EL NIÑO GENIO QUE SUEÑA CON MOSTRARNOS DIOS

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Reunir conocimiento y fe es el “Santo Graal” de la ciencia moderna y el sueño de un niño. Se llama William Maillis, tiene 9 años, y parece un niño como muchos otros: le gustan los videojuegos, hacer bromas a los vecinos y salir con los amigos. Todo normal, o casi. Porque este chiquito con gafas de Penn Township, en Pennsylvania, desde unos meses se ha graduado en la secundaria y acaba de empezar a frecuentar la universidad. Su mayor ambición? Hacer el astrofísico para “ayudar los científicos a demostrar la existencia de Dios”.

Nacido en una familia muy religiosa – Peter, su padre, es un sacerdote griego ortodoxo – inmediatamente ha mostrado calidades fuera de lo común: a 6 meses identificaba los números con precisión, a 7 pronunciaba frases completas, a 21 sabía hacer las multiplicaciones, a 4 años leía y escribía, a 4 estudiaba álgebra, el lenguaje de signos y el griego, a 5 años resolvía problemas geométricos y a 7 trigonométricos. Un genio en toda regla, capaz, en los años en que la mayoría de nosotros apenas se orienta en un mundo desconocido, de hacer que palidezcan adultos y profesores.

Pero su camino, escribe la revista americana “People” que por primero ha contado esta historia extraordinaria, no fue cencillo por nada. A 4 años, de hecho, no superó el examen de ingreso en una guardería. Un bache en el camino no muy diferente de los con que se han enfrentado los genios del pasado como Albert Einstein y Thomas Edison. Sus padres, convencidos que el examen fuera demasiado esquemático para una mente así brillante, se han dirigido entonces a un psicólogo especializado en niños genios, que ha confirmado: “Sus hijo es un genio”. Unos años después posaba, con toga y birrete, por la foto de ceremonia de graduación, casi desapariciendo entre sus compañeros mayores.

Hoy William frecuenta el Community College de Allegheny County pero su mente ya está dirigida al futúro, a la Mellon University de Pittsburgh donde proyecta inscribirse al final de su educación escolar. Y en ella seguirá los cursos de física y química del universo. Una pasión, la por el cosmo, que este niño se lleva desde siempre. Está cómodo con los conceptos de “singularidad”, “espacio-tiempo” y “gravedad pura” y, entre una lección y la otra, formula sus teorìas. Una de estas podrìa llevarlo (oal menos esto es su sueño) a desmentir los estudios de Stephen Hawking y Albert Einstein sobre la existencia de los agujeros negros super masivos

“Quiere demostrar a todos que Dios existe, porque sólo una fuerza exterior podría ser capaz de dar vida al cosmo” cuenta su padre. Un ambición que se traduce en una bofetada a quien nega, antes, la posibilidad de una conciliación entre creación y evolución. “Dios te ha dado un don – le recuerda a menudo de hecho Peter – lo peor serìa no usarlo para mejorar el mundo”.

Recientemente el camino que William intenta seguir ya ha sido emprendido por físicos teóricos de espesor internacional. Entre estos hay el japonés-americano Michio Kaku que hace tiempo dijo: “Llegué a la conclusión que estamos en un mundo hecho de reglas creadas por una inteligencia, no muy diferente de su videojuego preferido, obviamente, más complejo y empensable”. Según el estudioso “todo lo que hasta hoy hemos llamado casualidad, no tendrá ningún significado. Para mí está claro que estamos en un plan gobernado por reglas creadas y no determinadas por las posibilidades universales, Dios es un gran matemático“. Y como no recordar, por parte de la Iglesia, las palabras pronunciadas por Papa Francisco hace dos años en la Pontificia Academia de la Ciencia? “El Big-Bang, que hoy se ponde al origen del mundo – dijo el Santo Padre – no contradice el intervento creador divino sino lo exige. La evolución en la naturaleza no se popone a la noción de Creación, porque la evolución presupone la creación de los seres que se desarrollan”.

Una lenta senda de ajuste entre dos aspectos de la vida humana erroneamente considerados antitéticos. Que quizás, algun dìa, pudieran recomponerse gracias a los sueños de un niño extraordinario.

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