LA PAZ QUE DIVIDE COLOMBIA

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PAZ

Paz con las FARC y guerra con Álvaro Uribe. No hay poder humano que siente en una mesa al actual presidente y a su antecesor para acercar posiciones y generar consensos, ni parece que tengan un interés especial por firmar un armisticio. Cada cual, a su manera, se dedica a echar gasolina a la hoguera de sus diferencias.

El plebiscito del próximo 3 de octubre, convocado para aprobar o rechazar el acuerdo sellado con las FARC, será el último asalto de un combate que arrancó en el mismo día de la toma de posesión de Juan Manuel Santos, en agosto del año 2010, y que ha alcanzado su cénit con el reciente proceso de paz de Cuba.

La distancia entre lo que defiende el Centro Democrático, único partido que aboga por el no, y la tesis de Santos y todo el espectro político que apoya el sí, es insalvable. Ni el Papa Francisco, ni Ban Ki-moon, ni Barack Obama, figuras que respaldan el proceso de paz que se negoció en Cuba, lograrán mover un centímetro a las huestes uribistas, que sumaron unos siete millones de votos en las últimas elecciones presidenciales, medio millón por debajo de los santistas. Consideran que Juan Manuel Santos vendió el país a la banda terrorista a cambio de migajas.

Tampoco los santistas están dispuestos a conceder a sus opositores el menor resquicio de razón. Les tildan de amantes de la guerra, de ser una extrema derecha que necesita la confrontación armada para subsistir, con un Uribe al que la viudez de poder trastorna el juicio.

Y las espadas seguirán en alto por un buen tiempo, porque al plebiscito le siguen otros hechos relevantes que continuarán ahondando la división. El salto a la política de dirigentes guerrilleros que tienen las manos manchadas de sangre; el llamado a juicio de algunos uribistas por el Tribunal Especial de la Paz; la amnistía a la inmensa mayoría de subversivos o la probable concesión al alimón del Premio Nobel de la Paz a Santos y Timochenko, atizarán el fuego.

Esta semana, mientras Santos se daba un baño triunfal en el universo diplomático y la mayoría de los medios de comunicación locales aplaudían con entusiasmo el fin de las FARC, Uribe anunciaba los principales puntos de su campaña por el no. “Este proceso ha estado signado por la cadena de mentiras del Gobierno”, dijo, para agregar su rotundo repudio a que los terroristas no pisen la cárcel y puedan lanzarse a la arena política.

Además del ex mandatario, diana de las mayores diatribas, hay otros personajes de su entorno que avivan la polémica. La congresista María Fernanda Cabal, del Centro Democrático, es una de ellas. Sus trinos y vídeos suelen incendiar las redes sociales. “Polarizo porque la franqueza no gusta. Mis expresiones son espontáneas, llenas de sentido común y lógica, pero como no son políticamente correctas, me estigmatizan. Es un país de formas, terriblemente violento pero muy hipócrita”, indica en entrevista con este diario.

“Un jefe de Estado no puede darle concesiones a 7.000 tipos en contravía a la mitad de la sociedad colombiana y pasar por encima de principios fundamentales. Santos nos ve como enemigos a nosotros y amigos a las FARC”. Para la congresista de Bogotá, Santos, “tiene complejo de monarca, sus hijos opinan como delfines, se rodea de una corte altiva, que desprecia al contrario y carece de humildad. El talante es insoportable. Me siento en una república bananera, pero nosotros tenemos la responsabilidad moral de actuar”.

En la orilla contraria, el senador del Partido de la U Armando Benedetti, fiel escudero de Santos y habitual en las tertulias radiofónicas, también es un claro agitador del debate. “[Propugnar el no] es un acto mezquino de personas que no pudieron hacer la paz, hay gente que juega a la guerra porque les ha traído votos y aumenta el caudillismo. El Centro Democrático sólo critica el proceso de paz, no sabe hablar de otra cosa”, señala a EL MUNDO.

En cuanto a la polarización existente, considera “buenísimo que dos facciones se contradigan. Prefiero el disenso que el falso consenso y me gustan las contradicciones. Buena parte de esa crítica (del CD) ayudó a que los acuerdos sean más serios. Yo creo que el presidente no ha hecho polarización con el proceso de paz, el debate lo han polarizado las vanidades de los dos [Santos y Uribe]”.

Para la ex ministra de Santos y columnista de opinión Cecilia Álvarez, sin embargo, “la polarización hace mucho daño, afecta la democracia”. A su juicio, ambos lados son culpables. “Es una lucha por el poder, tanto del Gobierno como de la oposición, hay mentiras de parte y parte. Se están posicionando de cara a las elecciones del año 2018”.

Artículo tomado de www.elmundo.es

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