LIBERARSE DEL PAPEL DE VÍCTIMA

227
victima

Los resentimientos y los recuerdos pesan en el alma y me llenan de tristeza. Decía Miriam Subirana: “El problema no es tanto lo que el agresor hizo, sino toda la interpretación y la historia que nos hemos ido contando desde que ocurrieron los hechos. Para salir de este estado, debemos impedir que nuestros recuerdos nos invadan. Debemos ponerlos en su sitio: en el pasado. El pasado ya se fue y ahora lo que tiene es este momento presente. No lo pierda alimentando sus resentimientos de lo que habría podido ser y no fue o de lo que fue y no tendría que haber sido”.

El resentimiento abre la herida de lo que pasó. Interpreta, analiza y me ata. Vivo preso de ese recuerdo. Me tiene atado al pasado. Ya no puedo cambiar nada y me sigue pesando. Tiene un poder sobre mí que me limita y no me deja crecer. Vuelvo a sentirlo. El daño está en el hoy por mi culpa, porque yo lo revivo. Le doy vueltas a lo ocurrido. Me centro en mi herida. ¡Cuánta energía me quita todo eso para vivir el hoy! Me siento impotente.

Tendría que haber dicho y hecho algo distinto. Le doy poder a esa persona o a esa situación sobre mí. Por tanto, me quita libertad, me esclaviza. Estoy atado a eso que me dañó. Siento rabia y rencor. Me separo de Dios porque pongo tan en el centro eso que pasó que Dios se desplaza. Cuando estoy con ira me alejo de Dios. Pienso que es imperdonable lo que me ha pasado. El otro no se merece mi perdón. De alguna manera estoy diciendo entonces que Dios sólo me perdona cuando me lo merezco.

Con el tiempo a veces agrando la ofensa. La hago más grande reviviéndola con mi mente y mi corazón. No puedo ver la verdad y mi responsabilidad en lo que pasó, estoy cegado. El resentimiento tiene que ver con la mentira. El perdón con la verdad. Tomo el papel de víctima y así siento que yo estoy bien y el otro mal. Quito a Dios del centro porque el centro es mi dolor.

Cuando he desvirtuado la verdad ya no es el hecho lo que cuenta sino la interpretación que yo he hecho del mismo. Me hiere lo que yo pienso. Todo lo veo desde mí. Se abre la herida una y otra vez al recordar. Me domina. Me angustia. Culpo al otro de mi infelicidad, de lo que me va mal.

El rencor siempre me ata. Cuando estoy resentido no puedo mirar a los ojos al otro, todos lo hemos sentido alguna vez. Es un tapón que no me deja amar y ser feliz, no me deja recibir amor. Sólo el perdón me puede liberar.

Perdonar es dejar que lo que pasó ya no tenga poder sobre mí. El hecho ocupa su lugar en el pasado. Pero no el lugar más importante. Calmo el recuerdo. Si no perdono por amor, perdonaré por egoísmo. Porque sin perdón no puedo ser feliz. Por eso es tan necesario aprender a perdonar las ofensas sufridas en la vida.

Artículo tomado de www.aleteia.org

Avviso: le pubblicità che appaiono in pagina sono gestite automaticamente da Google. Pur avendo messo tutti i filtri necessari, potrebbe capitare di trovare qualche banner che desta perplessità. Nel caso, anche se non dipende dalla nostra volontà, ce ne scusiamo con i lettori.

No hay comentarios