LA ALARGADA SOMBRA DE FIDEL

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La Revolución Cubana culmina hoy el maratón de festejos, que arrancó en enero, por el 90 cumpleaños de su gran líder. Un culto exacerbado a Fidel Castro, como si el futuro de la Revolución dependiera del tamaño del mito. La euforia oficialista muy poco tiene que ver con la realidad de un país, abatido y desesperanzado por la nueva recesión económica y por el éxodo constante de sus jóvenes.

“Toda Cuba con Fidel, en todo el territorio nacional los cubanos esperan con regocijo el cumpleaños 90 del líder histórico de la Revolución”, destacaba ayer el diario Juventud Rebelde junto a una larga lista de eventos. Los hay para todos los gustos: libros, exposiciones, marchas, encuentros juveniles, carreras, vídeos, poemas, rutas turísticas, investigaciones y anécdotas. Todos ellos rendidos a la proclama oficial: “Fidel, 90 y más”.

Retirado del poder desde 2006, lastrado por la edad y por la operación a vida o muerte que le debilitó para siempre y que forzó la sucesión en su hermano pequeño, Fidel permanece “presente” en la sociedad cubana a través de sus escritos y de sus contadas apariciones públicas. La última data de abril, cuando el ex presidente cubano se presentó por sorpresa en un homenaje a su cuñada fallecida, Vilma Espín, la mujer de Raúl. “Ella estaría muy contenta porque estaría viendo por qué sacrificó su vida, porque el que muere luchando por la Revolución va dejando energía en el camino”, explicó Fidel a alumnos y profesores en una escuela de La Habana.

“Para el nuevo orden de autocracia colegiada y refuerzo de la institucionalidad, la figura de Fidel seguirá operando como Mao para la élite post Deng Xiaoping: un símbolo con usos ideológicos y legitimadores cada vez más distante del nuevo escenario y sus beneficiarios de la clase burocrática gerencial”, pronostica el politólogo cubano Armando Chaguaceda.

El líder de la Revolución no sólo se mantiene presente dentro de la isla, también lo hace para fuera, aunque haya dejado de viajar. Ahora ejerce como gurú de la izquierda continental, que acude a verle a La Habana como si se tratase de la Meca de las ideas. “Él ha sido un maestro para la toma de conciencia del continente, para despertar al gigante dormido en las pausas del tiempo”, escribe Miguel Barnet, uno de los escritores más conocidos de la Revolución.

El Fidel poliédrico glosado por decenas y decenas de intelectuales, escritores, políticos y amigos, es convertido hoy en símbolo y en soporte de la Revolución. Desde el héroe antiimperialista hasta el dictador mimado por la Historia; reformador social y verdugo de libertades; el arquitecto de la soberanía nacional que puso a su país al borde de la guerra atómica; el amigo de Gabriel García Márquez que fue repudiado por Mario Vargas Llosa y por Albert Camus.

Fuertemente criticado en Occidente y odiado en el exilio, adulado por la izquierda radical y admirado por buena parte de la América nacionalista, a Fidel Castro siempre se le temió en la isla. Durante años casi nadie se atrevía a citar su nombre, preferían estirar una barba imaginaria desde su barbilla o usar su apodo más famoso: el Caballo.

Un mote nacido en la Sierra Maestra que cuenta con distintas versiones sobre su verdadero origen: desde quienes lo atribuyen a la charada china (el caballo es el número 1) hasta quienes creen que fue por el éxito de la película de Atila, rey de los hunos, y su caballo, que por donde pisaba no volvía a salir la hierba.

El Fidel de la última década ya no galopa y sus relinchos no asustan, incluso ha cambiado su indumentaria verde olivo por un chándal de Adidas. Ya no da miedo, pero tras de sí deja una leyenda a la que le falta el epílogo como uno de los personajes clave de los siglos XX y XXI.

El hombre que no quería morir, que sobrevivió a cientos de atentados, conspiraciones y planes para acabar con su Revolución y con su vida, persiste hoy como mito para parte de América cuando ni siquiera ha sido absuelto por la Historia, como reclamó en su famosa declaración durante el juicio del asalto al Cuartel de Moncada.

Por supuesto no piensa así el poder cubano, que ha reunido a sus historiadores más conocidos, con Eusebio Leal, el hombre que ha transformado La Habana Vieja, y el ministro Abel Prieto a la cabeza para sentenciar la absolución sin juicio, apoyándose en la gesta y los supuestos logros del “guerrillero en el tiempo”.

Un autócrata que suma 57 años en el poder, frente a los 48 del tirano norcoreano Kim Il Sung, según los cálculos de Roberto Álvarez Quiñones, periodista que permaneció décadas muy cerca del poder y hoy vive en el exilio. “El nonagenario caudillo es hoy un dictador adjunto. Su hermano Raúl, el nuevo faraón cubano impuesto por él, no toma una decisión importante sin consultarla con su guía y héroe”, describe Quiñones.

La lista de regalos hará las delicias de los cronistas sociales, empezando por el habano más largo del mundo y siguiendo por la réplica de un tanque enviada por la Gran Unidad de Tanques de la Gloria Combativa Rescate de Sanguily Orden Antonio Maceo. Tampoco faltan los videoclips de artistas entregados a la causa, con letras tan pintorescas que rozan el delirio: “Ese Fidel insurrecto, respetado por las piñas, novio de todas las niñas que tienen el sueño recto”. Los Comités de Defensa de la Revolución se han unido a los fastos y desde sus privilegiados accesos a internet, en un país donde muy pocos pueden navegar, llevan toda la semana lanzado proclamas digitales.

Épica y exageración, alabanzas y absurdos se mezclan para todos los gustos. “El hombre que cumplirá 90 años siendo joven”, destacaba un articulista de la prensa oficial. Hasta el famoso Elián González, el niño balsero que volvió de Miami, ofreció al comandante su graduación como ingeniero industrial en la Universidad de Matanzas.

“Para un orden político que ha girado durante medio siglo alrededor de su figura, es normal este ritual, incluso hay que decir que ese sector de la población, mayormente anciano y leal al proceso, le moverá resortes afectivos. Sólo que para la mayoría de la población, que trata de sobrevivir y no forma parte de las minorías de partidarios y opositores activos, tendrá menos repercusión que los Juegos Olímpicos”, añade Chaguaceda.

“Nos forjaron un Dios, Fidel; un culto, el castrismo, y una biblia, los discursos e intervenciones de ese simulado profeta. El Dios se apagó, el culto quedó sin partidarios y la biblia en falsa hojarasca se convirtió”, escribe su propia sentencia el bloguero crítico Pedro Acosta.

¿Y qué piensa el homenajeado? “Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me habría ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo, fue capricho del azar. Pronto seré ya como todos los demás… Tal vez sea de las últimas veces que hable en esta sala”, insistió el líder de la Revolución durante el Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), celebrado el pasado abril y cuyo mensaje todo el mundo, partidarios y detractores, entendió como una despedida.

El momento llegó hoy por fin, aunque pareciera que desde principios de enero su cumpleaños es todos los días.

Artículo tomado de www.elmundo.es

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