LA CAZA DE LOS HECHICEROS NIÑOS

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En África superstición y magia tienen una historia centenaria, que se pierde en el tiempo, y muchos aún creen en los espíritus malvados. Además, en un continente en que enfermedades y analfabetismo parecen plagas irreparables, la brujería sigue siendo considerada una de las respuestas a los problemas. Por ejemplo cuando ocurre una desgracia repentina o algo de grave e inexplicable, no siempre se busca una causa racional, sino la origen del mal se individua en el oculto. En ese contexto dirigirse hacia un hechicero cuandose está enfermos, para “exorcizar el mal que ha provocado la patología”, es una práctica aún popular.

En el pasado se acusaban de brujería sólo personas adultas, en particular mujeres y viejos, que corrían el riesgo de ser quemados, estranguladas o, en el mejor caso, cazados de la comunidad. Hoy en unos casos se acusan de práctica de “artes oscuras” niños con la única “responsabilidad” es la de vivir en ambientes donde los sufrimientos físicos son diários. Le llaman enfant sorciers y proceden siempre de familias muy pobres de los pueblecitos.

A denunciar el creciente fenomeno de los bana ya kindoki (literalmente “niños hechiceros”) han sido sobretodo los misioneros católicos que operan en el territorio de Congo. En Kinshasa y Brazzaville cerca 40 mil menores están en estado de absoluta malnutrición después de sufrir inenarrables violencias.

Interris ha encontrado un seminarista de Congo (que elegimos tutelar la identidad) que estudia en Roma. En su cuento nos ha hablado de estas atroces prácticas ancestrales. “Kinshasha y Brazzaville comparten la triste primacía de los niños hechiceros”. En Congo y en la República Democrática de Congo, explica, la brujería “nace como forma de protección para la familia y ha sido transmitida de generación en generación. En el tiempo, pero, esta práctica ha cambiado”.

Los núcleos familiares son numerosos y a menudo, además casi siempre, “entre familiares se crean envidias” que llevan a adoptar “comportamientos muy nocivos también hacia los niños”. Cuando a un menor “se reconoce el poder de hacer mal a sus queridos termina siendo alejado o, en el peor caso, quemado. En mi familia 5 personas fueron acusadas de brujería y luego matadas. Por muchos mis compatriotas esta es algo normal”.

Para quien, como este joven seminarista, se abrió al Evangelio, volver en su propio País y enfrentarse con esta realidad dentro de las familias de pertenencia es un “sufrimiento enorme”. Lo más difícil es sobretodo la relación con los familiares. “Unos son hechiceros – añade – y me temen, mientras yo no tengo miedo de ellos. Están asustados por los sacerdotes porque reconocen una fuerza y una luz que, según estas supersticiones, haría débiles sus poderes. En mi familia hay otro sacerdote y esto no le agrada a todos”.

A la base del fenómeno, subraya, hay el miedo. Es esta, dice, que lleva a cazar los niños acusados de brujerìa. A pesar de que en Congo el catolicismo sea muy enraizado estas situaciones conviven. “Es muy difícil evangelizar, pero lo que importa es sobretodo poner paz dentro de las familias y de la sociedad”.

“El problema no se refiere sólo a Congo y Rdc sino también a Nigeria, Togo y África en general. Desgraciadamente la Iglesia tiene que enfrentar su misión rodeada por la proliferación de las sectas o de grupos seudo cristianos. Para llevar la gente a abandonar la Iglesia católica le dan también dinero”. No faltan luego situaciones extremas en que llamados sacerdotes “paradoxalmente fomentan la creencia en estas supersticiones para poder después hacer exorcismos de pago para dejar los niños poseídos”.

Según unos testimonios de misioneros, láicos y religiosos, los familiares entregarían siempre más a menudo sus niños a sectas, falsos profetas, supuestos exorcistas, charlatanes y farsantes de cada tipo, pagando considerables recompensas. Los rituales de purificación serían siempre violentos y, a veces, muy crueles. Los menores pueden ser heridos y sucesivamente cubiertos con sal y gasolina. O dejados sin comida ni agua o ttorturados con unas barras al rojo vivo.

En Kinshasa existe una comisión que supervisa sobre los derechos de los niños pero el tribunal aún está ineficiente. Eso significa dejar una multitud de niños en el terror y en la incertitumbre del futúro.

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