AQUELLA AMÉRICA DE LAS PEQUEÑAS CHICAS DE COMPAÑÍA

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La pobreza no tiene nacionalidad. No se refiere sólo a las desolaciones y las periferias de Asia, África y América del Sur, allá donde los medios nos han acostumbrado a buscarla. Sino afecta también a Países considerados ricos, escondida dentro de un sistema económico perfecto sólo en apariencia. Quien está afectado, especialmente en las naciones donde el bienestar aún no ha alcanzado niveles suficientes, acaba con el vivir de triquiñuelas: robo, pequenas estafas, tráfico de droga e incluso la venta de su propio cuerpo.

Al fenómeno de la prostitución de si mismo, a la cual siempre más a menudo parecen recurrir los jóvenes americanos necesitados, el Urban Institute ha dedicado un informe con un título revelador “Impossible Choices” (“las elegidas posibles”). Hay un marco alarmante que habla de chicos pobres dedicados a la criminalidad y chicas que “practican sexo por dinero” para equilibrar el balance.

“Hice investigaciones en 10 comunidades de renta baja por mucho tiempo – explica Susan Popkin, entre las autoras del archivo – y escribí mucho sobre las experiencias vividas por las mujeres a elevado arriesgo de pobreza y de explotación sexual, pero este fenómeno es totalmente nuevo”.

El estudio cualitativo, efectuado en colaboración con la organización caritativa de bancos de la comida “Feeding America”, ha analizado dos grupos (hombres y mujeres) en cada una de las 10 comunidades pobres de Estados Unidos, incluso las grandes ciudades como Chicago, Los Ángeles, Washington, la rural North Carolina y Oregon oriental. Ha participado un total de 193 chicos entre 13 y 18 años que han sido autorizados a permanecer anónimos.

Su testimonio es la historia de adolescentes – a menudo descuidados por las instituciones, más concentradas en los niños de cero a cinco años – que no tienen posibilidad de comer a las comidas principales, hacen sacrificios y sufren el hambre, con preocupantes consecuencias a largo plazo. Una bofetada a su dignidad. “Se trata de una situación verdaderamente inquietante. El hambre y la inseguridad alimentar afecta el bienestar de unos de los jóvenes más vulnerables. Es un problema a quien tendríamos que prestar atención” añade Popkin.

En cada comunidad, y en 13 de los 20 focus group, hubieron casos de explotación sexual. En siete de los 10 grupos sociales analizados, los adolescentes han hablado de chicas que intercambiaban favores sexuales con extraños en casas vacías, en los mercados de pulgas y en la calle, a menudo abandonando la escuela para trabajar en el negocio del sexo. Mientras unos jóvenes en Los Ángeles han dicho que las chicas de su misma edad de la secundaria ponen incluso folletos en los lugares públicos para publicitar sus propios “servicios”.

Hay luego también el problema de la microdelincuencia. En la ciudad con las tasas de pobreza más altas, los adolescentes roban en las tiendas locales para si mismos o sus familias. Unos empiezan hasta de siete u ocho años. Los chicos toman principalmente objetos como celulares, zapatos, joyas y bicicletas. también la venta de droga es común.

Al final del informe el Urban Institute da diferentes recomendaciones, las cuales incluyen: el amejoramiento del Programa de asistencia adicional de nutrición federal, el ampliación del acceso a las comidas en las escuelas para los adolescentes en los meses del verano y después de las lecciones, la creación de nuevos y mejores oportunidades de trabajo para los jóvenes, el inicio de proyectos comunitarios y un programa de ayuda a las chicas explotadas sexualmente, en otros casos castigadas por el sistema penal.

Pero el razonamiento que hay que hacer es aún más profundo.  Y pone la necesitad de preguntarse en la herencia dejada por la reforma del Bienestar en iniciada hace 20 años, así como sobre las prioridades de gasto del Congreso y el impacto del lento crecimiento de los salarios. Políticas que han dejado zonas grises en el tejido social americano, dentro de las cuales vida y supervivencia se mezclan hasta confundirse.

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