RÉCORD DE PARO EN BRASIL A LAS PUERTAS DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS

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Aunque creció a un ritmo menor que en meses anteriores, el desempleo en Brasil sigue en alza y poco o nada le afecta la inminente celebración de los Juegos Olímpicos, que muchos creían que se iban a convertir en un imán para inversores extranjeros atraídos por la marca Brasil.

El 11,2% alcanzado en el segundo trimestre del año, o sea 11,4 millones de personas, es la peor cifra registrada por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística desde que en 2012 se empezó a utilizar un método que contabiliza también a las personas que están buscando activamente empleo, con lo cual es posible que el número de parados sea aún mayor.

Brasil podría ser el país que registre los peores números en creación de empleo en comparación con los otros 43 países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), según informa la BBC. A pesar del coste de 10.000 millones de euros en los Juegos, su efecto en la economía y el desempleo “es una cuestión básicamente local y limitada al turismo y a la actividad deportiva”, e incluso “su saldo final puede ser negativo para la economía brasileña”, asegura a EL MUNDO el economista de la escuela de negocios Insper, Otto Nogami.

“Por un lado, los costes han sido excesivos y no generarán una actividad económica después de los Juegos y, por otro, se crea una gran cantidad de empleo a corto plazo que una vez finalice la competición podría transformarse en más paro”, abunda Ogami, que recuerda la experiencia del Mundial y el miedo a los ‘elefantes blancos’, como se conocen los recintos deportivos que quedan sin uso una vez terminan los megaeventos deportivos. “Los recintos construidos para los Juegos Panamericanos están totalmente abandonados y al final todo esto acaba comprometiendo aún más las cuentas públicas”.

La economía brasileña sigue en contracción, aunque ha disminuido su ritmo. En el primer trimestre del año, la recesión fue de un 0,3%, después de haber cerrado en el acumulado de 2015 con un retroceso del 3,8%, la peor cifra de los últimos 25 años y que muchos economistas esperan que se repita, tal vez un poco por debajo, en el presente año.

El megaescándalo de corrupción descubierto en 2014 en torno a la empresa pública Petrobras fue uno de los detonantes de esta crisis. El estado de Río de Janeiro fue uno de los que recibió una mayor bofetada por su excesiva dependencia de la economía alrededor del petróleo y, de hecho, se declaró recientemente en estado de calamidad pública porque sus arcas están vacías y no puede pagar a sus funcionarios. El Gobierno central tuvo que aprobar una transferencia de emergencia de unos 780 millones de euros para garantizar la seguridad durante el evento.

Pero la implicación en el pago de ‘coimas’ [sobornos] a políticos y empresarios de las principales constructoras del país (OAS y Odebrecht, entre otras) acabó salpicando en general a la confianza de la empresa brasileña de cara al inversor extranjero. Al mismo tiempo, este escándalo fue el origen de la crisis política que desembocó en el proceso de ‘impeachment’ contra Dilma Rousseff que está en marcha en el Senado, con el presidente interino Michel Temer comandando el país a la espera del juicio final a la mandataria, que se celebrará este mes y que podría suponer su destitución definitiva o, por el contrario, su vuelta.

Esa inestabilidad política, a la postre, ha acabado actuando como un ahuyentador para los mercados. Existen signos de mejora de la economía “porque el equipo económico del Gobierno actual está dando señales de arreglar la situación y hay una mejoría de conciencia del empresariado en relación al Ejecutivo provisional”, explica Ogami. El equipo económico de Dilma, que empezó también siendo ortodoxo cuando arrancó su segundo mandato en 2015, encontró muchas trabas para llevar a cabo políticas similares a las actuales debido a la ruptura del Ejecutivo con el Congreso.

“Las indefiniciones políticas causan ahora mismo más preocupación, porque no se sabe cuánto va a durar el Gobierno actual”, concluye Ogami. La ‘marca Brasil’ está ahora mismo más relacionada al ‘impeachment’ y a la corrupción que a los Juegos, cuyas obras además fueron sobrefacturadas y realizadas por empresas implicadas en el ‘caso Petrobras’. Dos motivos más para no ser demasiado optimistas con respecto al legado económico de los Juegos Olímpicos que arrancan el próximo 5 de agosto.

Artículo tomado de www.elmundo.es

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