“EN YEMEN LA SITUACIÓN ES DESESPERANTE”

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El hospital de Abs, una de las principales instalaciones médicas de la norteña provincia de Hajjah, es el penúltimo escenario de la lucha por el poder que ha arrasado Yemen. “La semana que viene inaugurábamos una unidad dedicada a la atención de niños malnutridos. Ahora la clínica ha sido destruida y se halla completamente vacía. La gente, incluso nuestro personal, tiene miedo de regresar”, relata Juan Prieto, coordinador general de Médicos Sin Fronteras en Yemen, en conversación telefónica con EL MUNDO desde Saná. A las 15:45 del lunes el plomo de la coalición que lidera Arabia Saudí cayó sobre la zona de urgencias de la clínica transfigurando la estancia en una carnicería.

“Resulta muy difícil proporcionar cifras definitivas. Hay al menos 14 muertos y 24 heridos desperdigados por varios hospitales cercanos. El ataque aéreo golpeó la zona de la clínica donde se recibe a las pacientes y se decide quien debe ser atendido primero. También resultaron dañadas las dependencias de pediatría y maternidad”, detalla Prieto, al frente desde hace un año de la misión en Yemen. En el momento del bombardeo, 23 pacientes se hallaban en el departamento de cirugía, 25 en la sala de maternidad y una docena en la unidad de pediatría. El edificio acogía, además, a 13 recién nacidos.

El fracaso de las negociaciones de paz, celebradas hasta principios de este mes en Kuwait, ha recrudecido la guerra que desangra la nación más empobrecida del golfo Pérsico desde hace 18 meses. El grupo rebelde chií de los hutíes -que tiene su feudo en el norte del país, en la frontera con Arabia Saudí, y controla amplias zonas, incluida la capital- y los partidarios del ex presidente Abdo Rabu Mansur Hadi -socorridos por la intervención militar de los países vecinos- han vuelto al campo de batalla. “Desde el pasado marzo se había experimentado una cierta relajación.

La situación cambió radicalmente hace una semana tras el fin del diálogo. Desde entonces se han incrementado significativamente los ataques, especialmente los bombardeos de la coalición saudí”, reconoce Prieto. El pasado sábado, según denunció Unicef, una escuela fue bombardeada en la provincia vecina de Saada segando la vida de una decena de niños de edades comprendidas entre los seis y ocho años. Ayer nueve civiles murieron en otro ataque en el este de Saná contra la vivienda de un líder hutí local. La embestida acabó con la vida del padre del dirigente y ocho parientes, precisaron habitantes de la zona citados por Reuters.

Desde el inicio de los bombardeos, en marzo de 2015, unas 9.000 personas han fallecido y más de 2,5 millones se han convertido en desplazados. Meses de embargo y escaramuzas han propagado la hambruna y el pánico. La violencia ha dañado o reducido a escombros hasta 70 centros sanitarios. “Hay escasez de medicinas, agua, comida y los ataques aéreos contra hospitales o mercados han acabado con las aglomeraciones. Comprar, ir al hospital o asistir a la escuela pueden terminar en tragedia. La situación es desesperante”, comenta Prieto, que dirige a un equipo integrado por 2.000 locales y 70 extranjeros. Su labor humanitaria, una de las que pocas que resiste sobre suelo yemení, aún se halla en estado de shock. En el último año y medio, la aviación saudí ha golpeado hasta en cuatro ocasiones dependencias sanitarias gestionadas por la ONG.

“Estamos en conversaciones continuas con saudíes y hutíes. Hasta ahora nos han garantizado nuestra seguridad pero esa promesa no parece suficiente. Estamos analizando la coyuntura y sopesando las opciones de continuar, retirarnos e incluso incrementar el personal. Antes de decidirnos, volveremos a exigir garantías a las partes en liza”, avanza el médico español. Con acusaciones cruzadas de haber aprovechado el alto el fuego y las fallidas negociaciones para rearmarse, Yemen -víctima de la “guerra proxy” que libran Riad y Teherán por su hegemonía regional- sigue enredándose en una madeja de la que sacan rédito Al Qaeda en la Península Arábiga y la filial local del autodenominado Estado Islámico. “Había esperanza en la tercera ronda de negociaciones pero tampoco ha llegado a buen puerto. Ahora no veo ningún final próximo ni por la vía militar ni la política”, lamenta Prieto desde la capital yemení.

Artículo tomado de www.elmundo.es

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