SAN FRANCISCO Y “LA INDULGENCIA PLENARIA DE LA PORCIÚNCULA” “El Perdón de Asís” ha hecho nacional popular la pequeña iglesia de la “Porciúncula” tan querida por el santo “pobrecito”

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INDULGENZA

Cada año desde las Vísperas del 1 de Agosto hasta las Vísperas del 2 de Agosto, se puede recibir la Indulgencia Plenaria, fecha elegida por el Señor mismo, porque en aquel mismo día el Apóstolo Pedro fue liberado de la cárcel. El evento reúne puntualmente una multitud de peregrinos.
Ella es una manifestación infinita de Dios que concede a S. Francisco, por su celo y su pasión evangélica.

Este año la recurrencia marca el octavo centenario del Perdón de Asís y caerá durante el tiempo jubilar, pues una oportunidad que no se puede perder para quien aún está en la condicción del “hijo pródigo” es decir, lejos del Padre. Esta cara misericordiosa de Dios, que el Pontífice está explicando cada día a nosotros todos, S. Francesco la había comprendida bien.

El carisma del santo de Asís es significativo, un hombre tocado por el Altísimo, así es porque lo llaman el “alter Christus”, es lo que más de todos ha querido acercarse a Jesús. Autor del gesto de paz más alto hacia los hermanos musulmanes. Inolvidable fue de hecho el encuentro entre el “pobrecito” y el Sultán de Egipto, Malik al Kamil, un ejemplo desde el cual hoy hai que repartir para crear un puente de amistad, entre Oriente y Occidente. Amando el Evangelio con el corazón, S. Francisco fue capaz de pedir al Señor una gracia extraordinaria para los hombres de cada tiempo y nación. Su deseo puede parecer lo de un niño o de un ángel, es decir enviar todos al Paraíso! Una petición simplemente extraordinaria.

Pero por otro lado, qué se puede esperar de un hombre hecho dócil al Espíritu Santo?
Por las Fuentes Franciscanas, se cuenta que él una noche, mientras rezaba en la Porciúncula, de repente toda la capilla se iluminó y aparecieron la Virgen y Jesús rodeados por los Ángeles. Se puede imaginar el estupor y el gozo sentidos en aquel momento por aquel pequeño gran hombre de oración, más aún cuando Cristo mismo se dirigió a él preguntando qué deseo tuviera para salvar las almas. S. Francisco no exitó en contestar: “Te ruego que todos los que, arrepentidos y confesados, vendrán a visitar esta iglesia, obtengan amplio y generoso perdón, con una completa remisión de todas las culpas”.
La respuesta de Jesús fue conmovedora: “Lo que tú pides, o fray Francisco, es grande, pero de mayores cosas estás digno y mayores  tendrás. Recibo por tanto tu oración, pero a condición de que tú preguntes a mi vicario en tierra, por mi parte, esta indulgencia”. Papa Onorio III en 1216 fue lo que aprobó la petición singular de Francisco.

La indulgencia es el perdón completo de los pecados y de la pena, un amnistía que nos hace Dios para el camino que nos queda por hacer para lograrlo. Es una intervención especial, que purifica y hace nueva la vestimenta blanca que recibimos en el Bautismo, por eso quien recibe el Gran Perdón es un hombre nuevo. Cada fiel puede recibir la indulgencia para si mismo o para sus seres queridos mediante sufragio. Son muchas las iniciativas de los caminos espirituales dirigidos con alegría por los franciscanos para jóvenes y adultos, para lograr la vía de la “Perfetta Laetitia”!

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