EL AYUDA QUE NO TE ESPERAS

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Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: “De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca. Porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento”.

Es un pasaje del Evangelio de Marcos, convertido en acto concreto justo en estos días terribles del terremoto que ha destrozado Italia central. Porque a veces en que quien da todo lo que tiene, aunque sea poco, hace un gesto más noble que lo que hace quien da un poco de todo lo que tiene. Protagonistas fueron una vez más los “últimos”, los parias de esta sociedad, condenados por crímenes en Tribunal y también condenados por un planteamiento que margina y marca como “irrecuperable” quien ha fallado. Una bofetada a los prejuicios.

Dentro de la cárcel de Badu ‘e Carros, en Cerdeña, el eco del terremoto sólo fue mediático. La isla que hizo nacer la civilización nurágica, de hecho, es uno de los territorios italianos menos sísmicos; pero aquel temblor de la tierra apema quella scossa alla terra apenas al otro lado del mar ha involucrado también los corazones de cerca setenta detenidos, que han decidido dar un ayuda. No pudiendo salir, la única manera era una contribución económica, pero tenían muy poco. Aquel poco se ha convertido en “todo”, y empezó una colecta entre los detenidos en régimen de alta seguridad.

Cada uno ha dado lo que podía: un euro, dos. Quien, quizás, aún menos. Sin embargo cada uno de aquellos euros (exactamente 628) tiene un gran valor si se compara con el medio millón donado por el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, que también hizo un gesto noble y seguramente útil.

En la cárcel salió el Hombre, en su capacidad de ir más allá del contingente, de sentirse parte de un mundo común. Por muchos detenidos renunciar a aquel poco dinero ha significado excluirse la posibilidad de comprar un paquete de cigarillos o una comida dentro de la penitenciaría; un trozo de libertad “donada” a quien perdió casa y afectos. No un gesto qualquiera…

“Un acto de gran atención por el sufrimiento de los demás”, lo ha definido Gianfranco Oppo, Garante de los derechos de los detenidos. “La comprobación que también quien cometió crímenes muy graves mantiene aquella parte sana que está dentro de nosotros, que hay que valorizar para poder llevar a cabo un camino de rieducación, que luego debría ser el objetivo final de la cárcel”.

“El hombre no es su error”, decía don Oreste Benzi, en su incansable apostolado hacia los últimos. Estaba con los detenidos convinciéndolos que era posible recomenzar. Las palabras de don Benzi son de un actualidad que se puede definir escandalosa: “El detenido es un bien que falta a la sociedad. Un bien que nos falta, que hay que liberar”. Un advertencia que hoy, justo en el día del Jubileo del Voluntariado y de los Operadores de Misericordia, suena como un advertencia para los fáciles censores y un recordatorio para todo los que ofrecen su vida para servir a los últimos.

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