HIJA DE LA VIOLENCIA, NACIDA POR AMOR

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La vida de Elisa, una joven chica española, sigue tranquila. Tiene una madre amorosa y una familia que le quiere. Frecuenta la escuela y la parroquia de su barrio rodeada por muchos amigos. Un día, mientras hace las tareas del hogar, encuentra un paquete de cartas. Una caligrafía y unas direcciones desconocidas aumentan la curiosidad de la joven, que empieza a leer las cartas con fecha 1993, el año de su nacimiento. De repente, todas sus seguridades se derrumban: su concepción es fructo de un estupro.

Aquellos textos, que cubren todo el tiempo de la gestación, tienen la firma de amigos y familiares de Raquel (nombre de fantasía) la mujer que dio a luz Elisa. De la lectura, la joven aprende que su madre, en 1988, animada por la fe, decide profesar los votos eternal entrando en convento. Después de cinco años, en circunstancias no muy claras, Raquel sufre una violencia sexual y se queda embarazada. “No estaba en los proyectos de ninguno de mi familia – cuenta Elisa a Aleteia -, y mucho menos que en los de mi madre, que había planeado de vivir una vida totalmente diferente de la que tiene hoy conmigo. Hay muchas cosas que aún ignoro de lo que sucedió”.

Aunque abatida, Elisa comprende que hasta el primer instante es querida. Por su madre, por quien la rodeaba y, sobretodo, por Dios, autor de un maravilloso proyecto de vida iniciato a través de la madre superiora de la Congregación, que tuvo como única preocupación la de proteger a Raquel. Decidió, junto a su familia, alejarla de su ambiente porque pudiera tomar una decisión sin presiones. En un lugar desconocido y lejos de todos, la hermana está delante de una encrucijada: dar en adopción la niña y volver a la comunidad o dejar el disfraz de monja y ser madre.

Peso de encima, depresión, ninguna solución parece la más justa. Lo único es confiar en Dios. En una de las cartas, se lee: “Querida, en estos días encontré un poco de calma en la Palabras de Dios, con la lectura de Job. Dios nos pone a la prueba para ver nuestra fidelidad. sé que irás a salir muy bien, como siempre!”. Aquellas líneas, para Elisa, son como una cacerola de agua helada. “Creo que a todos nosotros gusta pensar que fuimos diseñados, o al menos queridos, hasta el primer momento. He tardado mucho en comprenderlo”. Es gracias a una tarjeta de felicitación que empieza a comprender: “Queridísima – le escribe un sacerdote -, espero que tú estés bien. Recuerdo siempre en mis oraciones a ti y a la criatura que te llevas por dentro. No tiene ninguna culpa, es un inocente que no debe pagar por los errores de un otro. Vamos!”

“En aquel momento comprendí todo: soy la hija de una violencia, puedo quedarme quejándome de ser un accidente o puedo agradecer a Dios cada día para permitirme de vivir y crecer con una grande madre”. Luego, otra carta, con la misma fecha del día de nacimiento de Elisa: “Querida Raquel, gracias. Gracias porque hoy estás diciendo sí a la vida”.

Hoy Elisa está convencida de una cosa: “Dios no permite un mal sin sacra algo bueno de esto”. Después del parto, Raquel obtuvo un trabajo en la Conferencia Episcopal, llegando a se, después de unos años, la responsable nacional del sector juvenil. La Providencia no ha permitido que se alejara de su elegida de trabajar para los demás, para los jóvenes, aunque no era así que lo había planeadp al inicio. “Creciendo, descubrí el plan que Dios había preparado por mí. Ahora que sé de donde vine tengo más ganas de realizarlo, porque siento que Él me dio una oportunidad que está negada cada día a millones de niños”.

Elisa quiso compartir su experiencia para hacer un llamamiento a aquellas mujeres que, como Raquel, tienen que decidir el futúro de sus propios hijos: “Por favor, que no piensen nunca al aborto! Dios quiso para ustedes un amor especial y tiene grandes proyectos para los niños llegados sin estar deseados, y para las madres tiene una gran recompensa para decir sí a la vida aunque esta llegue en una situación tan triste. A las personas concebidas con una violencia digo: por favor, qué honren Dios cada día de su vida!”.

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