan.

Esto era su estilo cuando era arzobispo en Buenos Aires, que parece mantener como Papa también. Por como estamos acostumbrados a considerar el Pontífice, esta manera de hacer pero nos sorprende y por unos incluso no es conveniente por su papel. Creo en cambio que es una lección de cencillez con plena coherencia con las elegidas y el programa de este pontificado. Francisco tiende a eliminar las distancias, es ejemplo de Iglesia de salida que camina con y entre la gente. Muestra con los actos el camino que nosotros todos, obispos y sacerdotes, estamos llamados a percorrer para volver a aquella cencillez y libertad de ánimo de Jesús que leemos en el Evangelio.

He reflexionado mucho en este estilo suyo, que en esta ocasión toqué con las manos; lo considero un estímulo a abrazar el camino de la coherencia evangélica en cada forma suya, renunciando a los privilegios del papel. Y hay más: la repentina llegada del Papa nos acostumbra a ver en él no la personalidad que honrar, sino el padre que hay que recibir sin muchas formalidades.

Todo esto nos dice su improvisada y breve visita en Pescara del Tronto y en Borgo Arquata que, si por una parte no ha permitido a muchos de encontrarlo, saludarlo y verlo dejando alguien decepcionado por esto, ha pero enseñado a todos que el Papa no es una figura “mágica” lejana de nosotros, sino el sucesor de Pedro que camina con nosotros, siguiendo nuestro ritmo. Es uno de nosotros, su lenguaje inspira confianza porque apoyado por la coherencia de los gestos. Por esto sorprende y conquista también el corazón de quien se profesa lejos de la fe cristiana.

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